dilluns, 4 de gener de 2010

La brujeria a traves de los tiempos (película de 1921)

Fuente y enlace: http://www.blip.tv/file/1339389/



Ficha tecnica
Titulo original: Häxan
Director: Benjamin Christensen
Guión: Benjamin Christensen
Música: Launy Grøndahl, Emil Reesen
Fotografia: Johan Ankerstjerne
Interpretes: Elisabeth Christensen, Astrid Holm, Karen Winther, Maren Pedersen, Ella La Cour, Emmy Schönfeld, Kate Fabian, Oscar Stribolt
Productora: Coproducción Dinamarca-Suecia; Aljosha Production Company. Svensk Filmindustri
Nacionalidad: Dinamarca
Año: 1922

Sinopsis

Mezclando el documental y la ficción dramática, la película descubre la relación de los hombres de la Edad Media (su actitud y la proliferación de brujos y brujas) con algunas situaciones actuales. Un repaso al mundo del ocultismo, la magia negra y la brujería, a través de varios siglos, para dibujar un panorama fascinante y estremecedor.

Critica

Häxan (La brujería a través de los tiempos, 1921) es una mezcla entre ficción y documental sobre la historia de la brujería o, mejor dicho, sobre las diversas explicaciones basadas en lo satánico de fenómenos sobre los que la ciencia no se había pronunciado todavía en épocas como la medieval o la renacentista. La película está dividida en siete partes, aunque tres de ellas pueden agruparse, al centrarse en la misma historia.

Antes del relato, la película se inicia con un generoso detalle. Aparece el rostro del director y enseguida su agradecimiento a la labor en la fotografía de Johan Ankerstjerne, del que ya hablamos a propósito de Atlantis, y de Richard Louw, en la dirección artística y en los decorados.

La primera parte, que tiene una voluntad didáctica, presenta alternadamente grabados antiguos y rótulos explicativos sobre las diversas concepciones del mundo que se dieron en la Antigüedad, así como las primeras representaciones de lo diabólico, en estrecha relación con lo que escapaba de esos intentos de explicación del Cosmos. Junto a grabados, aparecen también algunos elementos de decorados dibujados y animación elemental, con la ingenuidad de los trucajes de un Méliès. Lo que se explica es muy interesante y demuestra que el entretenimiento que sigue a esta parte está muy bien documentado.

A partir de la segunda parte, la exposición introductoria a dibujos (casi un "pase de diapositivas" comentado) deja paso a recreaciones de ambientes medievales con actores de carne y hueso, en los que cobra protagonismo el concepto de "estampa animada". La mínima historia que se nos cuenta, que conecta con el género medieval de los "ejemplos", es tan importante como su representación: hay una clara voluntad de recrear cuadros del Renacimiento, especialmente pintores como El Bosco o Brueghel, no tanto en la equivalencia plano-cuadro, sino en la asunción de sus atmósferas. En concreto, la segunda parte se centra en el siglo XV a través de varias historias.

La primera, la de las ayudas que presta la bruja Karna con sus pócimas para que una de sus sirvientas conquiste el corazón de un hombre, presenta algunas escenas que fueron imitadas por Murnau, tal como explicó el propio director alemán, en su Fausto. La segunda presenta a dos hombres a punto de diseccionar a una mujer muerta para averiguar el origen de las enfermedades; la cámara sabe apartarse en el momento justo en que estos aprendices de Dr. Frankenstein están a punto de iniciar la disección, lo que aún hace la escena más escabrosa. Luego, se suceden una serie de imágenes entre lo sensual y lo fantástico en el que se documenta la aparición de Satán (interpretado por el propio Christensen) a diversos personajes (un monje, una mujer acostada con su marido, una chica desnuda sonámbula) hasta centrarse en los divertimentos de Satán con una bruja vieja embriagada, a la que el diablo conduce a un castillo. Este pasaje, que da vida a los sueños de fortuna de la bruja y luego los hace desaparecer ante sus ojos, presenta notables efectos de animación, tanto en el uso de transparencias como en el trucaje que sirve para hacer volar y desaparecer las monedas, una escena que seguramente se rodó echando las monedas hacia delante y luego montando la secuencia de movimientos al revés, como en una moviola.

Entre la tercera y la quinta parte, la película se toma su tiempo para explicar un proceso por brujería en Alemania desde su inicio hasta su fatal desenlace. La familia de Jesper está preocupada por su enfermedad y cree que ésta guarda relación con un hechizo. Tal sospecha lleva ante la Inquisición a María, una vieja tejedora, quien, tras ser torturada, inicia el relato de hechos que confiesa haber visto con sus propios ojos, con el que inculpa a toda una serie de mujeres de la familia de Jesper en su relación con la brujería. Su relato y las imágenes que lo acompañan es uno de los pasajes más recordados de la película, con la recreación de un aquelarre y la entrega de los personajes a una suerte de locura colectiva, a la que se suma el espectador, fascinado por su inserción en un mundo totalmente nuevo, aunque no tanto si se está familiarizado con el universo de El Bosco. El relato de la tejedora conduce a la acusación de la cuidadora del hijo de Jesper, de quien está enamorado el monje Johannes, y a su camino hacia la hoguera. Los ambientes recargados del aquelarre contrastan con el ascetismo y austeridad (con un gran construcción de la luz interior) de las escenas dentro del convento y las celdas donde se producen los interrogatorios.

La sexta parte se divide a su vez en dos. La primera es un muestrario de instrumentos de tortura, en el que no falta su toque de humor (de hecho, es una constante de toda la película): según palabras del director, una de sus modelos le pide que le deje probar personalmente uno de esos instrumentos, que incide en su tortura en los pulgares de las manos; entonces, el director comenta con fino humor: "No saben los más profundos secretos que le logré arrancar en la confesión". El segundo tramo de la sexta parte se centra en la historia de dos monjas: una de ellas enloquece y contagia a sus compañeras, lo que lleva a una divertida escena de locura colectiva; otra monja roba un niño Jesús y luego se presenta ante la Inquisición para confesar el hecho, del que no acaba de tener una explicación.
La séptima parte retoma muchas escenas anteriores para explicarlas a la luz de la época moderna y las explicaciones que hacia 1921 se estaban dando a esos fenómenos: la histeria, los actos inconscientes de las personas sonámbulas o enajenadas, determinadas patologías, etc. Algunos actores vuelven a aparecer para interpretar a un equivalente de la época medieval en la moderna: así uno de los inquisidores es ahora un médico y en vez de conducir a las mujeres "endemoniadas" a la hoguera las conduce a un tratamiento de duchas terapéuticas. Uno de los mejores momentos en el que se juega a relacionar actor-personaje, está en la nueva aparición del rostro castigado de María la tejedora con una curiosa y divertida vuelta de tuerca. Según palabras del narrador, la actriz que encarnaba a la tejedora, la misma que juraba haber visto cosas extraordinarias, también en una escena fuera del rodaje le confiesa haber tenido contacto con Satán. Aprovecha el mismo plano de la mitad de la película para establecer un curioso juego entre personaje y actor, historia y rodaje, que firmarían hoy muchos autores de la posmodernidad.

Si la película combina documentación con humor a lo largo de sus pasajes, en esta última parte desarrolla mucho más esa dualidad, ya que expone los conocimientos de la ciencia (y su tesis) y ofrece momentos para reír al espectador. No en vano, además de la recreación de atmósferas pictóricas, también ha movido a Christensen recuperar el lema de "enseñar deleitando" que sirvió de guía a las obras didácticas de las épocas que revisita.