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dimecres, 3 de novembre del 2010

Los intelectuales, especie extinguida

Michel Winock recorre la historia de las ideas del siglo XXy certifica el fin de la figura del gran pensador

XAVI AYÉN - Barcelona  - LA VANGUARDIA 02/11/2010

"Ahora ya sólo nos quedaba un mito, ¡el de la jubilación!, por eso hay tanta revuelta"
Hubo un tiempo, en el lejano siglo  XX, en que existieron unos señores llamados intelectuales. Eran escritores que, además de ser admirados por su obra, se erigían en modelo y guía para sectores muy amplios de la sociedad. Se comprometían en temas políticos y sociales y su opinión tenía una enorme repercusión. Eran el centro de todas las polémicas interesantes de su época y polarizaban a la opinión pública. Michel Winock habla de ellos con la pasión de un entomólogo que hubiera dedicado su vida al estudio de un coleóptero extinto. Este historiador francés, nacido en 1937, ha presentado estos días en Barcelona El siglo de los intelectuales inesperado éxito en las librerías-donde recorre el siglo XX a través de la multibiografía de los pensadores franceses más importantes. El autor ha escogido tres intelectuales que simbolizan tres periodos.

"El más emblemático, al principio, fue Émile Zola (1840-1902), pero al morir tan pronto no me servía para simbolizar los primeros años del siglo, por lo que me he centrado en su adversario Maurice Barrès, abanderado del nacionalismo y el antisemitismo". Lo importante del caso Dreyfuss (el capitán judío acusado injustamente de alta traición, y que fue defendido por Zola en su célebre artículo "Yo acuso") es que "alguien con reputación literaria utiliza esa fama para intervenir en el dominio público, ahí se establece un modelo universal, específicamente francés en su origen: Thomas Mann dijo que Zola escribió ´Yo acuso´ porque antes existió Voltaire. La Revolución Francesa la provocaron los filósofos, los enciclopedistas. La idea de que el intelectual puede ser el portavoz del pueblo y de la justicia bebe de una larga tradición. Barrès, en cambio, discutía que un escritor supiera más de política que el pueblo llano. ...

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http://www.iec.cat/recull/fitxers/10/11/02/000P3OED.pdf

dijous, 16 de setembre del 2010

El orígen de la expresión "tontos útiles"

Tontos útiles Josep María Ruiz Simón
LA VANGUARDIA, 7 de septiembre de 2010


El discurso sobre los tontos útiles ofrecía grandes posibilidades en la guerra fría

Este verano la BBC ha emitido un documental de John Sweeney sobre los tontos útiles. Weekly Standard, el boletín de la parroquia neoconservadora, ha levantado acta de estas emisiones publicando un par de artículos que subrayan la tesis que se mantiene en el segundo de sus capítulos: que no se trata de una especie en vías de extinción. Aunque la expresión no puede leerse en ninguno de sus documentos publicados, una leyenda tenaz atribuyó a Lenin la paternidad de este concepto con el que en la jerga de la guerra fría se describía a aquellos intelectuales occidentales de los que se quería dar a entender que, sin ser comunistas, ejercían, de palabra o de pensamiento, por obra o por omisión, como cómplices del régimen soviético. Con esta burda atribución, envolviendo el insulto como una cita, se presentaba a los así descritos como víctimas del fuego verbal supuestamente amigo.

La propaganda, que se sustenta sobre la hipótesis de la minoría de edad mental de la población biológicamente adulta, siempre tiene algo de pueril. Y mucho de juego estratégico. Durante la guerra fría, de acuerdo con una arraigada tradición, el equipo propagandístico del bando atlantista cedió a sus rivales el dominio del campo discursivo de la superioridad moral para poder así ganarles la espalda al contragolpe sin tener que demostrar la propia virtud. En este planteamiento táctico, el discurso sobre los tontos útiles ofrecía grandes posibilidades porque, además de poner en escena la contradicción entre la pretendida superioridad moral de los aludidos y la inmoralidad de quienes presuntamente los manipulaban, ejemplificaba que aquella hipotética superioridad era, en realidad, desde un punto de vista intelectual, simple ignorancia de los hechos y de la naturaleza de las cosas, inocente idealismo, pura bobería.

Resulta comprensible que, tras la caída del Muro y a pesar de la pérdida de poder simbólico de la momia de Lenin, los herederos del patrimonio propagandístico que salió victorioso de la guerra fría no quisieran desprenderse de un bien conceptual tan preciado. Quien más empeño puso en su reciclaje fue la analista política Mona Charen, antigua speech writer de Nancy Reagan en sus tiempos de primera dama. Dos años antes de popularizar los principales tópicos sobre las maldades del buenismo en su best-seller Do-Gooders, Charen había publicado, a la sombra del 11-S y con el choque de civilizaciones como telón de fondo, su primer libro de éxito, Useful idiots: How liberáis got it wrong in the cold war and stül blame America first (2003), en el que anunciaba a sus compatriotas que, aunque el enemigo era otro, contaba con los mismos tontos útiles de siempre. Siete años después, la BBC sigue pasando el mismo anuncio. Cada vez son más quienes venden una nueva guerra fría en el mercado de las ideas. Y sus vendedores suelen llamr tontos útiles a quines no quieren comprarlas.