dilluns, 8 de febrer del 2010

EL PASADO EN EL PRESENTE:Cataluña aún paga a sus señores feudales


REPORTAJE: UN DERECHO MEDIEVAL
Cataluña aún paga a sus señores feudales


Eduardo Delás y de Ugarte, barón de Vilagaià, en su oficina.

Eduardo Delás y de Ugarte, barón de Vilagaià.

 
El castillo de Sentmenat, Barcelona.

El castillo de Sentmenat, Barcelona.

Para muchos compradores resulta una sorpresa: adquieren una propiedad y se encuentran con que deben abonar un 'peaje' a un noble. Es el derecho real de censo, figura de origen medieval que resiste el paso del tiempo

IVANNA VALLESPÍN EL PAÍS 07/02/2010

Gemma Fruitós vendió hace unos años su piso en Sentmenat (Barcelona). Fue entonces cuando se encontró con la sorpresa de que sobre la vivienda pesaba la carga de un censo enfitéutico, palabro que no dejó de intrigarle. Significaba que Gemma tuvo que pagar a la familia del marqués de Sentmenat el 4% del valor de venta de la vivienda, es decir, 6.000 euros. A esta cifra hubo de añadir 400 euros más en concepto de tasa en el Registro de la Propiedad para poder borrar definitivamente la carga de este censo sobre la finca. "Es totalmente injusto", se queja. Aunque la experiencia de Gemma parezca excepcional y digna de cuando Robin Hood se echó al monte para cazar los ciervos del coto real de Sherwood, se pueden encontrar casos como el suyo en los territorios catalanes que antiguamente fueron marquesados o propiedad de algún terrateniente.
El censo enfitéutico o marquesado todavía está reconocido por la ley catalana y permanece muy vigente
La mayoría de fincas gravadas pertenecían a los antiguos dominios de familias nobles de Cataluña
Los censos redimidos en 2007 superaron los 27 millones de euros en el ámbito de la provincia de Barcelona

Y es que el derecho real de censo, también conocido como censo enfitéutico o marquesado, todavía está reconocido por la ley catalana y permanece muy vigente. Así lo indican las estadísticas. Según el colegio de registradores de Cataluña, que se remite al Anuario 2007 de la Dirección General de Registros y del Notariado (el último publicado por el Ministerio de Justicia), se abonaron más de 27 millones de euros por los censos redimidos ese año en la provincia de Barcelona. A esta cifra hay que añadir dos millones en concepto de renta o pensión que algunos propietarios pagan todavía religiosamente cada año a marqueses, señores o titulares de estos censos. En Cataluña existen entre 1.500 y 2.000 censalistas, según las estimaciones que para EL PAÍS hace el barón de Vilagaià, Eduardo de Delás, quien subraya que sólo una parte de ellos son nobles. El barón es titular de 120 censos en Vilagaià (Barcelona) y de una cincuentena más en Barcelona. De los censos que pesan sobre terrenos agrícolas cobra aproximadamente unos 400 euros anuales. Pero donde se saca una gran tajada es de las fincas urbanas. La guinda para un censalista son las viviendas de la parte alta de Barcelona, que pueden llegar a costar unos seis millones de euros. De esta venta, se puede llegar a embolsar 600.000 euros, aunque fincas como éstas "no abundan", se lamenta el barón.
El censo enfitéutico es una figura que proviene del derecho romano y que, notablemente modificado, se prolongó durante la época medieval. Entonces era habitual que un señor feudal cediera terrenos a los payeses para que cultivaran y cuidaran las tierras, e incluso se pudieran construir una vivienda. Eso sí, el payés debía pagar una pensión anual (que podía ser dinero, una cabra o una parte de cosecha, etcétera). Si más adelante, el payés decidía venderlos, entonces tenía que pagarle al señor feudal el llamado laudemio. "Como en la época no existían los Registros de la Propiedad, era una forma de que el propietario reconociera que aquellas tierras provenían del señor", comenta la abogada María Dolors Savall, representante de varios titulares de estos derechos reales.

Los siglos pasaron y en 1837 se derogaron las leyes de señorío y los censos feudales, pero se abrió una excepción para los pertenecientes a los señores jurisdiccionales. Es el caso del marqués de Sentmenat, que además de poseer las tierras, ejercía de juez en sus territorios. En este caso, la ley obligaba a estos señores jurisdiccionales a realizar un proceso judicial para actualizar y convalidar sus censos.

En 1909 se aprobó la Ley Hipotecaria, que establecía que los señores y marqueses tenían dos años para traspasar al registro los censos inscritos en las antiguas Contadurías de Hipotecas (un antecedente del Registro de la Propiedad). En ese momento, marqueses como el de Sentmenat (que entonces era también senador) registraron los censos. Se permitieron porque no fueron considerados derechos feudales, sino un contrato entre privados, en que el señor cede una finca a otra persona pero a cambio le impone el derecho de censo sobre esta propiedad. De algún modo es como si el marqués ejerciera de entidad financiera de la época.

La normativa más reciente que regula los censos enfitéuticos es el Libro 5º del Código Civil de Cataluña de 2006. Los censos no son perpetuos, es decir, que se pueden "redimir" o eliminar. Para ello, hay que pagar. Eso sí, sólo se paga una vez y el censo queda extinguido.

Lo habitual es pagar el censo aprovechando una compraventa o una herencia. Entonces, el propietario o censatario debe abonar al marqués o al censalista un porcentaje sobre el precio de la venta, que varía entre el 2% (en la mayoría de municipios) y el 10% (aplicado en la ciudad de Barcelona). El censatario también puede redimir el censo en otro cualquier momento, opción más económica, ya que este porcentaje se aplica entonces sobre el valor catastral. Desde 1990, una modificación legislativa permite que el censalista pueda reclamar el pago del censo en cualquier momento.

El proceso de extinción del censo se realiza mediante un acuerdo entre las partes y ante notario, que elimina la carga censal de las escrituras de la finca. Pero aquí no se acaba el proceso, ya que también hay que borrar el censo en el Registro de la Propiedad, cosa que implica el pago de una tasa de entre 100 y 400 euros, dependiendo del valor de la finca, que el censatario debe pagar. El laberinto de impuestos es aún más enrevesado, ya que en última instancia hay que rendir cuentas con Hacienda. Y es que la Agencia Tributaria entiende que una propiedad gravada con un censo tiene un valor inferior y que "cuando se redime el censo se está subiendo el valor de la finca", según fuentes del Departamento de Economía de la Generalitat. Entonces, el censatario debe pagar a Hacienda un 7% de esta plusvalía generada con la extinción del censo.

Esto es precisamente lo que le sucedió a la familia Tantiñà de Castellar del Vallès. El señor de Fontcuberta les reclamó hace tres años 3.000 euros en concepto de censo. "Pasaron a cobrar", afirman resignados, ya que conocían de la existencia del gravamen. Lo que no entienden es que ahora se les reclamen 500 euros más, alegando el aumento de valor de la finca. "Es muy injusto", exclaman indignados.

También le pasaron a cobrar a la familia de Ferran Lozano por una casa en el centro de Terrassa. Recibió una citación judicial para asistir a un acto de conciliación con el representante del señor de Fontcuberta. Le reclamaban el 2% del valor catastral, en total, 3.000 euros. Ferran se queja del desamparo y de la desinformación en estos casos. Como él, decenas de afectados de la comarca asistieron en diciembre pasado a una jornada informativa sobre censos reales que se celebró en Castellar del Vallès. El acto lo promovió la plataforma Sentmenat sin Censos, una agrupación ciudadana creada hace cuatro años para acabar con los censos que pagan al marqués. La plataforma considera este gravamen "injusto" y "anacrónico". La consellera de Justicia, Montserrat Tura, se desmarca defendiendo que el censo "es un acuerdo entre privados y aquí no participa la Administración pública".

Pese a la antigüedad de la existencia del censo, nadie es capaz de establecer el porcentaje de población afectada por el gravamen. Existen muchas fincas gravadas, incluso en Barcelona ciudad. En todo caso, la mayoría de fincas pertenecían a los antiguos dominios de familias nobles catalanas como los Sagnier (marqueses de Sentmenat), los Villalonga (marqueses de Castellbell) o los Fontcuberta.

Una visión opuesta a la de la plataforma es la que tienen los censalistas. El barón de Vilagaià sostiene que "las personas que tienen una casa con un censo significa que no han pagado nunca por el terreno" y defiende que la existencia de este tipo de censo "ha permitido el acceso a la vivienda a miles de personas". Según el barón, el importe que se paga por redimir la carga censal es muy bajo. Además, considera que por los terrenos se han estado pagando "unos alquileres ridículos" como pensión anual. A veces, ésta consistía en algo tan simbólico como un vaso de agua o una peseta.

dijous, 4 de febrer del 2010

El mundo urbano bajomedieval (s.XII-s.XV),nivel básico.

En el siglo XII se aprecian cambios en el orden económico, social, político y cultural en el occidente europeo. Frente al feudalismo rural, autárquico y cerrado, aparecen dos nuevos poderes a tener en cuenta: el rey y las ciudades. Estos cambios transcurren fundamentalmente entre los siglos XII y XV, y su marco geográfico es el de Europa occidental, cuyo mundo se amplía hacia el este, llegando hasta el Elba, gracias a las nuevas roturaciones y colonizaciones de territorios despoblados, y hacia el sur, en la península ibérica, donde los reinos hispano-cristianos del norte avanzan hacia el sur, llevando a cabo una paulatina repoblación de esas tierras islamizadas y sometidas a la autoridad del califa de Córdoba. o posteriormente a la de los reyes de las taifas.

Una de las iniciativas relacionadas con la expansión y crecimiento interno de Europa son las Cruzadas (S. XI y XII), que ponen de nuevo en contacto a Europa occidental con Oriente y potencian los intercambios comerciales. El crecimiento paralelo de la población europea lleva a incrementar la producción de alimentos. Se roturan nuevas zonas hasta ahora baldías, pero también se aumenta el rendimiento de las tierras cultivadas, debido a la introducción en el campo de adelantos técnicos (arado normando, uso de animales de tiro), y difusión de molinos de agua y viento. Se abandona la roturación bienal por la trienal.

Surgen de nuevo las ciudades como centros de la vida económica y política, y crecen en población y riqueza. El trabajo artesanal se centra en los gremios, que reúnen a los que trabajan una misma profesión. Estas asociaciones garantizan la calidad de la obra y fijan el precio del producto; tienen categorías laborales: maestros, oficiales y aprendices. Crece notablemente la actividad comercial debido al crecimiento agrario y artesanal. Aparece la figura del mercader que se dedica al intercambio de productos en las ferias y mercados de las ciudades. Se reactiva también el comercio internacional de larga distancia: con las Cruzadas, se consigue la reapertura del Mediterráneo como vía hacia Oriente (comercio de especias, perfumes, seda y algodón); en el norte, *( entra en contacto con los territorios del mar Báltico, donde el comercio internacional (comercio de madera, hierro, pescado) lo dominará la Hansa. La moneda, que casi había desaparecido en los siglos anteriores, surge de nuevo, y se desarrollan las técnicas financieras, apareciendo la letra de cambio.

La sociedad europea de estos siglos sigue manteniendo una estructura feudal, en la cual la nobleza y el clero son los estamentos privilegiados. La nobleza conserva por completo su poder político, pero pierde parte de su poder económico en favor de un nuevo grupo en ascenso, la burguesía. El clero mantiene su po­der económico y social y es, como antes, el máximo representante de la actividad cultural. El campesinado, la mayor parte de la población europea, perma­nece sujeto a la tierra y está obligado a las mismas cargas feuda­les. Participa en el aumento de riqueza generado por el desarrollo agrario y accede a los mercados comarcales, donde intercambia sus productos.

Dentro del tercer estamento, aparece un nuevo grupo social en las ciudades, los burgueses, que son hombres libres, sin ningún lazo de dependencia con los señores feudales. Los bur­gueses (hombres de los burgos o ciudades) tienen en común la defensa de sus libertades frente a los estamentos privilegiados, pero en su interior hay diferencias motivadas por la riqueza de sus integrantes, y pronto surgirá un patriciado urbano, formado por banqueros y ricos comerciantes; una burguesía media de artesanos, mercaderes comarcales y hombres de letras; y el pueblo, compuesto por los trabajadores de industrias y talleres artesanales, y los dedicados a los servicios.

El desarrollo de la economía y la evolución de la sociedad hace que varíe el poder de las instituciones. El rey, que antes era sólo un señor de señores, primero entre iguales (monarquia feudal), va imponiendo de manera efectiva su poder político. Controla la emisión de monedas y los tribunales de los señores feudales, e intenta congraciarse con ellos atrayéndolos a la corte. En esta época se consolidan instituciones que representan al tercer estamento, como los Parla­mentos y las Cortes. Se reorganizan y crean nuevos órganos de gobierno, Cancillerías y Consejos, para lo que se crea un funcionariado o burocracia. Es el comienzo de la monarquía autoritaria.

Cultura: Las lenguas romances sustituyen al latín, que se consolidará en la Iglesia, y se desarrollará en lengua romance en casi todos los países (poesía, épica y lírica), que será cantada por trovadores y juglares. La enseñanza se traslada a las ciudades, donde se crean las escuelas catedralicias y episcopales, en las que se enseña el Trivium y el Quadrivium. Surgen las universidades, que serán las transmisoras del saber.

Fuente: PRIETO, M.A.: Prontuario temático, 1982

dimecres, 13 de gener del 2010

Los neandertales se engalanaban y tenían sentido estético

LA VANGUARDIA,13-1-2010

CIENCIA

Los neandertales podrían haber tenido sentido estético, sugieren arqueólogos de la Universidad de Bristol. Incluso se especula con que se maquillaban, de forma parecida a como se hace hoy. El equipo de arqueologia paleolítica de Joào Zilhao, de la universidad britànica, ha encontrado una concha llena de pigmento rojo en la excavación de Cueva Antón, en Murcià. El hallazgo vendria a confirmar otro similar en un yacimiento cercano, Cueva de los Aviones, donde otro grupo de arqueólogos encontró conchas perforadas, supuestamente usadas como ornamento, y restos de pig­mento en 1985. Según ha declarado Zilhao al diario The Guardian, el tipo de composición del pigmento y las cantidades encontradas sugie­ren que se usaba para aplicarlo en el cuerpo. "Su preparación no tiene sentido si no se usaba como un cosmético corporal", dice el arqueólogo. El equipo de arqueólogos de Bristol mantiene que los neandertales también poseían pensamiento simbólico, como los Homo sapiens, aunque quizàs no tan desarrollados como estos.