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dissabte, 24 de maig del 2014

Las luces y las sombras de Ortega y Gasset en La Vanguardia

FUENTE: LA VANGUARDIA22/5/2014

Las luces y las sombras de Ortega y GassetMadrid (EFE/Ana Mendoza).- El escritor barcelonés Jordi Gracia equilibra la dimensión humana con la faceta intelectual de José Ortega y Gasset en una exhaustiva biografía que desactiva varias leyendas sobre este gran pensador y ensayista, entre ellas la de su franquismo o su complicidad con los fascismos.

"En la Guerra Civil, Ortega decide que el bando que mejor protege sus intereses es el franquista. No fue tanto una elección como una resignada opción. Pero luego no tiene ninguna simpatía ni por Franco ni por el régimen", ha afirmado hoy Gracia en una entrevista con Efe en la que ha desgranado las claves de esta biografía.

Publicado por la Fundación Juan March y la editorial Taurus dentro de la prestigiosa colección "Españoles eminentes", el libro rastrea cada año de la vida de Ortega para que se entienda bien cómo se forjó el pensamiento de quien fue "una figura absolutamente capital en la modernización intelectual de España".

Ortega (1883-1955) era un hombre "insultantemente inteligente" y "una máquina de pensar infatigable", entre otras razones porque "el placer inagotable de pensar es parte de su intimidad como sujeto", dice Gracia, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Barcelona y cuyos ensayos han merecido varios premios.

La vía mejor para adentrarse en la figura de Ortega ha sido "una inmersión integral" en sus cartas, que en su mayor parte permanecen inéditas pero están accesibles en la Fundación Ortega y Gasset.
Y ha trabajado, además, con "esa maravilla de 600 páginas" que es "Las cartas de un joven español", un libro que muestra al "muchacho que era Ortega entonces, un joven superdotado, con una capacidad mental para organizar la descripción del mundo que era única", comenta el autor de esta biografía de 700 páginas, fruto de cinco años de trabajo.

Al no escamotear la dimensión humana, Jordi Gracia (Barcelona, 1965) refleja también las facetas más antipáticas de Ortega, en especial "su complejo de superioridad". "Era muy engreído y muy suspicaz. No encajaba las críticas".

"Y tenía un impulso mesiánico redentor". El horizonte de su ambición intelectual, añade el biógrafo, "era gestar la transformación de España en un país moderno".

Ortega también descubre pronto que "puede llegar a ser el formulador de la nueva filosofía". La teoría de la relatividad de Einstein, "en la medida en que descubre un nuevo tiempo en términos físicos, necesita una nueva filosofía", y esa es la que iba a aportar Ortega, comenta el autor.
En 1914, Ortega ya era "el pensador más moderno, europeo y perdurable del siglo XX en España". Ese año fue clave en su trayectoria porque "lidera la movilización política de los jóvenes antisistema -entonces habría que llamarlo así- contra el Partido Conservador y contra el Partido Liberal".
Y ese año publica "Meditaciones del Quijote", la primera cristalización de su pensamiento. En 1916 "empieza a sentir que tiene ya armada la idea de su razón vital filosófica".

Este "pensador ateo que identifica como enemigo de su proyecto a la iglesia católica" fue "admirado y respetado" por intelectuales como Unamuno, Valle-Inclán, Baroja, Azorín, Machado, Juan Ramón Jiménez, Azaña, Gregorio Marañón o Américo Castro.

Esa admiración no evitó que algunos "detectaran pronto la soberbia" de Ortega. Fue Pérez de Ayala el que le dijo "en una carta feroz: 'usted no acepta las críticas de nadie. Usted cree que es la verdad'", recuerda Gracia.

Entre "las leyendas" que esta excelente biografía intenta desactivar está la de "la marginalidad política" de Ortega.

Su participación en política "fue muy activa", asegura el biógrafo. Decidió liderar "la necesidad de ir a una II República" y de luchar contra la dictadura de Primo de Rivera y la monarquía.

"En su fantasía más secreta estuvo incluso la posibilidad de presidir la República, pero de inmediato se dio cuenta de que era inviable", señala el autor.

En la Guerra Civil, Ortega consideró "un mal menor" el bando franquista, pero no lo hizo público "salvo en unas pocas líneas en 1938. Por fin sí acepta colaborar con el servicio de propaganda franquista, y lo hace a través de un artículo larguísimo que le sirve para garantizar que él estaba en el lado franquista", añade el autor.

Le echaron en cara su silencio durante la Guerra Civil, una actitud que "ya había predicado" en 1914. Las guerras, pensaba Ortega, "neutralizan la posibilidad de decir la verdad" y el único modo de estar a la altura era el silencio.

En su correspondencia consta que se suma al bando franquista, pero "eso no significa que de Ortega salga un franquista. No tiene ninguna simpatía ni por Franco ni por el régimen", subraya Gracia.
En la primera posguerra intentará regresar a España y "tanteará hasta dónde es verdad que él puede servir para reformar en sentido liberal al régimen".

"El escarmiento es inmediato. Y se da cuenta de que utilizan como herramienta de legitimación del régimen su presencia en España, y sobre todo la conferencia que pronunció en el Ateneo de Madrid en 1946, que causó consternación entre los intelectuales del exilio.

Jordi Gracia tiene muy claro que a Ortega no se le puede asociar con el fascismo. "Ninguno de los dos totalitarismos del siglo XX era solución de nada, decía una y otra vez", concluye.

dimecres, 18 d’agost del 2010

Los censores de Franco / Oriol Pi de Cabanyes / la Vanguardia

7-4-2010

"En 1939 comenzó el proceso de destrucción del público lector en lengua catalana", sentenciaba en su insuperado estudio sobre la censura y la edición Maria-Josepa Gallofré. Que la censura supuso un freno para la consolidación de un público lector a la vez que "un factor constante y determinante en el desarrollo de la literatura catalana", como dijo en otra obra la doctora Van den Hout, lo vienen a corroborar ahora Jaume Clotet y Quim Torra en un libro que recoge más de 150 informes de censura y que han titulado con ironía Les millors obres de la literatura catalana (comentades pel censor)

¿Quiénes fueron los oscuros redactores de aquellos informes autorizadores o denegadores de tal o cual libro? Llegaron a ser algunas decenas, hasta 1975, pero las investigaciones seguidas en el archivo de Alcalá de Henares permiten identificar sóloa unos cuantos: el reusense Román Perpiñá, el poeta Sebastià Sánchez-Juan, el también versificador y crítico de arte Francisco Galí Duffour, Juan J. Permanyer, Pedro Rocamora, J. Úbeda, el padre Miguel Oromí, Félix Ros...

Entre ellos, apuntó maneras Carlos Ollero, futuro catedrático de Teoría del Estado y de Derecho Constitucional, nada más y nada menos que uno de los padres de la Constitución y presunto autor del informe dirigido al Rey con el diseño jurídico de la sustitución de Suárez que el general Armada entregó en verano de 1980 a Sabino Fernández Campo. De la lectura de todos estos documentos se deduce que una de las obsesiones de los inquisidores era la utilización de los términos nación o nacional referidos a Catalunya. En el informe sobre la biografía de Folch i Torres escrita por su hijo, el censor precisa que "se trata de las palabras patria y patriótico, nación, etcétera, que los catalanes usan siempre en el mismo lenguaje ordinario, sin que ello tenga remedio, cuando hablan de Cataluña". Y lo mismo objeta el censor Fernández Jardón en su informe de Caliu. Records de mestres i amics de Nicolau d´Olwer, que tacha hasta en veinte páginas porque "se emplean con demasiada frecuencia los vocablos de patria y nación aplicados a Cataluña". ¿Cómo hemos tardado tanto en saber algo de la verdad de aquella infamia fundamental? Denuncian documentalmente Clotet y Torra, en plan Hannah Arendt, que "la banalización de la dictadura es, tal vez, el más trágico triunfo del franquismo".

dimarts, 17 d’agost del 2010

EE UU y la Transición según Charles Powell

El rey Juan Carlos, en Washington ante el Congreso de los Estados Unidos
EFE | 30-05-2010

El rey Juan Carlos, en Washington durante un momento de su discurso ante el Congreso de los Estados Unidos el 2 de junio de 1976.


España pasó de la dictadura a la democracia en plena guerra fría, lo cual condicionó la tibia actitud de Estados Unidos, preocupado por mantener el acceso a las bases militares y alejar a los comunistas de toda esfera de influencia.

Extracto de un texto de Charles Powell


EL PAÍS DOMINGO - 30-05-2010

Washington había convivido muy cómodamente con el régimen franquista desde el inicio de la guerra fría, y éste se había mostrado notablemente acomodaticio a la hora de negociar los acuerdos sobre las bases de 1953, posteriormente renovados en 1963 y 1970. Teniendo en cuenta que la impopularidad de las bases norteamericanas había ido en aumento desde el accidente nuclear de Palomares de 1966, todo hacía suponer que, en un contexto democrático en el que estuviese garantizada la libertad de expresión, este rechazo alcanzaría niveles aún mayores. En principio, pues, existían motivos para temer que la llegada de la democracia permitiese cuestionar los acuerdos firmados bajo el franquismo y, por tanto, a priori carecía de sentido que Washington trabajara para socavar sus propios intereses estratégicos.

Sin embargo, con el paso de no mucho tiempo los estrategas de Washington introdujeron tres reflexiones que modificaron considerablemente este análisis.

Por un lado, a raíz de la guerra del Yom Kipur de octubre de 1973, el Gobierno español manifestó públicamente su oposición a que las bases españolas fuesen utilizadas por Estados Unidos para abastecer a Israel. Esta actitud española les hizo comprender que si incluso un régimen autoritario como el franquista tenía que tener en cuenta el sentir de la opinión pública -amén de la presión ejercida por los Estados árabes-, uno democrático seguramente se vería impelido a mostrarse aún más exigente en la defensa de la soberanía nacional.

En segundo lugar, en cuestión de horas y sin apenas resistencia, la revolución de los claveles de abril de 1974 dio al traste con la dictadura más longeva del continente europeo e hizo posible que, por vez primera en la historia de la OTAN, uno de sus Estados miembros tuviese un Gobierno con participación comunista. Este acontecimiento suscitó varias reacciones contrapuestas en Washington, no siempre compatibles entre sí. Kissinger interpretó que Portugal debía ser excluido de la OTAN, o al menos apartado de forma temporal, tanto para evitar que contaminase a otros Gobiernos europeos como para transmitir un mensaje nítido de condena por haber osado cuestionar una regla de oro no escrita del bloque occidental. A su vez, ello hizo que pensara seriamente en la posibilidad de que España ocupara su lugar, fortaleciendo así el flanco sur de la OTAN, que se vería debilitado todavía más por el conflicto chipriota. Al mismo tiempo, la caída de la dictadura portuguesa fue interpretada en el Departamento de Estado como evidencia de que el inmovilismo resultaba a todas luces contraproducente y que era más inteligente propugnar una cierta liberalización del sistema si se quería evitar un derrumbe comparable del régimen español.

La tercera reflexión se refiere a la relación entre la naturaleza no democrática del régimen y la promoción de los intereses estadounidenses en la región a medio y largo plazo. A corto plazo, es indudable que la prioridad norteamericana no fue otra que garantizar por todos los medios la continuidad del acceso de sus fuerzas armadas a las bases situadas en España.

(...) Tras la visita de Ford a Madrid en mayo de 1975, Kissinger había pedido a Stabler que le enviase un análisis pormenorizado de los principales grupos y personalidades antifranquistas. A pesar de la calidad de la información proporcionada, el secretario no siempre supo aprovecharla, y en septiembre reconocería ante un grupo de ministros de Asuntos Exteriores europeos que "deberíamos establecer contacto con los grupos que pensamos pueden ser importantes para el futuro político de España", pero se lamentaría de que "tenemos dificultades para averiguar con quién merece la pena hablar".

Stabler hizo lo que pudo por mantener informado a su superior y no tardó en establecer contacto personal con los más destacados dirigentes de la oposición, entre ellos Joaquín Ruiz-Giménez, José María Gil Robles y Felipe González. En cambio, no tuvo relación directa con Tierno Galván, debido a la presencia del PSP en la Junta Democrática, que la embajada consideraba una mera fachada del PCE.

La Embajada estadounidense prestó especial atención a la evolución del PSOE y sus dirigentes. En octubre, González informó a Stabler de que, tras la muerte de Franco, su partido, al igual que el resto de la oposición, concedería a don Juan Carlos un cierto margen de maniobra, aunque, en su opinión, el príncipe "no conocía bien la España actual". A pesar de mostrarse partidario de una ruptura total con el pasado, el joven dirigente socialista opinaba que la exigencia comunista de un Gobierno provisional representativo de la oposición democrática era "una locura inviable" y reconocía que lo más probable era que el futuro rey intentase liderar un proceso reformista, para lo cual podría situar en la presidencia del Gobierno a un militar liberal, como Manuel Gutiérrez Mellado. Del éxito de dicha operación dependería en buena medida su posibilidad de permanecer en el trono, aunque en aquellos momentos le parecía inevitable una consulta popular sobre la monarquía. González también sostuvo que la exclusión del PCE del proceso democratizador sólo serviría para perjudicar al PSOE, argumento que no pareció convencer al embajador, aunque éste admitiese que, tal y como vaticinaba su interlocutor, en unas elecciones democráticas los socialistas podrían obtener el 30% de los votos, y los comunistas, solamente el 10%. En cambio, Stabler tuvo que reconocer que González acertaba al afirmar que Estados Unidos debía hacer más por disipar las dudas existentes entre la opinión pública española sobre su apoyo a un verdadero proceso democratizador, que atribuyó al hecho incómodo de que "nuestros intereses nos obligan a tratar con los Gobiernos tal y como son, y no como nos gustaría que fuesen". Por aquel entonces, la Embajada comenzaría a organizar estancias en Estados Unidos a dirigentes del PSOE y UGT, como Pablo Castellano y Manuel del Valle, para que pudiesen entrevistarse con personalidades políticas y sindicales norteamericanas. A pesar de ello, el establecimiento de cauces de comunicación con la Embajada avanzó con cierta parsimonia, y González no visitaría Washington hasta noviembre de 1977.

A pesar de considerar al PCE la fuerza política mejor organizada del campo antifranquista, la Administración Ford se negó sistemáticamente a relacionarse con sus dirigentes de cierto nivel, ni en España ni en el extranjero. Dado que el partido comunista no podía personarse en Estados Unidos como tal, tuvo que hacerlo indirectamente a través de la Junta Democrática, algunos de cuyos dirigentes se presentaron ante la opinión pública norteamericana en una reunión celebrada en el Capitolio en junio de 1975, que contó con la presencia de media docena de congresistas, de escaso peso político.

(...) Horas antes de que el Rey llegara a la Casa Blanca la mañana del 2 de junio, en el Despacho Oval se produjo un breve pero revelador intercambio entre Ford y Kissinger. Tras afirmar con su desparpajo habitual que los Borbones "habían jodido las cosas (screwed things up) durante trescientos años", éste intentó explicarle la complejidad del contexto institucional español: "El ministro de Asuntos Exteriores ve al Rey como un monarca constitucional", pero "el Rey se ve a sí mismo como Giscard"; por ello, era aconsejable "tratar al Rey como si tuviese autoridad, aunque eso ponga nervioso al ministro de Asuntos Exteriores". A continuación, Kissinger resumió muy telegráficamente la situación para beneficio del presidente: "Todo el mundo está presionando a España para que avance rápido. España ha fluctuado entre el autoritarismo y la anarquía. Carece de tradición democrática. Necesitan tiempo para desarrollar el centro". En vista de todo ello, "yo le sugeriría que avance lo suficientemente rápido como para dar respuesta a la presión, pero no tan rápido que pierda el control".

En la entrevista celebrada poco después, de casi una hora de duración, el Rey reconocería que en el tiempo transcurrido desde su proclamación se habían producido momentos difíciles, sobre todo en febrero, aunque lo peor parecía haber pasado. Don Juan Carlos se mostró ligeramente impaciente con Arias Navarro, afirmando que "las cosas podrían haber ido un poco más deprisa", aunque reconocería que "se están moviendo", y se manifestó especialmente satisfecho de no haber repetido el error cometido por su abuelo Alfonso XIII en 1931, al convocar elecciones municipales antes que nacionales, lo cual había dificultado la aparición de grandes partidos políticos. En aquellos momentos, el Gobierno español pretendía celebrar elecciones generales en el otoño de 1976 y elecciones municipales en la primavera de 1977. (...) El momento culminante de la visita real fue sin duda el discurso pronunciado por don Juan Carlos a última hora de esa mañana ante el Congreso de Estados Unidos. En un inglés muy correcto, el Rey (...) subrayó que "la monarquía hará que, bajo los principios de la democracia, se mantengan en España la paz social y la estabilidad política, a la vez que se asegure el acceso ordenado al poder de las distintas alternativas de gobierno, según los deseos del pueblo libremente expresados", compromiso que fue recibido con una cerrada ovación. A su regreso a España, el Monarca se mostraría encantando con la calurosa recepción de la que había sido objeto, observando con evidente satisfacción que su discurso incluso había merecido un editorial elogioso en The New York Times.

(...) Se ha especulado mucho sobre las consecuencias de este viaje sobre el desarrollo posterior de la vida política española. En la única conversación que mantuvieron a solas, a petición del propio Monarca, don Juan Carlos mencionó a Kissinger su intención de destituir a Arias Navarro, algo que en aquellos momentos todavía no le parecía posible, pero sin revelar la identidad de su posible sucesor. Vista la actitud del secretario a lo largo de aquellos meses, es improbable que le animara a deshacerse del presidente, sobre todo si ello pudiese interpretarse como una concesión a quienes deseaban acelerar el ritmo de las reformas. Además, Kissinger tampoco tenía especiales motivos para recomendar a ninguno de los políticos españoles que había conocido hasta entonces. Si, como afirmaba el informe de Kissinger antes mencionado, la visita se había concebido para "reforzar la autoconfianza del Rey y acrecentar su determinación", la operación resultó un éxito rotundo.

(...) Sorprendentemente, la nueva Administración demócrata se mostraría inicialmente bastante fría en su actitud hacia el Gobierno Suárez. Cuando se realizaron las primeras gestiones para que el presidente del Gobierno español fuese recibido en la Casa Blanca a fin de fortalecer su imagen ante las primeras elecciones democráticas previstas para junio de 1977, en un primer momento el Departamento de Estado mostró poco interés. Es posible que ello se debiera en parte a la actitud reticente de Stabler, a quien no le parecía correcto utilizar el viaje a Washington con fines electorales, y cuyos argumentos parecen haber hecho mella en el secretario de Estado adjunto, Warren Christopher. Ello obligó al Rey a enviar a Washington a su emisario personal, Prado y Colón de Carvajal, que se entrevistó con Vance, tras lo cual la Administración cambió de parecer. Sin embargo, y para asombro del embajador, sus superiores sólo querían concederle a Suárez una entrevista de media hora, por lo que insistió en que, una vez tomada la decisión de realizar la visita, al menos se le invitara a comer. La Casa Blanca accedió inicialmente a esta petición, pero rectificó poco después cuando supo que el mandatario español no hablaba inglés. Finalmente, Suárez y Carter pudieron reunirse el 29 de abril de 1977 durante algo más de una hora, pero el encuentro no contribuyó gran cosa a sentar las bases de una relación fluida. Stabler lamentaría años después que el presidente español se hubiera marchado de Washington "un poco irritado", y el desarrollo del viaje le llevó a concluir que "si habíamos tomado la postura de apoyar a la democracia española, tendríamos que haber actuado en consecuencia para que los actores concernidos pensaran que realmente tenían nuestro apoyo".

Lógicamente, la reciente legalización del PCE -el sábado 9 de abril de 1977- fue uno de los temas suscitados por Suárez en la entrevista con Carter. Suárez explicó que, tras muchas dudas, se había llegado a la conclusión de que la exclusión de los comunistas habría puesto en duda la legitimidad de la consulta electoral, y que en todo caso las encuestas vaticinaban al PCE un resultado bastante modesto. Por otro lado, a pesar de haber provocado la dimisión del ministro de la Marina, Gabriel Pita da Veiga, la reacción posterior de las Fuerzas Armadas había demostrado que era un riesgo asumible. Por su parte, Carter y su equipo manifestaron su admiración por la valentía y decisión mostrada por el dirigente español, y su satisfacción por la inminente convocatoria de elecciones generales, comentario que Suárez aprovechó para anunciarles que tenía previsto presentarse como candidato independiente en las listas de Unión de Centro Democrático

Novelas de referencia:"Tormenta de verano" de García Hortelano y "El día del Watusi" de Casavella

Playa de Tossa de Mar en 1965

XAVIER MISERACHS | 15-08-2010
Playa de Tossa de Mar (Girona) en 1965.
TODOS LOS BUENOS SE LLAMAN GARCÍA

Las curiosas coincidencias entre un novelista que ganó el premio Formentor y otro que se llevó una sorpresa mayúscula el día en que, de crío, oyó sus apellidos en televisión

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS EL PAÍS 15/08/2010


Ahora parece hasta mentira, pero hubo un tiempo en que todos los buenos escritores se llamaban García. Es más, hubo un tiempo en que todos se llamaban García Hortelano. Juan García Hortelano, por ejemplo. El arte convive mal con el rebaño, pero da pavor imaginar qué sería de la novela española sin los libros de Hortelano y sus compañeros de generación. Después de la guerra, los escritores del 98 estaban en la tumba o en el hospital, a algunos narradores del 27 no les había dado tiempo a hacer la digestión de las vanguardias y a otros no les había cundido más que para contar, con gran altura, eso sí, su experiencia de la Guerra Civil.

En esto llegaron los niños de esa guerra: Laforet, Ferlosio, Delibes, Martín Gaite, Matute, Goytisolo, Benet, Aldecoa, Fernández Santos, Marsé... Si los poetas mantuvieron el nivel de Lorca, Cernuda y compañía, los novelistas abrieron las ventanas de un país que empezaba a oler a cerrado. Unas ventanas daban al campo, otras a la ciudad, algunas al barrio de cada autor y alguna otra, a su propio cerebro. Casi todas a un realismo crítico que fue volviéndose cada vez menos fotográfico pero nunca perdió de vista que solo con buenas intenciones no se escriben libros buenos.

Uno de esos niños era García Hortelano, Juan, que en 1959 ganó el Premio Biblioteca Breve con su primera novela y que dos años más tarde obtuvo con la segunda otro premio todavía más grande, el Formentor, que tenía entre sus bases la publicación en 14 países de la obra galardonada. La novela se titula Tormenta de verano y, aunque en la primera línea aparece una muchacha muerta, es la lectura ideal para urbanizaciones de playa con inquilinos de esos que el eufemismo llama de clase acomodada. Si usted es uno de ellos, reconocerá sin dificultad a sus vecinos -y a los hijos de sus vecinos- en los personajes de una trama coral que gira en torno a las cavilaciones de Javier, arquitecto de la colonia, en la que él mismo ocupa una casa.
Eminentemente dialogado y fruto de una enorme capacidad para retratar a alguien por el modo en que habla, el libro es un impagable fresco de la España que se tumbó en la arena a esperar que llegaran los 25 años de paz de Franco. Otro eufemismo. El discreto encanto de la burguesía. El encuentro entre la conciencia y la declaración de la renta. El género humano servido on the rocks. "Las cosas son muy sencillas", dice uno de los guardias civiles que custodian el cadáver. "O de aquí -resbaló varias veces el pulgar sobre el índice- o de aquí -se señaló la bragueta-. Con perdón". Y añade: "Se lo digo yo que estoy en contacto con la vida. Pasa mismamente que con el tiempo. Que hay sol, pues todos contentos. Que hay lluvia o frío, todos como perros y gatos".

En 1963, dos años después de que se publicara Tormenta de verano, nació en Barcelona otro García Hortelano, Francisco José. Terminó siendo, por supuesto, escritor, pero como no era familia del novelista se llevó una sorpresa mayúscula el día en que, de crío, oyó sus apellidos en televisión, en el programa de José María Íñigo. Cuando aquel muchacho tuvo edad de publicar un libro decidió respetar al García que había llegado antes a la historia de la literatura y comenzó a firmar con un pseudónimo: Francisco Casavella.
Curiosamente, en la segunda novela de este, Un enano español se suicida en Las Vegas, también hay un arquitecto que, por edad, podría haber sido uno de los niños de Tormenta de verano. En su caso, la inquietud no llega con un muerto sino con un muerto viviente: el hermano del protagonista, un crápula de buena familia barcelonesa al que le gusta perderse por debajo de la Diagonal para, pasado el tiempo, reaparecer por encima. El libro es una máquina de precisión de 200 páginas y, a la vez, una certera radiografía de Barcelona, una ciudad en la que la geografía hace que sean literales los conceptos de barrio alto y barrio bajo. Esos son los dos escenarios en los que transcurre el encontronazo entre un vivales que se las sabe todas y su hermano pequeño, "uno de esos que sube al escenario cuando se lo pide un mago".
Tanto Juan García Hortelano como Francisco Casavella publicaron también sendos novelones que, camino de las mil páginas, pueden leerse como grandes, en todos los sentidos, metáforas de ese cambio de estado político -de sólido a líquido- que llamamos Transición española: El gran momento de Mary Tribune y El día del Watusi (última coincidencia: el día del Watusi es el 15 de agosto, es decir, hoy). Casavella relató en una ocasión que cuando él acabó la última página del librazo de su homónimo se lanzó a la calle: "A recomendársela a todo el mundo, a imponérsela, a leérsela yo mismo". Además, contó cómo el Hortelano mayor le había presentado su primera novela, El triunfo, y cómo a él le habría gustado decirle que le parecía "uno de los tres mejores novelistas españoles del siglo", que "en su estilo solo tenía comparación con gente como Queneau, Vian o Calvino", que "si no tenía un monumento en cada ciudad es que en España somos así de burros". Y añadió: "No pude. No me dejó. Las inteligencias delicadas de primera clase no te dejan decir esas cosas en su cara". García Hortelano murió en 1992. Tenía 64 años. Casavella, en 2008. Tenía 45. Su texto sobre el autor de Tormenta de verano terminaba así: "Le vi muy poco. Le admiro mucho". Muchos podrían decir lo mismo de él.

dimarts, 20 de gener del 2009

Prisisón de mujeres 1939-1955: una web sobre la memoria histórica de las mujeres durante el franquismo


“Memoria de Las Cortes. Cárcel de mujeres” es una web que integra un contenido exhaustivo con un diseño excelente, aprovechando todos los soportes que nos permite actualmente Internet: testimonios orales, clips de vídeo, copias de los textos oficiales… Incorpora muchose recursos, destacando un conjunto de actividades didácticas elaboradas por HISTORAULA, Asociación de profesorado por la Historia Oral al Aula de Catalunya.

Como dicen los mismos autores de la página, partiendo de la imposibilidad de reconstruir el pasado, intentan construir “una interpretación histórica sobre la existencia de una cárcel de mujeres que ya no existe, pero que marcó miles de vidas” y que ejemplifica la oscura noche del franquismo. Hoy, además, páginas como ésta son necesarias para romper el olvido y recuperar nuestra memoria histórica. Esta página permite que todo el mundo, también nuestro alumnado, pueda acceder al conocimiento de los hechos históricos a partir de testimonios concretos.

La web será presentado por Carlota Falguera i M. Victòria Rubio en las Jornadas Las Fuentes Orales - De la teoría a la práctica. El aula como espacio de la memoria, que tendrán lugar en Tarragona el 13 y el 14 de febrero de 2009. El título del trabajo es “Una web como recurso para la investigación histórica a la enseñanza secundaria“.

URL: http://presodelescorts.org/