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dijous, 16 de setembre del 2010

La vida plena de Casanova: "Historia de mi vida"

LUIS FERNANDO MORENO CLAROS EL PAÍS 11/09/2010

En diciembre de 2009 la editorial Atalanta, de Vilaür, presentó una estupenda edición castellana en dos tomos de la extraordinaria Historia de mi vida, del universal aventurero veneciano Giacomo Casanova (1725-1798), traducida por Mauro Armiño. Comprende las cuatro mil suculentas cuartillas que Casanova redactó al final de sus días en el castillo bohemio de Dux, ya septuagenario, como bibliotecario del conde de Waldstein. Sus recuerdos, que consolaban y ocupaban el tedio de su vejez, constituyen hoy la autobiografía por antonomasia, y un impagable testimonio social y cultural de aquel magnífico siglo de las Luces en que vivió.

Máximas y anécdotas

Giacomo Casanova
Edición de Jaime Rosal
Comanegra. Barcelona, 2010
219 páginas. 15 euros

A Casanova se le conoce sobre todo como un gran seductor de mujeres; la imaginación popular lo confunde con Don Juan, sin embargo fue varón de temple muy distinto: era un hombre de verdad que se enamoraba del bello sexo sin despreciarlo. Al contrario que para Don Juan, la mujer fue para el veneciano, junto con las ciencias y el conocimiento, la divinidad a la que hay que rendir pleitesía con lo mejor de sí mismo. "Jamás soporté ver llorar a una mujer", manifestó; de manera que se volcaba en complacerlas. Casanova caía prendido tanto de la belleza como de la ternura y el placer, y amando a las mujeres amaba la vida y sus goces. Por eso su pensamiento siempre fue positivo, optimista y confiado: se dejó guiar por su buena estrella lo mismo cuando estaba sin blanca que cuando gastaba su oro a manos llenas. Fue apasionado, nunca un convidado de piedra: lo movían sentimientos fuertes, y el aburrimiento era el monstruo al que más odiaba. Mas no fue sólo un vividor y un seductor: Casanova era un hombre curioso que estuvo al tanto de la cultura y la sabiduría de su tiempo. No tuvo nada de fatuo incapaz de pensamiento abstracto, y así lo confirma el volumen que reseñamos. Este libro podría ser un hermano menor de Historia de mi vida, dado que compendia lo esencial de la sabiduría teórica de Casanova, del arte de vivir que lo guió en su azarosa existencia y que nació a raíz de sus experiencias. Hombre de letras y ciencias, gran conversador, muy atento y avizor a cuanto pasaba en su tiempo, el veneciano lo mismo trataba con Voltaire y Federico el Grande que con el libretista mozartiano Lorenzo Da Ponte, o con embaucadores como Cagliostro. Lo importante para él fue mantenerse activo y sentirse vivo. Su persona imponía por su estatura, pero también por su galante educación, su conversación amena, sus atenciones y su aguda sabiduría, sin que por ello también se hiciera el charlatán cuando le convenía.

En suma, de su vida plagada de anécdotas y de espléndidas aventuras -como la fuga de la prisión de Los Plomos, donde lo encerró la Inquisición, el duelo en Polonia, o sus azarosas estancias en España, Francia, Alemania- extrajo máximas de vida comparables a las de los clásicos griegos o los moralistas y libertinos franceses. Son pensamientos y anécdotas que hoy nos sirven de recreo y reflexión. Léase simplemente uno de los más citados: "Prefiero la libertad a la vida"; o esta sentencia de corte spinozista: "Si deseáis la salud, debéis deshaceros de la tristeza"; o aquel otro pensamiento de máxima actualidad: "En el amor la mera idea de violencia siempre me ha repugnado porque sigo pensando que no puede darse la dicha amorosa si no hay un perfecto acuerdo de confianza y abandono".

Confianza y abandono en el mundo y en sus placeres caracterizaron la vida de Casanova, plena en todos los sentidos: positiva, gozadora, juguetona -aunque no exenta de la melancolía y las tristezas propias de los seres sensibles- y, finalmente, literaria. Buena traducción, pero también algún leve error de composición en este libro acertado y tan recomendable.

dimarts, 22 de desembre del 2009

Memorias de España de Giacomo Casanova

Libros Por Ricardo García Carcel.
Memorias de España de Giacomo Casanova

ABCD, 13 de abril de 2006 - número: 741

Giacomo Casanova nació en Venecia en 1725, hijo de una actriz y un noble. Impostor, jugador, libertino, aventurero, ilustrado..., su personalidad tiene muchos perfiles aunque el dominante ha sido el de ser el amante más famoso de todos los tiempos, seductor infatigable, el don Juan a la veneciana. Moriría en 1798 a los setenta y tres años. Clérigo fugaz, jurista frustrado, masón, amigo de los ilustrados más famosos, fue
Memorias de España
Giacomo Casanova
Traducción y edición de Ángel Crespo
Prólogo de Marina Pino
Espasa. madrid, 2006
312 páginas, 22,90 euros
un tipo itinerante no sólo por su afición viajera sino por su condición de fugitivo de no pocas cárceles, entre otras las inquisitoriales (la primera, la veneciana de los Plomos). Se movió por toda Italia dejando el rastro de su leyenda, pero también viajó fuera de Italia: a Ginebra, París (varias veces), Fráncfort, Dresde, Praga, Viena, Zúrich, Ámsterdam, Londres y varias ciudades españolas.
Fingió ser de todo: médico, abogado, alquimista, espía... Fue muy rico y muy pobre. Embaucó y estafó a mucha gente, hombres y mujeres, aunque a éstas creyera compensarlas con sus dotes de alcoba. Un buen día, a finales de los ochenta, decidió llevar a cabo su mejor fuga: escribir sus memorias. Y así nació la Historia de mi vida, que culminaba algunos pequeños relatos autobiográficos anteriores. La obra, pese a que en su título llega a 1797, en lo que se refiere a la historia de su vida no cuenta más que el tiempo que media entre sus once y sus cuarenta y nueve años. La escribió en tres o cuatro años. Y por pudor o por cansancio, dejó los últimos años de su vida en el limbo.
Casanova no se idealizó en su autobiografía. No se propuso hacer su apología. Nada que ver con las Confesiones de Rousseau, cargadas de quejas y justificaciones. No se fustiga autocríticamente. Se ve a sí mismo como una víctima de los sentidos, se reprocha en algún momento la imprudencia, pero su sentido lúdico de la vida se impone a todo. Su juego con las mujeres fue el de seductor que se deja seducir. No hay misoginia como en el mito del don Juan. Ciento veintidós mujeres en su relato que, de la primera a la última, cubren treinta y nueve años. Tres mujeres al año. Poco para un libertino arquetípico del siglo XVIII. ¿Se autocensura o exagera sus virtudes amatorias?
El debate sobre la personalidad de Casanova es tan apasionante como lo es el propio personaje. Sobre él han escrito muchos escritores españoles, desde Pi i Sunyer a Félix de Azúa, pasando por Néstor Luján. En el libro que acaba de editarse sobre nuestro personaje, se incide en una parcela concreta de la autobiografía de Casanova: aquélla en la que cuenta su experiencia vital en España, desde que en 1767 cruza los Pirineos a lomos de una mula y llega a Pamplona. Su intención era ir a Portugal, pero se acaba quedando en nuestro país.

Pocos amores. Vive intensamente la vida en España con pocos amores (un par de cortesanas, una tal doña Ignacia y la bailarina Nina Bergonzi, amante del capitán general de Cataluña, el conde de Ricla, que le creará muchos problemas). Ingresó dos veces en prisión. Se aficionó a los toros y al baile. Se relacionó con Campomanes, Olavide y Grimaldi. Intentó hacer negocios que, como siempre, se frustraron. A destacar, sus informes sobre la colonización de Sierra Morena, de donde quería ser gobernador, y su proyecto de fábrica de rapé. La imagen de España es la de un país vivo, lleno de ilusión.
En Zaragoza se puso en contacto con los librepensadores del lugar, en Valencia frecuentó a las actrices de teatro, y en Barcelona se perdió por la bailarina Berganzi que, a la postre, fue expulsada a instancias del obispo Climent. Le pone a sus reflexiones toda su capacidad de ironía, que es mucha; una ironía pagana, nada sentimental, nada política, propia de un ilustrado lúcido en vías de desencanto cual era Casanova cuando vino a España. Se fue pronto, una vez satisfizo su principal móvil: la curiosidad.
Ángel Crespo ?que murió en 1996? tradujo del original de las memorias de Casanova la parte relativa a España ?nunca se han editado en español las memorias francesas desde la primera edición francesa de 1820? y evidenció sus conocimientos de la obra en su introducción. Marina Pino (autora de Un feroz apetito. Los banquetes del caballero Casanova, Barcelona, 2002) ha escrito un prólogo y un artículo final para esta edición de los que sólo lamento un mejor análisis de la España del primer Carlos III que vivió Casanova: la España recién salida del motín de Esquilache y en plena efervescencia por la expulsión de los jesuitas y, desde luego, la comparación de las memorias de Casanova con los abundantes libros de viajeros ilustrados por España.
El lector disfrutará con las aventuras y desventuras de aquel personaje que empezó el prefacio de su obra diciendo que quería creerse libre y que acabó confesando: «He vivido como un filósofo y muero como un cristiano».

dissabte, 7 de novembre del 2009

Las memorias del libertino Giacomo Casanova

El club Casanova


FIETTA JARQUE EL PAÍS 07/11/2009


Retrato de Casanova




Vivió la vida sin planes ni proyectos, disfrutando de lo mejor que le ofrecía cada momento. Las memorias de Giacomo Casanova, que aparecen por primera vez en España en su versión completa y anotada, revelan a un personaje superior a su leyenda

El club Casanova

La noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, hace una semana, un grupo de cinco o seis personas se reunía en Barcelona a celebrar algo muy distinto al Día de los Difuntos. Rememoraban, como cada año, la fuga de Giacomo Casanova de la prisión veneciana de Los Plomos, una noche sin luna de 1755. "Hacemos una pequeña ceremonia", dice Marina Pino, con discreción. "Y comemos macarrones con mantequilla". Es una referencia a uno de los trucos que usó para la fuga más comentada del siglo XVIII, de una cárcel hasta entonces -y desde entonces- inexpugnable. En aquel episodio, el ingenio de Casanova ideó una manera de enviar al padre Balbi -recluso en otra celda y al que hizo cómplice de la evasión- un cerrojo de hierro con el que debería culminar desde fuera el butrón por el que ambos escaparían. Lo escondió en el lomo de una Biblia que debía devolverle, pero, como sobresalía unos centímetros, quiso disimularlo. Pidió a Lorenzo, el carcelero, dos grandes platos, preparó unos maccheroni con mucha mantequilla y queso parmesano. Quería enviar al clérigo el plato en agradecimiento por el préstamo, así es que lo puso cuidadosamente sobre la Biblia y le entregó ambas cosas a la vez. "Estaba seguro de que los ojos de Lorenzo se centrarían en la mantequilla por temor a derramarla sobre la Biblia, y de esta forma no tendría tiempo de mirar los extremos de las esquinas del volumen", cuenta Casanova en sus memorias. Y así fue.

Su leyenda es universal, aun cuando no fue nadie importante, ni destacó en profesión alguna, ni acumuló riquezas o poder. Desde el punto de vista de la historia cultural del siglo XVIII, sus memorias son una especie de enciclopedia

"No se ha puesto de relieve que Casanova escribe en un francés más moderno que el de nadie", según el traductor Marina Pino es una casanovista, encabeza un grupo de apasionados de todo lo que tenga que ver con el hombre, el personaje, el escritor. Hoy, los miembros de esta especie de club podrían brindar de nuevo por un acontecimiento largamente esperado: la primera edición completa de las memorias de Casanova en España, editada por Atalanta. Historia de mi vida aparece en dos tomos en papel biblia, de algo más de 1.700 páginas el primero y de 1.944 el segundo.

La leyenda de Casanova, siendo universal, es inferior al hombre Casanova. Aun cuando ese hombre no fue nadie importante, ni destacó en profesión alguna, ni acumuló riquezas o poder. Y es precisamente esa vida múltiple e inasible, asombrosa y a la vez casi vulgar, la que supera la simple idea del libertino y seductor veneciano con que se asocia su nombre hasta en el último rincón del mundo. Giacomo Casanova (1725-1798) fue primero persona, después personaje y luego una mezcla de los dos. "Digna o indigna, mi vida es mi materia, mi materia es mi vida", establece en su autobiografía. Para resumir su existencia real hay que recurrir inevitablemente a las enumeraciones, muchas veces contradictorias. Fue violinista, poeta, seminarista, militar, jugador empedernido, mago, alquimista, cocreador de la lotería nacional de Francia, espía, agente financiero, escritor, filósofo, aparte de -por supuesto- libertino y mujeriego.
Era alto, medía casi un metro noventa, de ojos claros y nariz aguileña. Gustaba ir elegantemente vestido (muy aficionado a los encajes más delicados), con la peluca bien empolvada y con vistosas joyas. De un indiscutible atractivo, algo vanidoso, inteligente, de trato agradable y simpático, bromista, interesado más por la ciencia que por la ficción literaria ("no me gustan las novelas", confiesa), pero siempre curioso por expandir sus conocimientos. Un descreído que simula saberes esotéricos, sin creer realmente en ellos. Es también un timador, sin escrúpulos a la hora de estafar a los que considera simples estúpidos. Un individuo capaz de salir airoso de las situaciones más apuradas, en las que suele meterse con frecuencia a sabiendas de riesgo. Buscándolo. Un auténtico aventurero.

Stefan Zweig, en su ensayo sobre las autobiografías literarias Tres poetas de sus vidas. Casanova, Stendhal, Tolstoi (BackList, Planeta, 2008), señala que "Casanova derrocha a consciencia sus talentos en el instante, y el hombre que pudiera serlo todo, prefiere no ser nada, absolutamente nada, salvo ser libre". Su análisis, que gusta poco a los casanovistas, ensalza tanto como denigra al personaje; lo considera superficial, fanfarrón y hueco, aunque todo eso "no cuenta nada frente a la inmensa y única veracidad en el conjunto de estas memorias". Casanova se dedicó a vivir con intensidad hasta que la edad y el cambio de los tiempos lo fueron arrinconando y terminar como bibliotecario del conde de Waldstein, en Dux. Entonces, solo, amargado y sin perspectivas, convertido en una especie de bufón anacrónico en un palacio que ya casi nadie visita, decide poner sus vivencias por escrito. Lo hace como si las relatara a un auditorio incansable y ávido de sus palabras. Sus aventuras se suceden sin descanso y las páginas se leen como una trepidante serie de viñetas, a cual más asombrosa y desinhibida. Su descaro no se fija límites. Adora a las mujeres. A todo tipo de mujeres, ricas y pobres, sin importarle la edad y procedencia, siempre y cuando le resulten interesantes. Le gustan, sobre todo, las jóvenes inteligentes y con carácter. Se enamora sinceramente cientos de veces porque se resiste a llevarse a la cama a una mujer que no ame. Aunque ese amor no dure mucho y su resistencia al matrimonio sea su único dogma de fe. Comparándolo con la leyenda del otro gran seductor, el autor francés Philippe Sollers escribe en su libro Casanova l'admirable: "Don Juan es el volcán, Casanova el jardín".

En el prólogo de la edición de Atalanta, Félix de Azúa señala las diferencias entre ambos personajes. "El veneciano es el anti-Don Juan, su contrario y enemigo. Allí donde el aristócrata sevillano, infectado por la teología, se muestra vengativo, psicópata, misógino y engañador, en ese mismo lugar luce el burgués veneciano cómplice de las mujeres, su secuaz y su salvador en más de una ocasión".

En ese sentido abunda la psicoanalista belga Lydia Flem, que titula la edición inglesa de su biografía Casanova, el hombre que amaba de verdad a las mujeres. Y traza en el primer párrafo un retrato preciso. "En un castillo de Bohemia, un anciano exiliado pasa trece horas al día escribiendo la historia de su vida. No tiene posesiones; ha dejado atrás o dilapidado todo de lo que alguna vez fue dueño. No tiene mujer, ni fortuna, ni casa, ni patria. Dio y recibió libremente, sin cálculo alguno. Ha gozado de la existencia como pocos hombres -y aún menos mujeres- se han atrevido a disfrutar. Se lanzó a la vida sin pedir nada a cambio excepto la más insolente y la más escandalosa de las recompensas: el placer".

Pero así como Historia de mi vida se lee sin que decaiga el interés, hay un elemento en esta edición que pronto cobra una relevancia inusitada y, a veces, desconcertante: las notas a pie de página. No sólo por su abundancia y puntillosidad, sino porque con frecuencia desmienten al autor, a veces de forma exagerada. Por ejemplo, si Casanova dice: "Tenía yo dieciocho años", la nota precisa: "Tenía diecisiete y medio". Bueno, vale. Pero, ¿importa tanto? Parece que a los casanovistas sí. No menos sorprendente es que el autor mencione que alquiló un carruaje a un tal Roland y que abajo ¡se reseñe la biografía del cochero! Llega un punto en que la lectura se hace casi esquizofrénica, pero vale la pena contar la historia de esas notas.

Desde que los familiares de Casanova vendieran el manuscrito al editor Brockhaus, en 1820, se hicieron dos ediciones de las que partieron el casi medio millar que se han reproducido en todo el mundo. La primera (1822-1828), traducida al alemán, fue concienzudamente depurada de obscenidades. La francesa, de Brockhaus-Plon (1826-1838), proviene del manuscrito original, pero fue nuevamente mutilada y "corregida" por Jean Laforgue, que prácticamente cambió cada frase. El manuscrito completo y sin alteraciones no fue publicado hasta 1960.

La mayoría de las notas a pie de página que se utilizan en los volúmenes de Atalanta proviene de la edición de La Siréne, de 1924, en la que el editor Raoul Vèze, pese a conservar el texto censurado, pidió a un grupo de expertos en Casanova que aportaran sus investigaciones. El ya importante cuerpo de anotaciones ha crecido desde entonces. "El 98% de los personajes que aparecen en el texto están reseñados", afirma el traductor Mauro Armiño, quien también ha aportado algunas notas propias, sobre todo en los viajes por España. El índice onomástico de la edición española tiene 200 páginas. Armiño ha pasado tres años traduciendo esta monumental obra. Todo está referenciado, las tabernas y las calles, los palacios y los burdeles. Lo curioso es que algunos de esos estudiosos de su obra están tan obsesionados en desmentir cualquier inexactitud en los datos de su autobiografía que se diría que detestan al objeto de sus desvelos.

Helmut Watzlawick edita el periódico anual L'intermediaire des casanovistes, en Suiza, desde 1984 y es quizá el más notable de los especialistas. "Hay todo tipo de gente interesada en historia, en topografía, en medicina, historia política, música, gastronomía o viajes, que ha encontrado en Historia de mi vida una fuente inigualable para sus investigaciones. Casanova llegó a utilizar cerca de 46 tipos distintos de moneda en sus traslados y da cuenta del valor del cambio cuando va de un sitio a otro, por ejemplo. Visto desde el punto de vista de la historia cultural del siglo XVIII es sumamente interesante. Sus memorias son una especie de enciclopedia", explica.

Watzlawick fue discípulo de Gustav Gugitz, el más sanguinario de los casanovistas refutadores. "Las memorias de Casanova, como muchas de sus contemporáneos, son una mezcla de verdades y ficciones. De hecho, en 1850 se pensaba que Casanova no había existido en realidad sino que era el personaje de una novela de ficción. La tradición de aportar datos precisos en las memorias sólo empezó en el siglo XIX. Antes se solía escribir sólo para entretener a los lectores", precisa. "Gugitz sentía más fascinación que pasión por Casanova, pero a la vez sentía furia contra él. Era un escéptico. Lo único que le agradecía a Casanova era el mencionar tantos detalles, lo que le permitía a él confirmar o refutar sus investigaciones".

Casanova International es el grupo con el que Watzlawick se reúne periódicamente en Venecia, en casa de un mecenas francés. Según él, los investigadores activos de Casanova son entre 20 y 40 en todo el mundo. "Hay dos tipos de casanovistas", continúa Watzlawick. "Aquellos que intentan probar que todo lo que Casanova escribió es cierto -como el norteamericano J. Rives Childs (1893-1987) que reunió la mayor biblioteca casanoviana y creía a pie juntillas todo lo que decía Casanova- y los que, como Gugitz, trataron de probar que todo lo que escribió Casanova era falso. Para muchos de nosotros, la verdad está a medio camino de los dos".

La escritora y periodista catalana Marina Pino es de las adeptas al veneciano. "A veces creo que estoy dentro de él", es la primera frase que pronuncia, casi sin pensarlo, al ser preguntada por Casanova. Quizá porque su primer contacto con el célebre personaje fue a través de "su voz", la de él mismo relatando sus cuitas y aventuras. Era un programa de radio que escuchaba incitada por su hijo, entonces de 8 o 9 años, que la llamaba a sentarse al borde de su cama y atender juntos al relato de aquella vida extraordinaria. Hoy, tanto él como ella son casanovistas confesos. Marina Pino es autora del libroCasanova: Un feroz apetito (premio Sent Sovi 2001, de literatura gastronómica, RBA, 2002) y también del prólogo a la edición de Casanova. Memorias de España (Espasa, 2006). "Estoy enamorada de él", confiesa después.

Ella tardó quince años en conseguir la edición completa del manuscrito de Historia de mi vida. Mientras tanto su afición crecía a través de muchas de las ediciones parciales que se encontraban. Pino considera las memorias de Casanova, sobre todo, una gran obra literaria. "La primera lectura te vuelve loca con tantos datos y tantos usos y costumbres distintas de las actuales", afirma. Aunque las notas a pie de página se encargan de explicar buena parte de ellas. "Por eso decidí en determinado momento hacer una lectura de principio a fin, como se lee una novela. Quería saber si se mantenía como relato y mi conclusión, al terminar, es que se trata de una obra maestra de la literatura".

Es una idea que comparte Mauro Armiño. "No se ha puesto de relieve hasta ahora que Casanova escribe en un francés más moderno que el de nadie", apunta el traductor. "Al no ser escritor, opta por el relato oral sin buscar todo el tiempo imágenes literarias elaboradas o adjetivos, sino que es como si te lo contara personalmente. Tampoco es cierto que cometiera demasiados errores sintácticos. Al ser su segundo idioma, utiliza un francés sencillo y lo hace con gracia, con mucha vivacidad".

Respecto a la forma del relato, Watzlawick aporta una hipótesis. "Uno de mis amigos, un norteamericano, tiene la interesante teoría de que Casanova -como hijo de actores- concebía su vida como sucesivas puestas en escena. Cada uno de los lugares a los que llegaba en su constante peregrinar era como un nuevo montaje al que se enfrentaba y que había que crear sobre la marcha con ciertos efectos dramáticos. En cada una de las aventuras trata de tener algo importante que decir al principio, algo importante al final, y en el medio siempre se da una acción con un momento álgido. En Rusia cuenta que tuvo dos encuentros con Catalina II, al principio y al final de la historia. Pero históricamente sólo es posible que la haya visto en la segunda ocasión. Casanova lo que hace es juntar ciertos acontecimientos, ponerlos en un contexto histórico, pero dándoles un orden propio, no el cronológico necesariamente. Como haría un autor dramático".
Marina Pino conoce bien los otros libros que Casanova escribió, incluida su correspondencia, pero señala que las memorias son un caso aparte. "Casanova está siempre en movimiento y no adopta ese tono moralizante de otras obras del XVIII". ¿Qué piensa de él? "Que es inabarcable, inclasificable. Imposible de conocer. Philippe Sollers dice en su libro: creemos conocerlo y no lo conocemos. Y eso es lo que más me entusiasma. Como las memorias acaban de forma abrupta, antes de su declive y sin saber qué pasa después, te queda la impresión de que sigue por ahí...". Que Casanova continúa su aventura.

"Historia de mi vida". Giacomo Casanova. Traducción de Mauro Armiño. Atalanta. Vilaür (Girona) 2009. Dos volúmenes. 3.648 páginas. 120 euros




'Historia de mi vida', de Giacomo Casanova
DOCUMENTO (PDF - 205,95Kb) - 03-11-2009