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dimarts, 27 de maig del 2014

El ejército secreto nazi que trató de reconquistar Alemania tras la caída de Hitler

Día 18/05/2014 

Más de 2.000 soldados de la Wehrmacht formaron una unidad que conspiró para volver a apoderarse del país germano

Su líder había muerto, el nazismo también, pero ellos no estaban dispuestos a darse por vencidos ni a renunciar al «Tercer Reich» que tanto les había costado construir. Concretamente, estamos hablando de los más de 2.000 soldados de la Wehrmacht que, tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la conquista de Alemania por los aliados, formaron un ejército secreto con el que pretendían restaurar el nacionalsocialismo en el país germano -un hecho que han dejado patente los documentos desclasificados por la agencia de inteligencia alemana hace pocas jornadas-.
Corría por entonces una época de felicidad para Europa pues, tras años de sacrificios y fusilazos, se había conseguido acabar con Adolf Hitler y su reino de la esvástica. Sin embargo, no eran tiempos de júbilo para los retazos de las unidades nazis que, por aquí y por allá, se habían quedado aislados tras la toma del búnker de la cancillería en el que se habían suicidado el Führer y Eva Braun. Con todo perdido para los partidarios del Tercer Reich, en 1949 nació de soldados olvidados una sociedad secreta con un claro objetivo: recuperar Alemania.

En principio, este grupo se formó con más de 2.000 soldados de la Wehrmacht (las fuerzas armadas alemanas durante la II Guerra Mundial), aunque pronto se unieron a él multitud de oficiales de las SS dispuestos a restaurar, fuera como fuese, el honor que los aliados les habían arrebatado durante la guerra. Para ello, este «ejército fantasma» se dedicó a almacenar miles de cajas de armas, munición y granadas con la intención de dar un golpe de mano en el momento más inesperado.

A su vez, esta sociedad secreta decidió espiar a todo aquel político o activista que pudiera ser peligroso durante una futura invasión e, incluso, iniciaron una recluta clandestina de combatientes. Según sus cálculos, necesitarían más de 40.000 soldados para recuperar el control de la zona occidental de Alemania (primero) y el resto del país después. Sin duda, una operación digna de protagonizar una película de la factoría «Hollywood». 

Según los documentos desclasificados, la organización estaba regida por Albert Schnez y contaba con el patrocinio de hombres de gran poder económico y una considerable influencia. De hecho, dentro del grupo había militares que, a la postre, subieron en el escalafón del ejército alemán durante los años 50 y 60. En cambio, con el paso de los años quedó claro que su capacidad de acción era reducida y, al final, terminaron por abandonar sus ideas de reconquista. Este fue el destino del último ejército del Führer.


Un Ejército nazi clandestino

Un historiador descubre que 2.000 oficiales crearon un grupo de defensa tras la guerra

EL PAÍS, 25 MAY 2014

El canciller Konrad Adenauer, el segundo por la derecha, pasa revista a una compañía en 1956. /

 
Alemania acaba de descubrir un sorprendente capítulo inédito de su historia reciente. Después de la II Guerra Mundial, antiguos oficiales de la Wehrmacht, las fuerzas armadas de la Alemania nazi, y de la Waffen-SS, el brazo armado de la SS, formaron un ejército secreto para proteger el país de un supuesto ataque de la Unión Soviética. Un proyecto, descubierto casualmente ahora, que podría haber provocado un gran escándalo en aquella época. Durante casi seis décadas, los documentos que demuestran su existencia han permanecido ocultos en los archivos del Servicio de Inteligencia de Alemania (BND).

Alrededor de 2.000 veteranos nazis decidieron formar un ejército en 1949 a espaldas del Gobierno federal y los Aliados. El objetivo de los oficiales era defender a la naciente República Federal de Alemania de la agresión del Este en las primeras etapas de la guerra fría y, en el frente nacional, desplegarse contra los comunistas en caso de una guerra civil.

El coronel Schnez montó el ejército de espaldas al Gobierno, pero cuando el canciller Adenauer lo supo, lo consintió

El canciller alemán Konrad Adenauer no se enteró de la existencia de una conspiración en la sombra hasta 1951, pero no tomó medidas claras contra esta organización ilegal. De acuerdo con la documentación encontrada, en caso de una movilización, el ejército contaría con 40.000 soldados. El principal organizador era Albert Schnez, que había servido como coronel en la II Guerra Mundial. A finales de los años cincuenta formó parte del entorno del ministro de Defensa Strauss y posteriormente fue jefe del Estado Mayor bajo el mandato de Willy Brandt.

Las declaraciones de Schnez citadas en los documentos sugieren que el proyecto de creación de un ejército clandestino también fue apoyado por Hans Speidel —se convertiría en el comandante supremo de la OTAN del Ejército Aliado en Europa Central en 1957— y por Adolf Heusinger, primer inspector general del Bundeswehr (Ejército federal).

El historiador Agilolf Kesselring encontró los documentos —que pertenecían a la Organización Gehlen, el anterior Servicio de Inteligencia— mientras investigaba para el BND. Kesselring tiene especial interés por la propia historia militar de su familia. Su abuelo fue mariscal de campo durante la II Guerra Mundial y comandante en el Tercer Reich, con Schnez como subordinado. En su estudio, Kesselring disculpa con frecuencia a Schnez. Nada menciona sobre sus vínculos con la extrema derecha y describe sus labores de espionaje a supuestos izquierdistas como “controles de seguridad”.
El proyecto comenzó durante la posguerra en Suabia, una región que rodea Stuttgart, donde Schnez comercializaba madera, textiles y artículos para el hogar al tiempo que organizaba veladas para veteranos de la 25ª División de Infantería, donde él había servido. Pero sus debates siempre giraban alrededor de la misma pregunta: ¿qué debemos hacer si los rusos y sus aliados de Europa del Este nos invaden?

Para dar respuesta a esa amenaza potencial, Schnez pensó en fundar un ejército. Y aunque no respetó las ordenanzas de los Aliados —las organizaciones militares o "de tipo militar" estaban prohibidas—, rápidamente se convirtió en algo muy popular. Su ejército empezó a tomar forma en 1950. La red de Schnez recaudó donaciones de empresarios y de antiguos oficiales de ideas afines, contactó con grupos de veteranos de otras divisiones y acordó con empresas de transporte la entrega de vehículos.

El mariscal Albert Schnez en 1968. / Bundesarchiv

Anton Grasser, antiguo general de Infantería, se ocupó del armamento. Comenzó su carrera en el Ministerio del Interior supervisando la coordinación de la policía alemana. Quería utilizar sus activos para equipar a las tropas en caso de conflicto. No hay ninguna señal de que el entonces ministro del Interior, Robert Lehr, estuviera informado de estos planes.

Schnez quería crear un ejército con unidades formadas por antiguos oficiales pertenecientes a cuerpos de élite de la Wehrmacht, que podrían desplegarse con rapidez en caso de un ataque. De acuerdo con los documentos desclasificados, la lista incluía empresarios, representantes de ventas, un comerciante, un abogado penalista, un instructor técnico e incluso un alcalde. Es de suponer que todos ellos eran anticomunistas y, en algunos casos, estaban motivados por un deseo de aventura. Un ejemplo: el teniente general retirado Hermann Hölter "no se sentía feliz trabajando solo en una oficina".

Quedaba por determinar dónde podrían reubicarse en caso de emergencia. Schnez negoció con algunas poblaciones suizas, que mostraron "su desconfianza". Más tarde planificó un posible traslado a España que utilizaría como base para combatir del lado de los estadounidenses.

En su búsqueda de financiación, Schnez solicitó la ayuda de los servicios secretos de Alemania Occidental en el verano de 1951. Durante una reunión celebrada el 24 de julio de 1951, Schnez ofreció los servicios de su ejército en la sombra a Gehlen —jefe del servicio de inteligencia— para "uso militar" o "simplemente como una fuerza potencial", ya fuera en un Gobierno alemán en el exilio o de los aliados occidentales.

Una anotación en los documentos de la Organización Gehlen afirma que Gehlen y Schnez "habían mantenido durante mucho tiempo relaciones de carácter amistoso". El escrito también indica que los servicios secretos ya conocían la existencia de un ejército clandestino.

Es probable que el entusiasmo de Gehlen por la oferta de Schnez hubiera sido mayor si se hubiera producido un año antes, cuando estallaba la guerra de Corea. En aquel momento, Bonn y Washington habían considerado la posibilidad de, "en caso de que se produjera una catástrofe, reunir a los miembros de las antiguas divisiones alemanas de élite, armarlos y luego asignarlos a las fuerzas aliadas".

Un año después, la situación había cambiado, y Adenauer había desestimado esa idea. En cambio, presionó para que Alemania Occidental se integrase profundamente en Occidente e impulsó asimismo el establecimiento del Bundeswehr. El grupo ilegal de Schnez poseía la capacidad de poner en peligro esa política, ya que, si su existencia era de dominio público, podría haber desatado un escándalo internacional. Aun así, Adenauer decidió no tomar medidas contra la organización de Schnez.

El grupo proyectó asentarse en España después de que no encontrara demasiada receptividad en Suiza

El personal de Gehlen contactaba frecuentemente con Schnez. Además, ambos llegaron a un acuerdo para compartir datos secretos procedentes del servicio de inteligencia. Schnez se jactaba de tener una unidad de inteligencia "particularmente bien organizada". A partir de ese momento, la Organización Gehlen se convirtió en el destinatario de informes sobre antiguos soldados alemanes que presuntamente se habían comportado de forma "indigna" como prisioneros de guerra de los rusos, insinuando que habían desertado para apoyar a la Unión Soviética. En otros casos informaba de "personas sospechosas de ser comunistas en Stuttgart".

Con todo, Schnez nunca consiguió beneficiarse del dinero que recibía. Gehlen solo le entregaba pequeñas cantidades que se agotaron en el otoño de 1953. Dos años después, los primeros 101 voluntarios se alistaron en el Bundeswehr. Así pues, con el rearme de Alemania Occidental, el ejército de Schnez resultó innecesario.

Schnez falleció en 2007 sin haber revelado públicamente ninguna información acerca de los acontecimientos. Lo único que se conoce es gracias a los documentos en los archivos clasificados del BND bajo el título engañoso de "Seguros". Alguien tenía la esperanza de que nunca nadie encontrara un motivo para interesarse por ellos.

dijous, 12 d’agost del 2010

El único militar vivo que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima dice que lo "volvería a hacer"

BARCELONA, 6 Ago. (EUROPA PRESS) -

Fuente:http://www.europapress.es/nacional/noticia-unico-militar-vivo-lanzo-bomba-atomica-hiroshima-dice-volveria-hacer-20100806121835.html

El único militar vivo que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima a bordo del avión de combate B-29 'Enola Gay', Theodore Van Kirk, ha asegurado que lo "volvería a hacer" si las circunstancias actuales fueran las de entonces.

"Bajo las mismas condiciones que teníamos en la Segunda Guerra Mundial, el 6 de agosto de 1945, definitivamente, lo volvería a hacer", ha señalado Van Kirk, en declaraciones a Catalunya Ràdio recogidas por Europa Press.

"Era la forma más humana de acabar la guerra", ha añadido el militar entrevistado con motivo del 65 aniversario del ataque, que se ha recordado en una ceremonia en la ciudad japonesa a la que por primera vez EE.UU. ha enviado a un representante.

Además, dos supervivientes de la masacre han recordado el horror que vivieron ese día. "A las ocho y cuarto vi una gran luz en este lado del cielo, y diez segundos más tarde oí un gran ruido. Se rompieron las ventanas y resultaron heridos los profesores que estaban al lado de las ventanas", ha explicado Minoru Yoshikama.




Sense penediment

AVUI, 11/08/10 - EULÀLIA SOLÉ


El dia en què es complien 65 anys del llançament de la bomba atòmica sobre Hiroshima, Catalunya Ràdio va entrevistar l'únic supervivent dels dotze homes que anaven a l'avió que va efectuar el bombardeig. De la conversa, una particularitat remarcable: no està penedit. A més, admet que abans d'emprendre el vol sabia que podien destruir una ciutat sencera, que intuïa que es tractava d'una bomba atòmica perquè hi havia físics pel voltant, i pensava: “Que la bomba sigui un èxit”.

Probablement, si estigués penedit no hauria viscut fins als més de vuitanta anys que té actualment. Els remordiments corquen, escurcen la vida, per tant, cal cercar subterfugis. “No hi ha guerra sense víctimes”, diu als micròfons de la ràdio, i ell era un militar, és clar. El 6 d'agost de 1945, Hiroshima va ser arrasada i 70.000 persones van morir a l'instant. En acabar l'any, ja eren 140.000, a més dels milers de ferits, els quals han anat transmetent malalties als seus descendents. Amb tot, el bombardejador manifesta que “sota les mateixes condicions”, ho tornaria a fer. Cal suposar que aquell dia sabia que el Japó, ja abans d'entomar la bomba, tenia la guerra perduda.

La persona més assabentada, però, era el president Truman, i accelerar el final a costa d'una massacre no té justificació. Cadascú enganya els altres i s'enganya a si mateix com pot, es tracti d'un governat o d'un governant, i Harry Truman també va saber envellir. Per això no hi ha constància que mai hagués lamentat l'ordre que va donar.

Amb tot, si el bombardeig atòmic d'Hiroshima va ser una acció vituperable, encara resulta més repugnant que tres dies més tard es repetís sobre Nagasaki. Per als caps ben posats sobre les espatlles i les consciències netes, aquest segon atac es torna encara més criminal, per superflu. Transcorreguts els anys, els analistes creuen que tanta maldat innecessària només podia respondre a la voluntat de demostrar a l'URSS que els Estats Units eren els més forts.

Esgarrifosa explicació que posa sobre la taula l'evidència que la immensa majoria dels habitants del planeta no som més que formigues en mans de monstres.

dissabte, 5 de juny del 2010

La Segunda Guerra Mundial (breve)

FUENTE: http://www.muyinteresante.es/la-guerra-total

2guerra 


Entre 1939 y 1945, el mundo dio un vuelco: la democracia, antes limitada a media docena de países, se impuso ante los fascismos y se convirtió en el régimen vigente en la Europa occidental. Para ello hicieron falta 60 millones de muertes. Te lo contamos en este reportaje (también en este podcast).


En la II Guerra Mundial, todas las naciones implicadas combatieron hasta el final. No pensaron nunca en un armisticio como el que puso fin a la de 1914-1918. No cabían paces parciales. Fue todo o nada: ideologías buscando la aniquilación de las otras, sistemas sociales y económicos que se jugaban su supervivencia, naciones que si perdían quedaban esclavizadas o destruidas. No sólo era una cuestión de dominio político.

Las movilizaciones fueron masivas, sin deserciones como las de la Gran Guerra. Hubo no menos de 100 millones de combatientes. La cifra, sin parangón histórico, ni siquiera refleja la magnitud humana de la tragedia: la población civil se vio absolutamente implicada, con su contribución en sangre, desplazamientos a gran escala, miedos y temores. Se llegó a la guerra total. Los bloques se enfrentaron con todos sus efectivos económicos y sociales y una capacidad destructiva desconocida. Los costes humanos fueron brutales. Unos 16 millones de combatientes murieron o desaparecieron. A esto se añadieron además enormes mortandades en la población civil. Uno de los bandos contendientes –sobre todo la Alemania nazi– llevó a cabo la persecución sistemática de grupos étnicos, religiosos e ideológicos. No fue un daño colateral, sino uno de los objetivos primordiales de la guerra. En el Holocausto, quizá cinco millones y medio de judíos fueron asesinados en el mayor genocidio del que tenemos noticia.

Y estuvieron los discrepantes con el régimen nazi, también perseguidos, los deficientes o los cientos de miles exterminados en los territorios conquistados sin razones específicas, por enemigos o porque su destino era convertirse en una raza esclava. Las cifras desbordan la capacidad de asimilación: unos tres millones de soldados rusos fueron aniquilados en los campos de concentración alemanes; en el sitio de Leningrado murió por debilidad y hambre quizás un millón de personas. Cientos de miles fueron abatidas en los bombardeos aéreos, que realizaron los dos bandos con el objetivo (no logrado) de derrumbar la moral del enemigo. Sólo en el de Dresde (Alemania) –realizado por los aliados– murieron unas 200.000 personas en una noche. Y está el colofón: la bomba atómica…

El 6 de junio de 2004 se reunían en Normandía los dirigentes de las potencias vencedoras, de sus actuales aliados y hasta los de los vencidos, en el aniversario del desembarco. Conmemoraban los 60 años de la victoria aliada. Es el acontecimiento fundacional de nuestra época, una larga etapa de paz y asentamiento democrático, pese a sus déficits. Ninguna conflagración general ha azotado Europa desde entonces, el periodo más largo en siglos. Hacia 1939, la democracia estaba circunscrita apenas a media docena de países. Después de la II Guerra Mundial se convirtió en el régimen de la Europa occidental. Llegaron nuevas alianzas, un sistema internacional presidido por la ONU, el desprestigio de los fascismos y el triunfo de una economía liberal sin intervencionismos totalitarios. Resulta verosímil que en 2014 se siga celebrando el nacimiento del periodo histórico que vivimos. Identificar las causas de la I Guerra Mundial hizo correr ríos de tinta, por la gestación colectiva de un complejo sistema de equilibrios internacionales, pero apenas ha habido discusiones sobre el origen de la conflagración que comenzó en 1939. La provocaron las potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón.

El Tratado de Versalles cerró mal las heridas de la Gran Guerra y creó en Europa el caldo de cultivo para los totalitarismos, pero no se le puede achacar el comienzo de la tragedia. Sí a quienes en tal contexto levantaron unos agre sivos idearios que querían eliminar pueblos, desplazarlos o esclavizarlos. En el Pacífico, el expansionismo militarista de Japón –de índole distinta al nazismo pero de su misma filiación– fue el origen de esta parte de la guerra. Así, los sucesos europeos y orientales confluyeron en la conflagración mundial. Se ha discutido mucho si Inglaterra, Francia y Estados Unidos hicieron lo posible por evitar la contienda. La respuesta es negativa: no desarrollaron la política que hubiese esquivado la guerra. No apreciaron la agresividad implícita en la política nazi y cedieron cuando no tenían que hacerlo. Pero no evaluar el peligro de lo que estaba enfrente –con ser políticamente grave– es distinto a ostentar la culpabilidad por el estallido del conflicto. Eso sí: en el pacto de Munich no atisbaron que el nazismo se les iba de las manos. Lo creían apaciguado y siguieron inactivos tras la ocupación alemana de Praga... La guerra estalló por la agresividad de las potencias del Eje, en particular de Alemania tras el ascenso nazi. Adolf Hitler sostenía un programa racista y expansivo. En Mein Kampf escribió: “Alemania tiene que ser una potencia mundial o no habrá Alemania”. Este dramatismo esencialista lo envolvió todo. “Tengo que elegir entre la victoria y la destrucción. Está en juego […] el ser o no ser de una nación”, concretaba mesiánico en 1939, ya en guerra.

Pese a la ferocidad de su discurso, durante los años anteriores muchos pensaron que era mera retórica para el consumo interior. Pero Hitler hablaba en serio. Su personalidad resulta clave en el desencadenamiento y desarrollo de la contienda. Era un tipo vulgar, de cultura mediocre, sin dotes destacables a no ser su capacidad demagógica. La excepcionalidad histórica reside en que un sujeto así alcanzase el poder que provocó la tragedia. Su discurso expresó los resentimientos que abundaban en la Alemania de Weimar, construyó un partido de matones y conquistó un poder absoluto. La violencia y el terror ocupaban un lugar prioritario en su política, así como el desprecio a criterios morales, legales y éticos. A diferencia de otros dictadores, no se contentó con disfrutar el poder, sino que siguió un programa compulsivo. En la política y en la guerra, Hitler mantuvo las mismas pautas: decisiones arriesgadas, sostenimiento de la tensión, progresiva creencia en su infalibilidad y ausencia de escrúpulos humanitarios. “Al vencedor no se le pregunta después si ha dicho la verdad […]. Lo que importa no es la virtud sino la victoria […]. Actúen brutalmente”, explicaba Hitler días antes de comenzar la guerra.

El aventurerismo que le diera resultado en la liquidación de Versalles lo encontramos también en su dirección de la guerra. En conjunto fue errática, pese a sus afortunados éxitos iniciales. Creía que la guerra sería corta, que unas acciones rápidas le darían la victoria. Hitler era consciente de que Alemania no podría resistir una guerra larga, y menos si se producía en dos frentes, pero eso fue lo que produjeron sus decisiones. Otra práctica le resultaría fatal: a los países ocupados los trató como el conquistador que quiere esclavizar y destruir. Así, entre los invadidos no pudo atraerse ningún sector significativo, a no ser cuadrillas de matones proclives a la brutalidad. Frente al belicismo de Alemania se situó la pasividad de los países democráticos. En Francia podían las divisiones de la opinión y un estado de ánimo que no quería creer en una guerra. En Gran Bretaña, menos Churchill y unos pocos, suponían que Hitler limitaría sus ambiciones y que, en todo caso, no amenazaría sus intereses. Estados Unidos vivía una época aislacionista, mientras que la Unión Soviética acabó pactando con Alemania, pese a que la doctrina hitleriana la destacaba como el principal enemigo. A Stalin le influyeron las vacilaciones occidentales: temió que estuviesen dando a Hitler libertad de acción en el Este. Le atraía además el reparto de Polonia entre los dos totalitarismos y la eventualidad de que las potencias capitalistas se desangraran en el oeste de Europa, una guerra de la que quizás Rusia sería capaz de recoger los despojos. Asegurada la colaboración soviética, seguramente Hitler supuso que, como mucho, las democracias opondrían objeciones de corto alcance. Pero esta vez se equivocó y la invasión de Polonia desencadenó la conflagración.

Inglaterra y Francia le declararon la guerra, pero Alemania estaba en condiciones de luchar en un solo frente. La guerra consistió de momento en acciones intermitentes, pero espectaculares. La campaña de 1940 lo fue en grado sumo. Invitó a confundir el aventurerismo militar de Hitler con genialidad estratégica. La ocupación de Francia –y la de Bélgica y Holanda– le dio el dominio total de toda la costa atlántica.

Gran Bretaña se negó a negociar: la lucha no sería breve. Italia entró en guerra abarcando el norte de África, además de las secuelas en otras colonias. Alemania no pudo pasar el canal de la Mancha, pero en 1941 y 1942 las tropas de Hitler y Mussolini dominaban el continente, incluyendo la invasión de los Balcanes. Las dictaduras no estabilizaron este poder y pudo la impaciencia de Hitler, ansioso por golpes militares definitivos.

El 22 de junio de 1941, Alemania invadió la Unión Soviética, su mayor error. Hitler y los mandos militares pensaban que sería una campaña breve que decidiría la guerra. Los alemanes ocuparon un gran territorio, pero sin ninguna victoria decisiva y con apuros invernales. Tras la primera paralización de Stalin, Rusia organizó un ejército llamando a la “guerra patriótica”, justificada por la brutalidad del invasor. La guerra, hasta entonces europea, se mundializó tras el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. El país nipón, con un régimen militarista y autoritario, desarrollaba una guerra imperialista en el sudeste asiático. Los japoneses creían que su expansión les exigía el control naval del Pacífico y que esto conduciría a la guerra con Estados Unidos, por lo que atacaron Pearl Harbor para destruir parte de la Armada norteamericana y que ésta no pudiera reaccionar.

Fue entonces cuando Estados Unidos se movilizó plenamente. Los aislacionistas respecto a Europa desaparecieron, pues Hitler se apresuró a declarar la guerra a Estados Unidos, otra decisión incomprensible. Con el pleno enfrentamiento entre dos grandes bloques, todo dependía ahora de los recursos humanos y materiales y en este caso la ventaja correspondía a los aliados, que tenían mayor población. Además, estaba la enorme capacidad productiva de los Estados Unidos, un territorio fuera del alcance de las armas enemigas. Desde 1942, las victorias fueron de los aliados: la expulsión de alemanes e italianos del norte de África, la victoria soviética en Stalingrado en la primavera de 1943, el desembarco aliado en Sicilia y su lenta penetración en Italia… En junio de 1944 tuvo lugar el desembarco de Normandía. A Alemania le llegaba la temida guerra en dos frentes. Su defensa fue tenaz; era la de una sociedad militarizada convencida de que se jugaba su supervivencia. Los avances de los aliados fueron lentos pero imparables y en la primavera de 1945, las tropas soviéticas llegaban a Berlín. Tras el suicidio de Hitler el 30 de abril, el 9 de mayo tuvo lugar la rendición incondicional de Alemania.

En el Pacífico seguía la penetración norteamericana hacia Japón, que fue una guerra costosísima en vidas humanas. Los japoneses defendían cada isla hasta el final y los kamikazes buscaban compensar la debilidad naval lanzándose contra los portaaviones americanos. Había comenzado el bombardeo estratégico de Japón cuando el presidente Truman ordenó lanzar la bomba atómica, que destruyó Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto). El 14 de agosto de 1945 Japón se rindió incondicionalmente.

A la capitulación de las potencias del Eje siguió la ocupación militar. No hubo negociaciones de paz, pero sí conferencias entre los aliados para repartirse la victoria, así como para definir sus relaciones posteriores y el futuro marco internacional. Hubo cambios en el mapa de Europa y más de 20 millones de desplazados, por la modificación de las fronteras y la expulsión de minorías étnicas. La guerra apuntaló a Estados Unidos como principal potencia, tras su papel económico durante la misma y el debilitamiento de los europeos. También provocó la emergencia de la URSS, que lideró un bloque de estados comunistas y con ello llegó la Guerra Fría, al aflorar las disensiones entre quienes habían colaborado en la contienda.

La Primera Guerra Mundial no pareció resolver ningún problema, pero esto no sucedió después de 1945. Los nuevos conflictos serían ya distintos a los que se habían dirimido en la contienda. Tras los enormes costos de la guerra –la mayor catástrofe humanitaria de la Historia–, se producía la estabilización política de Europa y se extendían en Occidente las democracias.

Manuel Montero

dissabte, 12 de desembre del 2009

Garbo: El Espía

Garbo: El Espía
Garbo: El Espía



Garbo: El Espía, es un interesante y muy logrado documental sobre el catalán Juan Pujol, quien llegó a ser un importante agente doble durante la Segunda Guerra Mundial.

Con el objetivo de causar el mayor daño posible a las fuerzas alemanas, Pujol, gerente de una granja de pollos, operaba desde Lisboa, donde había montado una red imaginaria de agentes a sus órdenes, los cuales, según decía, le suministraban información clasificada de los aliados.

Tras ofrecer sus servicios a los británicos, es minuciosamente examinado por estos, y bajo el nombre clave de Garbo se le asigna la misión de convencer a los alemanes que el desembarco de Normandía no es más que un truco, y que el auténtico ataque tendrá lugar en el Paso de Calais.


Luego de concluir con éxito su misión, Pujol desaparece misteriosamente, dándoselo por muerto con el tiempo. Pero treinta años más tarde, un escritor inglés de novelas de espías, Nigel West, pone en duda su muerte, sigue su rastro y lo ubica en Venezuela, donde ha hecho una nueva vida, se ha vuelto a casar y trabaja como profesor de inglés para la Shell. Nadie en su entorno sabía de su participación en la guerra.
Dirigida por Edmon Roch, Garbo: El Espía, fue realizada con fragmentos de películas de Hollywood, material de archivo, entrevistas y efectos digitales.

Trailer online de la película Garbo: El Espía

dilluns, 12 d’octubre del 2009

Katyn (cine histórico)



http://video.google.es/videosearch?hl=es&source=hp&q=katyn&lr=lang_es&um=1&ie=UTF-8&sa=N&tab=wv







TITULO ORIGINAL
Katyn
AÑO
2007
Ver trailer externo
DURACIÓN
115 min.
  Trailers/Vídeos
PAÍS

  (Novedad) Sección visual
DIRECTOR
Andrzej Wajda
GUIÓN
Andrzej Wajda, Andrzej Mularczyk
MÚSICA
Krzysztof Penderecki
FOTOGRAFÍA
Pawel Edelman
REPARTO
Andrzej ChyraMagdalena CieleckaArtur ZmijewskiDanuta StenkaMaja Komorowska,Wladyslaw KowalskiPawel MalaszynskiStanislawa CelinskaMarek KondratKrzysztof KolbergerKrzysztof Globisz
PRODUCTORA
Akson Studio
WEB OFICIAL
http://karmafilms.es/katyn/


2007: Nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa / Drama. II Guerra Mundial / SINOPSIS: Film histórico en el que se recuerda la masacre de 22.000 oficiales polacos -uno de ellos el propio padre del director Wajda- a manos del Ejército Rojo soviético en 1940, mientras la URSS invadía Polonia por el este, al tiempo que los alemanes lo hacían por el oeste. En Katyn -nombre del bosque cercano a Kiev (Ucrania) donde por orden de Stalin fueron asesinados los militares polacos- se narran los últimos días de estos oficiales y de sus familias, la angustia ante el destino incierto y la tragedia de un crimen que Rusia sólo reconoció, en 1990, tras la caída del comunismo. (FILMAFFINITY)


Fuente:http://www.filmaffinity.com/es/film120942.html

La Masacre de Katyn en Wikipedia



Monumento a la Masacre de Katyn erigido enWrocław, Polonia
La masacre de Katyn, también conocida como la masacre del bosque de Katyn (del polacozbrodnia katyńska, literalmente «crimen de Katyń») , fue la ejecución en masa de ciudadanospolacos (muchos de ellos oficiales del ejército, hechos prisioneros de guerra) por la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. En el curso de la masacre, aproximadamente de 15.000[2] a 22.000[3] polacos fueron ejecutados en tres lugares de ejecución masiva durante la primavera de 1940.
El descubrimiento de las tumbas masivas por la Wehrmacht (ejército nazi) condujo a la rotura de las relaciones entre el gobierno polaco en exilio (con sede en Londres) y la Unión Soviética. La masacre fue empleada con fines propagandisticos por el régimen nazi, mientras que Stalinculpaba al régimen nazi de la autoría.1 No fue hasta 1990, bajo el régimen de Mijaíl Gorbachov, cuando se aclaró la responsabilidad de la Unión Soviética. Este hecho influencia hasta ahora las relaciones entre Polonia y Rusia.

Contenido

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Trasfondo [editar]

En principio la expresión se refiere a la masacre de los oficiales polacos confinados en el campo de prisioneros de guerra de Kozielsk2 en el bosque de Katyn, cerca del pueblo de Gnezdovo, a poca distancia de Smolensk, en la Unión Soviética. Más recientemente la frase se ha venido asociando a la muerte de aproximadamente 22.000 ciudadanos polacos, prisioneros de guerra de los campos de KozielskStarobielskOstashkov y presos de las cárceles del oeste de Bielorrusia y Ucrania, asesinados por orden de Stalin en el bosque de Katyn y las prisiones de KalininJárkov y otras ciudades soviéticas.


Cementerio de guerra de Katyn, puerta principal
Muchos polacos habían sido hechos prisioneros de guerra tras la invasión y la derrota de Polonia por los Nazis y la Unión Soviética en septiembre de 1939, una semana después de la firma del pacto secreto Pacto Molotov-Ribbentrop o pacto entre Hitler y Stalin. Muchos campos de prisioneros fueron usados para el internamiento de polacos capturados, incluyendo los campos de OstashkovKozielsk y Starobielsk. Los dos últimos fueron usados principalmente para oficiales, mientras que Ostashkov se usó, sobre todo, para exploradores, gendarmes, policías y funcionarios de prisiones.
El 5 de marzo de 1940, de acuerdo con una nota para Stalin preparada por Lavrenty Beria,3miembros del politburó soviético - StalinVyacheslav MolotovLázar KaganóvichMijaíl Kalinin,Kliment Voroshílov y Beria - firmaron una orden de ejecución de activistas "nacionalistas y contrarevolucionarios" mantenidos en campos y prisiones de la parte oeste ocupada deUcrania y Bielorrusia. Esto provocó el asesinato de unos 22.000 ciudadanos polacos, incluyendo unos 15.0004 prisioneros de guerra. La extensa definición de acusado incluyó un número significativo de miembros de lainteligencia polaca además de policías, reservistas y oficiales militares en activo.
El descubrimiento de la masacre precipitó la ruptura de las relaciones diplomáticas entre la Unión soviética y el gobierno polaco en el exilio enLondres en 1943. La Unión Soviética negó las acusaciones hasta 1990, cuando la URSS reconocíó que el NKVD fue responsable de la masacre y su encubrimiento.

Preparativos soviéticos [editar]



Los contornos de las fosas comunes fueron cubiertos con cuadros de caliza, como lápidas simbólicas
El 19 de septiembre de 1939, el Comisario de Seguridad del Estado de primer rango, Lavrentri Pavlovich Beria (el comisario popular para asuntos internos) llamó al Consejo del NKVD de la URSS para prisioneros de guerra e internos (dirigido por el Capitán de la Seguridad del Estado,Pyotr K. Sopruneko) y ordenó establecer campos para los prisioneros polacos. Fueron:Jukhnovo (estación de tren de Babynino), Yuzhe (Talitsy), KozelskKizelshchynaOranki,Ostashkov (Isla Stolbny en el lago Seliger, cerca de Ostashkov), Putyvli (estación de Tetkino),StarobielskVologod (estación de Zaenikevo) y el campo de Gryazovets.
En el período entre el 3 de abril al 19 de mayo de 1940, alrededor de 22.000 prisioneros de guerra y prisioneros comunes fueron asesinados. Cerca de 6.000 prisioneros de guerra del campo de Ostashkov, sobre 4.000 del campo de Starobielsk, 4.500 del campo de Kozielsk, y 7.000 prisioneros de la parte oesta de Bielorrusia y Ucrania.
Solo 395 prisioneros fueron salvados de la matanza. Fueron tomados de los campos de Yuknov y llevados a Gryazovets. Fueron los únicos que escaparon de la muerte.
Si bien los alemanes negaron conocer sobre esta masacre hasta 1943, un informe británico de la Oficina de Relaciones Exteriores de la post-guerra llega a sugerir que la masacre fue realizada por sugerencia o bajo complicidad alemana.5

Tecnología de la masacre [editar]



Ofrenda de Lech Kaczyński, presidente de Polonia, septiembre 2007
Hasta el 99% de los prisioneros restantes fueron subsecuentemente asesinados. Las personas de Kozielsk fueron asesinadas en el lugar habitual de ejecuciones en masa de Smolensko, llamado el bosque de Katyn. Las de Starobielsk fueron asesinadas dentro de la prisión del NKVD de Járkov y los cuerpos fueron enterrados cerca de Pyatikhatki; y los oficiales de policía de Ostashkov fueron asesinados en la prisión del NKVD de Kalinin (Tver) y enterrados enMiednoje.
Durante la vista de Dimitrii S. Tokarev, anterior jefe de la Junta del Distrito del NKVD en Kalinin, se ofreció información detallada acerca de las ejecuciones en la prisión del NKVD de Kalinin.
De acuerdo con Tokarev, los fusilamientos empezaban por la tarde y terminaban al amanecer. El primer transporte, el 4 de abril de 1940, trajo 390 personas, y los verdugos se encontraron con un trabajo duro por tener que matar a tantas personas en una sola noche. Los siguientes transportes no llevaron más de 250 personas. Las ejecuciones fueron realizadas con pistolas tipo Walther de fabricación alemana y suministradas por Moscú.
Las ejecuciones fueron metódicas. Después de revisar la información personal del condenado, éste era esposado y llevado a una celda aislada. Los sonidos de las ejecuciones eran enmascarados con máquinas ruidosas (tal vez ventiladores) durante la noche. Tras ser metido en la celda, la víctima era inmediatamente disparada en la nuca. Su cuerpo era sacado por la puerta de enfrente y depositado en uno de los cinco o seis vagones que esperaban, de donde era cogido el siguiente condenado. El procedimiento se desarrollaba cada noche, excepto en la fiesta del 1 de mayo.
Cerca de Smolensk, los polacos, con sus manos atadas a la espalda, eran conducidos a las fosas y disparados en la nuca.

Katyn - Un film testimonial de Andrzej Wajda [editar]

Andrzej Wajda, director y cineasta polaco que ya cuenta con 82 años, cree que su película Katyn sobre la masacre en los bosques de Smolensk será su última obra. Obra fue nominada para el Oscar al mejor film extranjero en 2008.
La película aborda un serio episodio de la historia polaca del siglo XX, pero relacionado con su propia historia familiar, ya que su padre, capitán del 72º regimiento de infantería, fue uno de los 22.500 polacos, civiles y militares, que fueron asesinados por las tropas soviéticas en el bosque de Katyn, una pequeña localidad cercana a Smolensk.
Andrzej Wajda dice: "Yo quería relatar una historia sobre algo que experimenté, sobre mi padre y mi madre. Todo ocurrió en una época que recuerdo aún: tenía 13 años cuando comenzó la guerra".
Hacer un film sobre Katyn habría sido imposible en la época comunista, ya que la imagen de los soviéticos estaba asociada a la liberación."...Sobre esa mentira reposaba la sumisión de Polonia a Moscú", dice Wajda. Contar esa doble historia, la de la mentira y los crímenes, que llevó a 42 años de padecimientos de los familiares de las víctimas; era un deber moral consigo mismo y con su país.6

Conclusiones [editar]

Con la intención de olvidar el incidente, distintos funcionarios rusos, polacos, ucranianos y bielorrusos investigaron. Sin embargo, nuevos documentos7 prueban como Stalin había asesinado a otros once mil polacos que vivían en las antiguas provincias orientales, anexionadas a laURSS. También tras la invasión del verano de 1941 fueron ejecutados otros tres mil prisioneros polacos.
... Yeltsin volvería a aparecer en una ceremonia oficial para colocar la primera piedra de un cementerio polaco en Katyn. Sin embargo, el presidente ruso no prosiguió con sus manifestaciones a pesar de lo sucedido. Señaló, por el contrario, que el terror propio del Estado totalitarioque había sido la URSS no sólo había afectado a los polacos, sino, fundamentalmente, a los ciudadanos de la antigua Unión Soviética. A continuación añadió que la cuestión no debía servir para erosionar las relaciones entre Rusia y Polonia."8
El presidente ruso consideraba que la culpa de este suceso no debiera caer sobre la nación rusa, sino sobre un sistema que había comenzado sus crímenes sobre sus propios ciudadanos. La aparición de nuevas fosas con fusilados polacos al este de los Urales, permite comparar ambos genocidios: socialista y nacional-socialista.9 En 1998Borís Yeltsin y Alexander Kwasniewski acordaron alzar sendos monumentos en Katyn y Mednoye.

Referencias [editar]

  1.  Comunicado alemán del 13 de Abril de 1943; Comunicado de Prensa de la agencia TASS de 15 de Abril de 1943. Citados en lamemorial wall/kmw romer.html declaración de Tadeusz Romer ante el Comité para Investigar la Masacre del Bosque de Katyn, 1952. En otras páginas de [1] se puede ver el uso propagandístico por parte de los alemanes, incluyendo las visitas forzosas de prisioneros de guerra británicos y norteamericanos.
  2.  Józef CzapskiEn Tierra Inhumana, Barcelona:Acantilado, 2008, pp. 116-117
  3.  Orden NKVD/794/B, Order of Execution by Stalin versión en inglés en wikisource
  4.  De los 8700 oficiales y 7000 oficiales soldados rasos recluídos, sobrevivieron unos 400, según Jósef Czapski: En Tierra Inhumana, Barcelona:Acantilado, 2008, p. 11
  5.  Katyn and the Soviet Massacre of 1940: Truth, Justice and Memory. George Sanford. Routledge, 2005. ISBN 0-415-33873-5, 9780415338738. Página 135.
  6.  Artículo en "La Nación"
  7.  César VidalParacuellos, Katyn, 2005, página 272
  8.  > César Vidal, página 272
  9.  R.G. Pikoya y Aleksandr Gieyszor, Katyn: plenniki neob iavlennoi voiny, Moscú, 1997. Selección de informes del NKVD en Polonia de 1944 a 1946

Enlaces externos [editar]