dimarts, 22 de desembre del 2009

La represión estalinista

Una sociedad atenazada por el miedo
Stanley G. Payne
HISTORIADOR
nº 155 · noviembre 2009
 
Orlando Figes
LOS QUE SUSURRAN. LA REPRESIÓN EN LA RUSIA DE STALIN
Trad. de Mirta Rosenberg
Edhasa, Barcelona
958 pp. 39,50 €
 
Fuente:  http://www.revistadelibros.com/articulo_del_mes.php?art=4475
 
Iosif Stalin murió hace más de medio siglo y, menos de cuatro décadas después, su imperio se extinguió. Después de ese tiempo, los archivos soviéticos se abrieron parcialmente y la literatura histórica sobre el primer y más completo de los Estados totalitarios ha crecido rápidamente. El propio Stalin ha sido una figura que ha fascinado a los historiadores y en los últimos años han aparecido más libros sobre él que sobre ningún otro personaje de la historia contemporánea. La nueva historiografía ha centrado su atención no simplemente en los dirigentes y la política soviética, sino también en la estructura y el funcionamiento del propio sistema. Han aparecido los primeros estudios plenamente informados de la represión soviética y de la GULAG, además de investigaciones de otras instituciones soviéticas. 

La literatura publicada en Occidente sobre el terrorismo de Estado soviético cuenta, sin embargo, con una dilatada historia. Desde 1920 aproximadamente han aparecido numerosos títulos sobre las políticas, las prácticas y las consecuencias del sistema leninista-estalinista. [...]

La transición y la bibliografía más reciente

Fuente: http://www.revistadelibros.com/articulo_del_mes.php?art=4511 

La Transición, la primera persona
Stanley G. Payne

HISTORIADOR
nº 156 · diciembre 2009

José Miguel Ortí Bordás
LA TRANSICIÓN DESDE DENTRO
Planeta, Barcelona 434 pp. 35 €

Artículo completo en Revista de Libros 
 
No hay probablemente ningún otro suceso político en Europa occidental durante las últimas décadas del siglo XX que haya suscitado tanta atención como la transición española a la democracia. La Transición no sólo democratizó la dictadura de mayor duración de un gran país europeo occidental, sino que lo hizo de una manera cívicamente ejemplar que dio como resultado un gran consenso, creando una suerte de «modelo español» que, mutatis mutandis, fue seguido de diferentes maneras por países tan lejanos como Rusia y Chile. En Madrid existe incluso en la actualidad una fundación de cierta importancia dedicada exclusivamente al estudio de este proceso histórico.

Dado el gran número de publicaciones ya existentes, ¿queda algo de importancia por decir? A juzgar por las originales perspectivas ofrecidas por las nuevas memorias de José Miguel Ortí Bordás, la respuesta parecería ser afirmativa. Hace treinta o cuarenta años, la literatura y la historia españolas tenían la fama muy merecida de estar pobremente provistas de memorias y autobiografías, pero esto ha cambiado considerablemente en la última generación, un período en el que cada vez más figuras públicas han publicado sus recuerdos, y en el que han salido a la luz obras inéditas de [...]

Reescribir la Transición
Rafael Núñez Florencio
DOCTOR EN FILOSOFÍA Y PROFESOR DE FILOSOFÍA
nº 156 · diciembre 2009
 
Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell
LOS ÁNGULOS CIEGOS. UNA PERSPECTIVA CRÍTICA DE LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA, 1976-1979
Biblioteca Nueva/Fundación Ortega y Gasset, Madrid 400 pp. 25 €
Gregorio Morán
 
ADOLFO SUÁREZ. AMBICIÓN Y DESTINO
Debate, Barcelona 640 pp. 22,90 €
Gutmaro Gómez Bravo (coord.)
 
CONFLICTO Y CONSENSO EN LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA
Fundación Pablo Iglesias 304 PP. 20 €
Joaquín Bardavío
 
CRÓNICA DE LA TRANSICIÓN
Ediciones B, Barcelona 562 pp. 21 €
 
En el lenguaje periodístico y la controversia política al uso, el término «reescribir» –sobre todo cuando se aplica a la historia– tiene unas connotaciones peyorativas que resultaría iluso y hasta contraproducente minimizar. La Real Academia Española mantiene una prudente distancia o ambigüedad en sus acepciones –«volver a escribir lo ya escrito introduciendo cambios» y «volver a escribir sobre algo dándole una nueva interpretación»–, pero a nadie se le oculta que los susodichos «cambios» o la «nueva interpretación» no son –no pueden ser– modificaciones neutrales de lo antes establecido sino, muy al contrario, valoraciones alternativas que responden a unas necesidades determinadas y que por fuerza, como innovaciones que son, tienen que chocar con otras estimaciones e intereses. Desde determinadas instancias de poder (intelectual o político) se intenta patrimonializar la interpretación canónica como si fuera intocable y se airean consignas como «no puede reescribirse la historia», ignorándose deliberadamente que no sólo se puede, sino que se debe reescribir la historia (literalmente hablando, claro) y, aún más, que cada generación no deja de representarse el pasado a la medida de sus necesidades y objetivos. Habría que añadir, incluso, que en una sociedad plural y avanzada la concepción dominante del pasado [...]

Memorias de España de Giacomo Casanova

Libros Por Ricardo García Carcel.
Memorias de España de Giacomo Casanova

ABCD, 13 de abril de 2006 - número: 741

Giacomo Casanova nació en Venecia en 1725, hijo de una actriz y un noble. Impostor, jugador, libertino, aventurero, ilustrado..., su personalidad tiene muchos perfiles aunque el dominante ha sido el de ser el amante más famoso de todos los tiempos, seductor infatigable, el don Juan a la veneciana. Moriría en 1798 a los setenta y tres años. Clérigo fugaz, jurista frustrado, masón, amigo de los ilustrados más famosos, fue
Memorias de España
Giacomo Casanova
Traducción y edición de Ángel Crespo
Prólogo de Marina Pino
Espasa. madrid, 2006
312 páginas, 22,90 euros
un tipo itinerante no sólo por su afición viajera sino por su condición de fugitivo de no pocas cárceles, entre otras las inquisitoriales (la primera, la veneciana de los Plomos). Se movió por toda Italia dejando el rastro de su leyenda, pero también viajó fuera de Italia: a Ginebra, París (varias veces), Fráncfort, Dresde, Praga, Viena, Zúrich, Ámsterdam, Londres y varias ciudades españolas.
Fingió ser de todo: médico, abogado, alquimista, espía... Fue muy rico y muy pobre. Embaucó y estafó a mucha gente, hombres y mujeres, aunque a éstas creyera compensarlas con sus dotes de alcoba. Un buen día, a finales de los ochenta, decidió llevar a cabo su mejor fuga: escribir sus memorias. Y así nació la Historia de mi vida, que culminaba algunos pequeños relatos autobiográficos anteriores. La obra, pese a que en su título llega a 1797, en lo que se refiere a la historia de su vida no cuenta más que el tiempo que media entre sus once y sus cuarenta y nueve años. La escribió en tres o cuatro años. Y por pudor o por cansancio, dejó los últimos años de su vida en el limbo.
Casanova no se idealizó en su autobiografía. No se propuso hacer su apología. Nada que ver con las Confesiones de Rousseau, cargadas de quejas y justificaciones. No se fustiga autocríticamente. Se ve a sí mismo como una víctima de los sentidos, se reprocha en algún momento la imprudencia, pero su sentido lúdico de la vida se impone a todo. Su juego con las mujeres fue el de seductor que se deja seducir. No hay misoginia como en el mito del don Juan. Ciento veintidós mujeres en su relato que, de la primera a la última, cubren treinta y nueve años. Tres mujeres al año. Poco para un libertino arquetípico del siglo XVIII. ¿Se autocensura o exagera sus virtudes amatorias?
El debate sobre la personalidad de Casanova es tan apasionante como lo es el propio personaje. Sobre él han escrito muchos escritores españoles, desde Pi i Sunyer a Félix de Azúa, pasando por Néstor Luján. En el libro que acaba de editarse sobre nuestro personaje, se incide en una parcela concreta de la autobiografía de Casanova: aquélla en la que cuenta su experiencia vital en España, desde que en 1767 cruza los Pirineos a lomos de una mula y llega a Pamplona. Su intención era ir a Portugal, pero se acaba quedando en nuestro país.

Pocos amores. Vive intensamente la vida en España con pocos amores (un par de cortesanas, una tal doña Ignacia y la bailarina Nina Bergonzi, amante del capitán general de Cataluña, el conde de Ricla, que le creará muchos problemas). Ingresó dos veces en prisión. Se aficionó a los toros y al baile. Se relacionó con Campomanes, Olavide y Grimaldi. Intentó hacer negocios que, como siempre, se frustraron. A destacar, sus informes sobre la colonización de Sierra Morena, de donde quería ser gobernador, y su proyecto de fábrica de rapé. La imagen de España es la de un país vivo, lleno de ilusión.
En Zaragoza se puso en contacto con los librepensadores del lugar, en Valencia frecuentó a las actrices de teatro, y en Barcelona se perdió por la bailarina Berganzi que, a la postre, fue expulsada a instancias del obispo Climent. Le pone a sus reflexiones toda su capacidad de ironía, que es mucha; una ironía pagana, nada sentimental, nada política, propia de un ilustrado lúcido en vías de desencanto cual era Casanova cuando vino a España. Se fue pronto, una vez satisfizo su principal móvil: la curiosidad.
Ángel Crespo ?que murió en 1996? tradujo del original de las memorias de Casanova la parte relativa a España ?nunca se han editado en español las memorias francesas desde la primera edición francesa de 1820? y evidenció sus conocimientos de la obra en su introducción. Marina Pino (autora de Un feroz apetito. Los banquetes del caballero Casanova, Barcelona, 2002) ha escrito un prólogo y un artículo final para esta edición de los que sólo lamento un mejor análisis de la España del primer Carlos III que vivió Casanova: la España recién salida del motín de Esquilache y en plena efervescencia por la expulsión de los jesuitas y, desde luego, la comparación de las memorias de Casanova con los abundantes libros de viajeros ilustrados por España.
El lector disfrutará con las aventuras y desventuras de aquel personaje que empezó el prefacio de su obra diciendo que quería creerse libre y que acabó confesando: «He vivido como un filósofo y muero como un cristiano».