dimecres, 28 de maig de 2008

Historia de Egipto


Autor: E. Jimeno

C. S. E Jimeno


IMPERIO ANTIGUO


Hacia el 2640 a. de C., bajo la III dinastía, comenzó la etapa de esplendor del Imperio Antiguo, cuya figura histórica más destacada es el faraón Zóser (h. 2620-2600). La pirámide de Sakkara, de 60 m de altura, constituye un impresionante testimonio del poder de que gozaba el monarca. Con ese edificio se inicia la arquitectura pétrea egipcia, que alcanzaría su cumbre con las pirámides de Gizah, construidas bajo los faraones Keops, Kefrén y Micerino de la IV dinastía. Estos monumentos testimonian a la vez el enorme poderío del estado, el esplendor económico que vivía el país y las ideas político-religiosas imperantes. Se impuso el culto a fía (Solí, cuyo centro de veneración era la ciudad de Heliópolis y sus sacerdotes alcanzaron gran preeminencia. En ese momento, el imperio mantenía un abundante intercambio comercial con Nubia y con Biblos (en el actual Líbano), explotaba yacimientos minerales en los desiertos vecinos y su prosperidad parecía inagotable. En el período final de la IV dinastía (que comenzó h. 2325) se terminó por identificar al faraón en el momento de la muerte con Osiris, el dios de la fertilidad y de los infiernos. Pero esta equiparación no evitó que la monarquía perdiera progresivamente el poder político. Mientras las clases! menos favorecidas se mostraban cada vez más propensas a la rebelión contra el estado, la corte faraónica descubrió que carecía de fuerza para imponer su autoridad; los funcionarios encargados de la administración civil y militar de los nomos, por el contrario acrecentaron su poder hasta convertirse en príncipes locales prácticamente independientes. Egipto se fue convirtiendo poco a poco en una estado feudal. Este proceso también se reflejó en las ideas sobre la inmortalidad. Según las ideas primitivas, el faraón era el único que tenía acceso a la inmortalidad, sin embargo, ahora tendrá que compartir tal privilegio con sus cortesanos que, a cambio, se encargarán de rendirle en el más allá los servicios que le habían prestado en vida.

PRIMER PERIODO INTERMEDIO

Durante la VI dinastía, (2325-2155 a. C.), se produjeron incursiones en las fronteras del imperio y desórdenes diversos, ante los que el faraón no supo reaccionar y el poder de los nomarcas se incrementó aún más, hasta el extremo de que los del sur terminaron por crear dinastías locales. Paralelamente, se produjo una auténtica revolución social y religiosa: el pueblo llevó a cabo acciones violentas contra los ricos y proclamó su derecho a la inmortalidad, que hasta entonces le había estado vedado. El imperio se fraccionó: la zona del Delta quedó bajo el control de pueblos invasores; el Egipto Medio bajo la autoridad de los monarcas de Herakleópolis; y las provincias del Alto Egipto quedaron bajo el mando de Tebas.


IMPERIO MEDIO

El rey del Alto Egipto Mentuhotep I (2061. 20101 -XI dinastía-, ocupó hacia el 2040 los territorios del reino rebelde de Heracleópolis, e inició así una nueva etapa de unificación del Alto y Bajo Egipto. Con tal reunificación se inicia el Imperio Medio, etapa en la que las clases medias consiguieron mayor protagonismo.

Con Amenemhet I, fundador de la XII dinastía (1991 a. de C), se inició un nuevo periodo de esplendor. Su sucesor, Sesostris III, gobernó entre 1878 y 1841 a. C., e incorporó al imperio la provincia de Nubia, la península de Sinaí y la región meridional de Palestina. Egipto pasó se a ser una potencia con enorme influencia en todo el Próximo Oriente. Sin embargo, las dificultades para proteger la frontera noroccidental persistieron. El faraón Sesostris también logró reducir considerablemente el poder de los nomarcas.

SEGUNDO PERIODO INTERMEDIO.

A la desaparición de la XII dinastía (h 1785 a. de C.) siguió un largo y complejo período de inestabilidad y de fraccionamiento del territorio en señoríos feudales que debilitó las defensas del país. Tribus semíticas consiguieron infiltrarse entonces a través del Delta Oriental. Todo Egipto cayó hacia 1650 bajo el poder de los hicsos. Los invasores fijaron su capital en Avaris y se constituyeron en la nueva clase dirigente (dinastías XV-XVI), esforzándose por adoptar la civilización indígena. Sin embargo, desde el primer momento los egipcios lucharon por su liberación a partir de las regiones del Alto Egipto que no habían sido dominadas. El faraón tebano Amosis, fundador de la dinastía XVIII, consiguió expulsar a los hicsos en el 1551 a. C.

IMPERIO NUEVO

Con la dinastía XVIII, se inicia el periodo denominado Imperio Nuevo, en el que la política exterior egipcia cambió radicalmente de orientación. El objetivo ya no fue la defensa de las fronteras del Delta contra probables invasores, sino el sometimiento de los potenciales enemigos. Este imperialismo, dio paso a una etapa de constantes guerras, intensos contactos internacionales y de considerables intercambios culturales. Con Tutmosis I (1505.14941, Egipto se convirtió en la potencia dominante del Mediterráneo. Durante esta etapa se construyó la monumental necrópolis del Valle de los Reyes, frente a Tebas. Hacia el 1500 a. C., el poder fue usurpado por la reina Hatseput, que detuvo la política expansionista, llevando a cabo obras públicas, como el templo de Der-el-Baharí y expediciones comerciales. A su muerte, Tutmosis III reemprendió de nuevo el expansionismo imperialista consiguiendo que potencias como las de los hititas, babilonios y asirlos reconocieran la supremacía de Egipto.

Hacia 1380, ocupó el trono Amenofis IV, artífice de un serio intento de revolución religiosa. Con el tiempo, los sacerdotes del dios Amón de Tebas -el dios dinástico- habían acumulado grandes riquezas y poder. Para combatir tal situación, Amenofis trasladó la capital a El Amarna e impuso el culto monoteísta a Atón o el Sol, excluyendo las demás divinidades locales o nacionales. En homenaje al nuevo y único dios, Amenofis IV adoptó el nuevo nombre de Akenatón (resplandor de Atón). Sin embargo, la casta sacerdotal de Amón logró recuperó su poder tras la muerte de este faraón y obligó a restablecer la capitalidad de Tebas y los antiguos cu/tos. El sucesor de Akenatón, su sobrino Tutankhanatón ("el que vive en Atón") volvió al culto del antiguo dios dinástico y tomó el nombre de Tutankhamon ("el que vive en Amón").


Los faraones de la XIX dinastía (1306-1186) convirtieron de nuevo el imperio en una gran potencia. Ramsés II (1290-1224) dirigió un programa de gigantescas construcciones (santuario de Abú Simbel, restauración y ampliación de los templos de Karnak y Luxor) y, en la batalla de Kadesh, logró imponerse con los que finalmente llegó a acuerdo de paz. Una vez más, Egipto vivió un periodo de esplendor económico y cultural. Pero el creciente poder de los mercenarios bárbaros y de la casta sacerdotal, junto con la corrupción administrativa y los desórdenes políticos terminaron con la prosperidad del país, al tiempo que el acoso en las fronteras aumentó.

BAJA ÉPOCA

A partir de la dinastía XXI (1070-945), Egipto no volvió a recuperar su antiguo papel hegemónico, siendo conquistado más tarde por las potencias vecinas.