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dimecres, 3 de març del 2010

Hay que hacer hablar a las momias

 


Las momias de la familia de Tutankamón

El análisis a Tutankamón y su familia invita a reflexionar sobre la relación de la ciencia con los cuerpos antiguos - ¿Debe haber límites? 

Desvelar el pasado de los faraones ¿justifica ponerlos en la mesa de disección?
Los arqueólogos coinciden en que las momias no deben ser deshumanizadas
"Recobrando la memoria, se asegura la eternidad", opina un experto
Enfrentarse a la muerte no es nunca fácil, ni con escalpelo
El egiptólogo Galán admite que hay un "aspecto sucio" en su trabajo
La tecnología actual permite estudiar tejidos antiguos sin destrozarlos

 

JACINTO ANTÓN EL PAÍS, 28/02/2010

El Titanic se hunde. Un hombre, el profesor Fisher, hace su aparición en el lujoso salón del condenado transatlántico cargando a hombros un ataúd egipcio con su momia dentro: ella, con su maldición, ha sido, por supuesto, la causante del desastre al chocar el barco con un iceberg en forma de... pirámide. La escena pertenece al drama Viaje a otra tierra del poeta antroposófico (!) Albert Steffen y es imaginaria, aunque no hace sino plasmar la popularísima (y falsa) leyenda de que en el famoso buque viajaba una momia. Es el tipo de historia que nos gusta asociar a las momias egipcias, unos restos humanos que, al no consumar, gracias a la técnica de los embalsamadores, la tranquilizadora desaparición que es el destino de todo lo muerto, es decir, al permanecer ahí tercamente con más o menos apariencia de vida, excitan el sentido de lo fantástico y lo malsano y nos deleitan con el helado cosquilleo del terror.


La realidad es que, pese a que sus líderes más mediáticos sean personajes tan sobrecogedores como el Lote 249 o el malo de La momia y a que en nuestra imaginación la momia sea una criatura pesadillesca, de mirada fría y perversa, en el encuentro entre ese harapiento pueblo de las sombras que son las momias, y nosotros, de mejor aspecto (de momento), las que tradicionalmente salen perjudicadas son ellas. Millones de momias -egipcias y de otras culturas- han sido destruidas en aras de nuestra codicia, nuestra ignorancia o nuestra curiosidad (también de nuestro odio y nuestro miedo). Incluso las de los más grandes faraones han sido incapaces de evitar la persecución y el maltrato. Vivian Denon ya se llevó a casa una "bella" cabeza de anciana y Belzoni aplastaba momias con sus zapatones en los pasadizos de las tumbas. Con todo ello, y esto es lo más importante, se ha perdido una información científica irrecuperable.

La semana pasada fue noticia la nueva investigación de patologías y genealogía realizada sobre las momias de Tutankamón y varios de sus familiares (entre otros, su abuela, su supuesta madre, su pretendido padre y la que algunos habían identificado como Nefertiti). Los cuerpos embalsamados de estos familiares, tras ser escaneados y punzados para obtener muestras de ADN, se exhibieron bajo los focos de las televisiones en imágenes que dieron la vuelta al mundo. Esas imágenes y esa investigación hacen que sea oportuno preguntarse: ¿es legítimo perturbar el descanso de las momias en interés de la ciencia y el conocimiento? ¿Justifica el desvelar los misterios de la historia que se las despoje de su intimidad, del derecho de todo individuo a ser respetado en el largo sueño de su muerte? ¿Dónde acaba la investigación y empiezan el morbo y el espectáculo? ¿Cómo debe acercarse la ciencia a las momias? En el mismo número de la revista Journal of the American Medical Association en el que los investigadores de Tut y su familia publicaron sus conclusiones, el historiador de la medicina Howard Markel reflexionaba sobre las fronteras éticas del uso de la panoplia científica sobre las momias y sobre el provecho real de esa intrusión. También se interrogaba, algo retóricamente, acerca de si las figuras históricas del pasado -Tutankamón, Ramsés II- no tienen derecho a las mismas reglas de privacidad que la gente corriente disfruta hoy tras su muerte.

Muchas de estas preguntas tienen respuestas obvias bajo el prisma de la razón científica, que indudablemente es el que debe prevalecer. La ciencia no debe titubear al adentrarse en regiones donde tradicionalmente han dominado la sombra y el espíritu (y Osiris) y seguramente con las momias el verdadero límite está -junto a un mínimo respeto lógico- sólo en no destruir un material que en el futuro podría ser estudiado con métodos más refinados. Desvelar el pasado de los faraones, avanzar en el conocimiento de la historia, justifica incuestionablemente poner a las momias en la mesa de disección y escarbar en sus cuerpos. Digamos que hay que hacerlas hablar -uno está tentado de escribir: cantar- sin violencia. En todo este asunto hay que tener cuidado de que supuestas razones éticas no enmascaren en realidad discursos oscurantistas y religiosos o un exceso de imaginación. Pero enfrentarse a la muerte no es nunca fácil, ni con escalpelo.

No son cuestiones nuevas. Ya Douglas E. Derry, el hombre que bajo la mirada de Carter practicó en 1923 la autopsia a Tutankamón, se vio en la necesidad de justificarse. "Muchas personas consideran la investigación como un sacrilegio y creen que hubiéramos tenido que dejar al rey tal y como estaba", escribió en su informe. Derry alegó que trinchando ellos a Tutankamón le ahorraron "el rudo manejo de los ladrones, ansiosos de obtener las joyas que se amontonaron sobre su cuerpo". Y añadió: "La historia se enriquece con la información que proporciona el reconocimiento anatómico, que en este caso fue de considerable importancia". El coste fue que Tutankamón, "de belleza de pájaro", quedó hecho unos zorros. Algo que los investigadores de hoy deploran porque con las técnicas actuales se habrían logrado mejores resultados sin lastimar a la momia.

"Soy un gran admirador de Carter y me cuesta criticarlo, pero sí, el de Tutankamón es un ejemplo de momia manipulada de una manera que sin duda no era la mejor", reflexiona el egiptólogo José Manuel Galán, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director de las excavaciones en las tumbas tebanas de Djehuty y Heri (Luxor), donde han aparecido muchas, muchas momias. "Pero Carter estaba en unas circunstancias y una época diferentes a las nuestras. No se le puede juzgar con nuestra sensibilidad, ni enjuiciar a los que desvendaban públicamente momias en el siglo XIX y antes, y cuya forma de actuar era a menudo el resultado de entrar en contacto súbito con una civilización desconocida".

"Tenemos que aprender de los errores y no repetirlos, el de las momias es efectivamente un tema delicado y hay que llevarlo con tacto", continúa este hombre capaz de mostrarse circunspecto hasta ante un escorpión y que afronta los descubrimientos más asombrosos con ejemplar parsimonia. "No dudo de que científicamente hay que extraer a las momias todo su potencial informativo. En todo caso en nuestra excavación las tratamos además siempre con el mayor cuidado y respeto, incluso con mimo. Por supuesto, la forma de estudiarlas depende de su estado. No es lo mismo una momia intacta como la Dama Blanca, envuelta en sus vendas, a la que no manipulamos sino que nos limitamos a radiografiar o a hacerle un TAC, que un cuerpo que aparece ya desvendado y podrido, con los huesos sueltos: a éste no hay ningún problema en manipularlo. La técnica permite hoy estudiar una momia sin abrirla". Galán señala que todo material arqueológico, y los restos humanos antiguos no son una excepción, "empieza a deteriorarse cuando lo descubres y lo extraes, pero a la vez ofrece información histórica, que es lo que buscas".

Del despliegue de momias orquestado por Hawass para presentar el estudio sobre Tutankamón y su familia, que tenía elementos de show (como la manera efectista de retirar las sábanas que cubrían los cuerpos), opina que no se fue más allá de lo científico y no se jugó al morbo. "Hawass es muy cuidadoso y sabe que la sensibilidad islámica es muy grande en el tema de los muertos, no se puede montar un circo con ellos. Incluso con los restos antiguos pueden manifestar un gran desagrado".

Para Galán, la momia, aunque se hurgue a fondo en ella, no se debe cosificar. "Nunca las deshumanizamos; Roxy Walker, nuestra paleopatóloga, las quiere casi más que a nosotros. Les ponemos nombre, son importantes". El egiptólogo reconoce que hay un indudable aspecto "sucio" en el trabajo del arqueólogo: "Entras en un enterramiento y extraes un cuerpo y un ajuar. Estás violando una tumba. Pero también estás recuperando la memoria de un individuo y en el caso egipcio, al menos, no dejas de estar cumpliendo un propósito de sus creencias: ellos creían que si los recordabas vivían en el más allá. De alguna manera, les estás asegurando la eternidad".

De las emociones que provoca tener una momia enfrente, Galán dice que él no es un fan de ellas, de las momias, y que le interesan más los hallazgos artísticos y los testimonios de la vida intelectual. "Las momias me dan un poco de pena. Pienso en Iker, por ejemplo, la momia del arquero que encontramos al abrir el ataúd, con sus arcos y bastones". ¿Sintió miedo al verla? "No, no. Respeto, y ganas de hacerlo bien". ¿Y asco? "Qué va, se conservan muy bien en Egipto y apenas huelen; la Dama Blanca sólo un poco".
También ha trabajado con momias Carmen Pérez Die, directora de las excavaciones en Enhasya el-Medina (Heracleópolis Magna). "Encontramos muchos individuos, hasta 1.200, la mayoría muy pobremente momificados. Los excavamos con el máximo respeto, siempre con un antropólogo al lado. No los sacamos por sacarlos, sino para estudiarlos. Una vez obtenida la información, los volvemos a enterrar en la misma excavación, en una zona acotada. Son restos de seres humanos y nunca dejamos de tenerlo en cuenta. Pero gracias a ellos sabemos muchas cosas. Edad, sexo, raza, enfermedades de una población, el alto tanto por ciento de muertes infantiles tras la lactancia, las extendidísimas dolencias musculares que evidencian una vida dura, de grandes esfuerzos, la abrasión dental causada por la arena en el pan. También nos explican elementos rituales y religiosos. La información que nos dan de la vida en la antigüedad es inmensa e irrenunciable". A la egiptóloga las momias tampoco le causan una gran impresión, en el sentido de lo que siente uno ante Boris Karloff o Arnold Vosloo -y no digamos Patricia Velásquez, cuya indumentaria hacía parecer una monja a Nefertiti-. "Al principio puede que te impacten un poco, pero te acostumbras, como los médicos, supongo. Encontramos mucha con rigor mortis, la boca abierta... te dices ¡Dios mío!, pero te habitúas y no te molesta tenerlas al lado mientras comes". Como responsable del departamento de antigüedades egipcias del Museo Arqueológico Nacional, Pérez Die está al tanto de ese otro aspecto de la cuestión de las momias, más allá de su excavación y estudio, que es su exhibición. "Hay desde años una discusión internacional sobre si deben exponerse o no. Y de qué manera. Algunos museos las cubren con sudario completamente, otros destapan la cabeza. Personalmente, creo que si se presentan con respeto y cuidado para su conservación -y la salud pública: no hay que olvidar que pueden descomponerse- está bien que se las use para divulgar la civilización egipcia".

El jueves próximo, precisamente, se inaugura en el Museo de Arqueología de Barcelona una exposición con los resultados del estudio de 18 momias anónimas de la antigua Tebas, procedentes de la necrópolis de El-Asasif (Luxor), en el marco del Proyecto Monthemhat.

Por supuesto las de Egipto no son las únicas momias. Las más veteranas aún de la cultura Chinchorro, las momias naturales de las turberas, las momias escitas, las chinas o el viejo Otzï, el verdadero abuelo congelado, son otros cuerpos cuyo estudio presenta similares cuestiones. Es el caso de momias incas como Juanita, la doncella de hielo, hallada por Johan Reinhard en una cumbre andina donde había sido sacrificada. Cuando grupos de defensa de los nativos americanos condenaron la intrusión en la momia y pidieron que se la respetara en nombre de la civilización inca, Reinhard, estupefacto, señaló la paradoja de que se apelara a una tradición cultural que de hecho fue lo que mató a la pobre Juanita..

Pasaporte al pasado con implicaciones al presente


MÓNICA SALOMONE 28/02/2010

No hace falta a estas alturas glosar las posibilidades que abre la capacidad de descifrar la información densísimamente empaquetada en la molécula de ADN. Como muy bien saben desde los guionistas de series de televisión a los abogados defensores, en el ADN están escritas las relaciones de parentesco; la propensión a padecer enfermedades; la afición por los deportes de riesgo; la potencialidad para desarrollar habilidades por los estímulos adecuados)... La criminalística, las compañías de seguros, la medicina... la revolución del ADN afecta a infinidad de sectores. La aseguradora australiana Nib ofrece a 5.000 de sus clientes pruebas genéticas a mitad de precio, con las podrán cuidar más su salud.

La investigación histórica no iba a ser distinta. El ADN ha confirmado que Thomas Jefferson, el primer presidente de Estados Unidos, tuvo siete hijos con su esclava Sally Hemmings. También ha investigado las huellas dejadas por el virus de la gripe que causó la terrible epidemia de 1918. Ha desvelado que no hubo cruce genético entre neandertales y cromañones. Y está ayudando a aclarar qué población decidió emigrar de África hace decenas de miles de años para acabar dando lugar a los humanos del planeta.

Ahora bien, la posibilidad de leer el ADN de un organismo -vivo o muerto- no es una panacea. La molécula es frágil y resiste mal el paso del tiempo; ante una muestra de tejido antigua los investigadores sudan para sacar algo en claro. Luego está el fantasma de la contaminación. Hasta los laboratorios más prestigiosos han tenido algún susto, incluso después de publicar su trabajo en revistas científicas, cuando han constatado que el ADN al que tan laboriosamente habían 'hecho hablar' había contado una historia, sí, pero de alguien que dejó sin querer su firma genética en la probeta. Así, los investigadores de ADN antiguo han fijado un límite teórico en 100.000 años, más allá del cual asumen que el resultado es poco fiables.

No hay duda sobre los trabajos de Tutankamón. Pero si el ADN se consolida como fuente en la investigación, los arqueólogos tendrán que enfrentarse a tantas caras de la moneda como el resto de expertos.

dimecres, 17 de febrer del 2010

Tutankamón fue fruto de una relación incestuosa que le pudo causar enfermedades y malformaciones

El faraón tiene que ser el descendiente de una de las hijas que Amenhotep III tuvo con la reina Tiye  |  Más que parecido a un Dios, Tutankamón era débil y achacoso  |  La endogamia pudo terminar con la dinastía más poderosa del Nuevo Reino

17/02/2010 | LA VANGUARDIA | Cultura

 
Tutankamón fue fruto de una relación incestuosa que le pudo causar enfermedades y malformaciones
Tutankamón fue fruto de una relación incestuosa que le pudo causar enfermedades y malformacionesAP /Ben Curtis
Imagen de archivo de la momia de Tutankamon en una nueva caja de cristal en Luxor, Egipto

El Cairo/Hamburgo. (dpa) - Más de 3.000 años después de la muerte de Tutankamón, el mito del faraón similar a un Dios sufrió graves daños. Lejos de la imagen idealizada del rey juvenil, era débil, achacoso, enfermo y, además, hijo de una unión incestuosa: sus padres eran hermanos.
Las pruebas de ADN confirman que Tutankamón muerió a causa de una enfermedad ósea relacionada con la malaria
Las pruebas de ADN confirman que Tutankamón murió a causa de una enfermedad ósea relacionada con la malaria /   LVE

 

A estas conclusiones llegó un equipo de investigadores internacional liderado por el director del Consejo Superior Egipcio de Antigüedades, Zahi Hawass, que presentó sus conclusiones hoy en El Cairo.

Tutankamón, que murió con apenas 19 años, y cuya máscara de oro es conocida en todo el mundo, sufría de una grave enfermedad ósea y de malaria.

La relación incestuosa de sus padres puede haber sido el motivo de varias de las malformaciones del legendario rey niño y haber causado en parte su muerte temprana, según dijo el investigador Albert Zink de la Academia Europea en la localidad italiana de Bolzano (EURAC).

En un ambicioso proyecto de investigación de dos años, Zink investigó junto a sus colegas las momias de los miembros de la familia real. Con ayuda de los tests genéticos, los científicos descubrieron que el padre de Tutankamón fue el rey Akenatón. "Es fantástico que hayamos podido extraer ADN del cuerpo de una persona que murió hace más de 3.000 años", dijo Hawass.

También encontraron a la madre de Tutankamón. Se trata de una mujer que llaman "Younger Lady", una momia con la denominación KV35YL. Sin embargo, aún no se pudo establecer quién era. De todas formas, los investigadores están seguros de que no fue la esposa de Akenatón, la reina Nefertiti, famosa por su extraordinaria belleza. La que sigue siendo mencionada como posible madre de Tutankamón es la segunda mujer de Akenatón, Kiya. Los abuelos de Tutankamón fueron el faraón Amenhotep III y la reina Teye.

Akenatón puede haber engendrado a Tutankamón con su hija


Sin embargo, según Zink, hay una segunda -y teóricamente posible- explicación para la gran similitud genética entre el padre de Tutankamón y su madre. Akenatón puede haber engendrado a Tutankamón con su hija. Pudo casarse con ella "porque era un Dios", explicó Hawass. "También Tutankamón se casó con su hermana o media hermana Anjesenamón", dijo Zink. "Este tipo de uniones dentro de la familia real no eran inusuales", agregó.

Mediante las huellas dactilares los investigadores pudieron establecer un árbol genealógico de cinco generaciones de la familia de Tutankamón. El "faraón niño" Tutankamón vivió hace unos 3.300 años. Se volvió muy famoso cuando fue descubierta en el Valle de los Reyes su tumba, que no había sido saqueada. Allí se encontraron máscaras de oro, muebles y otros tesoros.

Tutankamón llegó al trono con apenas ocho años y murió según algunos investigadores en 1324 antes de Cristo, a los 19 años. Tuvo dos hijos que nacieron muertos. Los dos fetos fueron encontrados asimismo en su tumba.

La endogamia pudo terminar con la dinastía más poderosa del Nuevo Reino
Con Tutankamón terminó la dinastía de gobernantes más poderosa del Nuevo Reino, quizá la época más conocida de tiempos de los faraones.

La causa de la muerte de Tutankamón fue al parecer una enfermedad ósea relacionada con la malaria. De esta forma podría quedar definitivamente desechada la presunción de que Tutankamón había sido asesinado. "Creo que con esto podemos cerrar algunas preguntas acerca de la muerte del rey Tutankamón", afirmó Hawass.

Los investigadores le diagnosticaron al faraón varias enfermedades, entre ellas labio leporino y deformaciones en los pies.

La endogamia durante generaciones llevó aparentemente a una mala irrigación de los huesos y con ello a su desintegración. "Esa enfermedad por sí sola seguramente no llevó a su muerte, pero le redujo fuertemente la movilidad", explicó Zink. "Esto también aclara por qué se encontraron tantos bastones en su tumba". Sin ellos, el faraón no podía caminar.

El científico de la ciudad alemana de Tübingen Carsten Pusch también participó en el trabajo en el laboratorio de análisis de ADN en El Cairo. "Tutankamón sufría del peor tipo de malaria, la malaria tropical", señaló. "Esto, junto a la necrosis ósea, podría haber llevado a su muerte".


MÁS INFORMACIÓN

El ADN de Tutankamón revela que murió de una enfermedad ósea relacionada con la malaria


Ignacio Orovio | El Cairo | 16/02/2010| Actualizada a las 21:08h | Cultura

Una enfermedad ósea y la malaria crónica fueron la causa de la muerte a los 19 años del faraón más famoso de la historia, Tutankamón, que además fue hijo de Akenatón y de KV35YL: no es una broma, es la denominación de la tumba de la que mañana será supuestamente desvelada como madre de Tutankamón . Así lo desvela un estudio del Consejo Superior de Antigüedades (CSA) de Egipto que se publica hoy en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) y se presenta mañana en rueda de prensa en El Cairo.

El pormenorizado estudio revela lo que se sospechaba: Tutankamón era hijo de Akenatón. Lo dicen los análisis de ADN, con lo que avalan la tesis más apoyada entre los arqueólogos. La investigación es algo más que una ostentosa puesta en escena por parte del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, es un paso importante en la historia de esta disciplina, tradicionalmente basada en rel análisis e interpretación de restos escritos, obras de arte, construcciones y contextos geopolíticos. El estudio conmocido ayer enlaza de forma poderosa la más pura ciencia con la más pura de las vocaciones, la del profesional que se deja los veranos y las uñas rascando capas de polvo en busca de no sabe nunca qué. Esta investigación del CSA ha durado más de dos años y este miércoles se presenta ante la prensa internacional en el Museo Egipcio de El Cairo.


...EL ANÁLISIS 
Eduardo Porta


Misterio, riquezas,enigmas de procedencia, secretos cronológicos, maldiciones (que nunca existieron)
y gran propaganda. He aquí las razones de la seducción que ejerce este escondido faraón cuyo nombre, Tutankamon, nos hace soñar con el antiguo y el actual Egipto.


¿Fue un gran faraón? No ¿Derrotó a todos sus enemigos? No ¿Amplió el imperio? No ¿Incrementó las riquezas? No ¿Aportó grandes beneficios sociales a su pueblo? No ¿Tuvo muchos hijos? No ¿Reinó dutrante mucho tiempo? No.


¿Murió envenenado? Tal vez.¿Murió asesinado? Tal vez ¿Por tuberculosis? Tal vez ¿Por un accidente de caza? Tal vez ¿Fue hijo de Akhenaton, el faraón hereje? Tal vez.


Lo único que sabemos con certeza es que murió muy joven, sobre los 19 años, y que fue enterrado en el actual Valle de los Reyes en una tumba que no fue construida para él sino reaprovechada de algún otro personaje y que el día 4 de noviembre de 1922 un arqueólogo mediocre, de profesión acuarelista, Howard Carter, descubrió su tumba, la KV 62, debajo de las estancias de los obreros de la tumba de Ramsés VI. Tutankamon albergaba la colección de materiales arqueológicos y artísticos
más importante de la historia de la humanidad, aún no superada. 1.780 objetos, no miles ni cien-
tos de millares como se ha escrito en muchas ocasiones.


De los aproximadamente 230 faraones (desde 3100 a.C., con Scorpion Djener, hasta Cesarion, en 30 a.C.) fue el 100, más o menos. Y es el único conocido que sigue en el mismo lugar en que fue enterrado: en su tumba y en uno de los sarcófagos construidos expresamente para él.


Ahí reposaba con pocos problemas hasta que la presión del circo turístico ha conseguido que su momia, a los 86 años de su descubrimiento, y que se encuentra en un estado de gran deterioro, sea expuesta a un público que en general sólo busca el morbo de contemplar un cadáver famoso.


E. PORTA, conservador de museos y consultor del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto
¿Por qué nos sigue fascinando?


dilluns, 26 de maig del 2008

Tutankamón se presenta en sociedad

Tutankamón se presenta en sociedad

La momia del faraón se exhibe desde hoy a los visitantes en el Valle de los Reyes


Zahi Hawass con el sarcófago de Tutankamón
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Zahi Hawass con el sarcófago de Tutankamón- AFP

Rostro de Tutankamón
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Rostro de Tutankamón- AFP




JACINTO ANTÓN - Barcelona - 05/11/2007

Tutankamón se alza de entre los muertos. De las tinieblas a la luz. Como un Lázaro tebano, el joven faraón, el rey-niño que ha fascinado a generaciones enteras desde el hallazgo de su tumba por Carter en 1922, ha abandonado el sarcófago en el que descansaba a oscuras para dar la cara y ofrecerse desde ahora abiertamente a la mirada del público, para recibir en casa como quien dice (en su misma tumba en el Valle de los Reyes, en Luxor). Hasta el momento, sólo los expertos que han estudiado periódicamente el cuerpo del faraón habían tenido el privilegio de verlo en directo, aunque ha sido fotografiado copiosamente.

La exposición de Tut es una maniobra publicitaria de altos vuelos para Egipto

La momia de Tutankamón fue exhibida ayer -presentada en sociedad cabría decir- por primera vez en su nueva instalación: una urna de plexiglás transparente monitorizada a fin de prevenir cualquier alteración climática que pudiera dañarla. Desde hoy, cualquiera -previo paso por taquilla- podrá estar cara a cara con el que, pese a su breve reinado, es sin duda el faraón más famoso de la historia. Una experiencia fabulosa.

Aunque el salto es cualitativamente colosal, de permanecer oculto a mostrarse a los visitantes, Tutankamón se ha desplazado muy poco: apenas unos metros dentro de su propia tumba, KV 62, en el Valle de los Reyes. Hasta ahora, y desde el descubrimiento y vaciado de la tumba, la momia del rey descansaba en una humilde caja de madera dentro del ataúd dorado exterior -uno de los tres ataúdes antropomorfos que, como muñecas rusas, rodeaban originalmente el cuerpo de Tutankamón-, metido éste en el gran sarcófago cuadrado de cuarcita abierto. Asomado desde la antecámara de la pequeña tumba a la cámara funeraria, que está más abajo, el visitante todo lo que veía eran las facciones doradas del ataúd dentro del sarcófago de piedra cubierto con una plancha de cristal. Ahora, la urna transparente que es el nuevo lecho mortuorio de Tut está en la antecámara, a poca distancia del sarcófago ya vacío.

De la presentación del nuevo estado social de la momia -visitable- se encargó ayer, cuando se cumplían exactamente 85 años del hallazgo de la tumba, el secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto e impulsor de la iniciativa, Zahi Hawass, que, con su facilidad para la palabra ampulosa, dijo exultante, según informa Reuter: "Hoy es un gran día. Con la colocación de la momia en la vitrina, mandamos al niño dorado a la vida eterna". La decisión de trasladar a Tutankamón a la urna se ha justificado, efectivamente, con la necesidad de protegerlo, ante el serio deterioro ambiental de la tumba, causado, en buena parte, por la humedad que desprenden los turistas durante las visitas (respiración y transpiración). Hawass recalcó ayer que Tutankamón amenazaba convertirse en polvo (sugerente imagen que nos remite a una escena de The Mummy Returns). En cualquier caso, la exposición de Tut, que entra en el selecto club de los faraones expuestos -Ramsés II, Seti I, etcétera-, es además una maniobra publicitaria de altos vuelos para Egipto y sus antigüedades en un momento en que la gira internacional de parte de sus tesoros ha despertado de nuevo la tutmanía mundial. Ayer, National Geographic (sociedad de la que Hawass es explorador residente) y Discovery Channel, entre otras televisiones, grabaron en directo el delicado momento del traslado de Tut del sarcófago a la urna.

La exhibición de Tutankamón coincide también con las nuevas teorías sobre su deceso: habría muerto por una grave herida en la pierna causada por un accidente de carro durante una cacería, que le habría provocado gangrena.

Para su exhibición, Tutankamón ha sido adecentado, pues no era cuestión de presentarlo en toda su patética desnudez (al retirar el envoltorio de la momia y realizarle la primera autopsia, en noviembre de 1923, Carter y Derry la dejaron muy maltrecha, en parte literalmente en los huesos). El cuerpo de la momia ha sido castamente cubierto con una sábana de lino -de acuerdo con la moda reciente en Egipto de exhibición de cuerpos faraónicos embalsamados: mostrar sí, pero con dignidad, sin estimular el morbo- , no dejando expuesto a las miradas más que el rostro y la cabeza del rey (y los pies). Cualquiera puede desde ahora asomarse a esa cara conmovedora y a la vez misteriosa, escrutar las órbitas vacías donde unos ojos observaron cosas maravillosas (muchas más de las que vio Carter) hace más de tres mil años.

El rostro de Tutankamón, para quien quiera irse preparando, es oscuro, más que la piel del cuerpo (blanca grisácea donde se conservó), de piel quebradiza y manchada de natrón residual del proceso de embalsamamiento. La cabeza está limpiamente afeitada, las orejas perforadas, la nariz aplanada por la presión de las vendas. Carter refirió con tono conmovedor "las bellas y bien formadas facciones del rey" -aunque tanta poesía no le impidió usar cuchillos calientes para desprenderle la máscara de oro-. Mustafá Wazary, director del Valle de los Reyes, señaló ayer, según France Press, a los periodistas presentes: "Lo que van a ver es una cara muy hermosa. De un joven guapo, con una bonita sonrisa". Hombre, guapo, guapo, Tutankamón no lo es, al menos ahora. Es cierto que tiene una expresión cordial, un punto conejil, pero seguramente se deba más al embalsamamiento que al carácter.

Peripecias de una momia

- La tumba de Tutankamón fue hallada el 4 de noviembre de 1922, pero hasta el año siguiente no se accedió al cuerpo del rey, en la cámara sepulcral.

- Carter y su equipo trataron brutalmente la momia, que de hecho quedó descuartizada tras retirarle los abalorios y vendas y practicarle la autopsia. Se fotografió el cuerpo en una caja de madera con arena para que pareciera articulado.

- En 1968 se practicó una nueva autopsia que incluyó radiografías. Se descartó la tuberculosis. Teoría del golpe en la cabeza. Se extravió el pene.

- Nuevo análisis en 2005, escáner, tomografía computerizada. Se descartó el asesinato. Se observó fractura en la pierna izquierda. Apareció el pene.

La maldición de Tutankamón

El regreso de la fiebre faraónica

Londres acoge una de las mayores exposiciones de la historia sobre Tutankamón



La edad de oro de los faraones

FOTOS - AFP - 13-11-2007

Escultura de Tutankamón, una de las piezas encontradas en su tumba- AFP

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JACINTO ANTÓN - Londres - 14/11/2007

"Al principio no pude ver nada (...) pero cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad pude distinguir la silueta de extraños animales, estatuas, y oro... por todas partes el brillo del oro". Añádase a las frases emocionadas de Howard Carter al irrumpir en la tumba de Tutankamón en 1922 un rato de cola, la opción de audioguía con la voz de Omar Sharif y la constatación de que estamos bajo una carpa (Millennium Dome) junto al Támesis y no en un sepulcro en la orilla occidental del Nilo. Y se tendrá la impresión inicial que provoca la exposición sobre el joven faraón presentada ayer en Londres en medio de una gran expectación y bajo el oficioso lema de Tut is back.

La muestra, que se inaugura mañana, llega 35 años después de la última sobre tesoros del rey, celebrada con éxito en el British Museum (1,7 millones de visitantes). Ahora es The O2, en Greenwich, el lugar elegido para este Tut superstar, que en diciembre convivirá con el Boss (Springsteen toca el 19). La competencia será dura, no en balde uno de los organizadores señaló ayer que la gira mundial de Tutankamón "es el come back tour de más éxito en los últimos 3.000 años". La exhibición, que recala en Londres hasta agosto, es en esencia la misma que se vio en Basilea y Bonn en 2004-2005, pero el paso por EE UU, donde ha arrasado, y la incorporación de socios como National Geographic la ha hecho mucho más espectacular de diseño.

La muestra, con 11 salas temáticas en dos niveles -la última, una reconstrucción de la cámara funeraria de Tutankamón-, se presenta en pleno apogeo mediático del rey y con un desprecio total por las maldiciones: ayer era martes y 13.

"Cosas maravillosas": la manoseada frase de Carter a sus compañeros, mientras él solo avizoraba los amontonados tesoros de Tutankamón, viene una y otra vez a la cabeza al recorrer la exhibición. Se titula Tutankamón y la edad de oro de los faraones, algo que Zahi Hawass, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, justifica diciendo que en esos tiempos, la dinastía XVIII (1555 antes de Cristo-1305 después de Cristo), el imperio egipcio llegó a la cima de su poder, "y el oro flotaba como polvo en la tierra de los reyes". Hawass subrayó que Tut "esta vez ha venido con la familia": no se trata sólo de mostrar sus tesoros sino de ofrecer un recorrido didáctico y sensorial -la muestra es muy escenográfica- por el mundo de su dinastía. Entre los 130 objetos -50 de la tumba de Tutankamón-, los hay de los supuestos padres del joven (Akenatón y Kiya), madrastra (Nefertiti), bisabuelos (Tjuya y Yuya, Amenofis II), abuelo (Amenofis III) o tía (Sitamun).

"Cosas maravillosas". Ahí está el pequeño joyero de marfil del rey. Ahí la pequeña máscara dorada, patético remedo de la de su padre, de una de las dos hijas malhadadas del faraón niño. Pero ¿qué es aquel objeto dorado que brilla suspendido en el aire? ¡Es el extraordinario puñal de oro de Tutankamón!, hallado sobre su momia.

El cayado y el azote, símbolos del poder de Tutankamón sobre las Dos Tierras, están también aquí, y su copa-grial de alabastro, y una de las bellas tapas de vasos canopos, y, sobre todo, su diadema, la que portaba la momia y que seguramente Tut usaba en vida. Está asimismo el maniquí-escultura de madera, y la pequeña y delicada capilla hallada en la antecámara y cuyas puertas se abren para mostrar el inviolado misterio de una estatua ausente. De nuevo hay que citar a Carter: "El tiempo parecía perder su significado ante un espectáculo que recordaba tan vívidamente los solemnes ritos de una civilización desconocida".

Belleza en un aura de misterio

Uno de los aciertos de la exposición, además de presentar las piezas con un aura de misterio y belleza, de manera harto diferente a como se las exhibe en el melancólico Museo Egipcio de El Cairo, es que plantea a través de los objetos muchas de las cuestiones que penden sobre Tutankamón. Por ejemplo, la reutilización de objetos en su tumba.

A ello remite el minisarcófago -uno de los cuatro que iban embutidos en los vasos canopos y que contenían vísceras momificadas de Tutankamón-, que es uno de los símbolos de la exposición y que parece haber sido creado para otro faraón, el misterioso Neferneferuatón corregente de Akenatón. El pequeño féretro, de 39,5 centímetros, contenía el hígado embalsamado de Tut, que ya es reliquia.

El bellísimo reposacabezas de vidrio azul del faraón (Carter se lo llevó como recuerdo) alude calladamente a la secreta historia del escamoteo de objetos de la tumba. Hay más guiños: ¿no lo es ese rutilante abanico de oro que muestra en relieve a Tut cazando peligrosamente avestruces desde su carro a todo galope y que parece ilustrar la nueva teoría de la muerte del joven rey en accidente?

Hawass, que anunció ayer que por primera vez una misión arqueológica egipcia comienza a excavar en el Valle de los Reyes, recalcó que el dinero de las entradas de la exposición por primera vez revertirá en Egipto. "El 75% será para la conservación de las antigüedades egipcias, que son de todos". Hawass, que alardeó de que no le ha pasado nada por manipular la momia de Tutankamón (quizá aún es pronto para confiarse), añadió tras recordar que de otras giras de Tut, Egipto no vio un centavo: "Se acabaron los regalos".