Verificar o desmentir la leyenda negra que pesa sobre la polémica y apasionante familia valenciana es el objetivo de los historiadores que han comenzado a bucear en miles de documentos, hasta ahora secretos, del archivo vaticano.
Roderic de Borja, quien fue Papa con el nombre de Alexandre VI
Si hay algo incuestionable en los Borja es su pasión y amor por la familia.No caben dudas de que el nepotismo fue norma desde Calixt III.
Ad fontes (a las fuentes) gritaban los humanistas del Renacimiento con actitud rebelde frente al saber tradicional de cuño escolástico. “A las fuentes”, reclaman también ahora los investigadores que, coordinados por el Institut Internacional d’Estudis Borgians (IIEB), con sede en Valencia, han comenzado a bucear en la monumental copia del Archivo Secreto Vaticano –500 volúmenes y decenas de miles de documentos– depositada en esta ciudad, para descubrir toda la verdad e intentar verificar o desmentir la leyenda negra que pesa sobre una estirpe valenciana polémica, pero a la vez atractiva, apasionante, y clave en el desarrollo político de la Europa de la segunda mitad del siglo XV: los Borja (Borgia en castellano).
“Servint a minyons y reprenent-los de totes ses volentats, bé és menester que Déu me ajut” (sirviendo a niños y recriminándoles de todos sus caprichos, espero que Dios me ayude). El mensaje forma parte de una carta datada en Nápoles el 28 de septiembre de 1494 en la que, en un claro acto de desesperación, Joan d’Ixer, administrador de la casa de Jofré de Borja, hijo del Papa Alexandre VI (Roderic de Borja), advertía a Su Santidad de la enorme dificultad de controlar a su hijo menor, Jofré, y a la esposa de éste, Sancha de Aragón, de la que se dijo que fue amante de César Borja, hermano de Jofré, e incluso del propio Papa.
La misiva, inédita, que Joan d’Ixer mandó a Alexandre VI para defenderse de las acusaciones de no cuidar al joven matrimonio, forma parte de los documentos del archivo secreto de los Borja que el Vaticano ha permitido, en un caso único en la historia, sacar a la luz. Para muchos investigadores, estos papeles pueden ser lo que Júlia Benavent, profesora de la Universitat de València, especialista en el dominico Girolamo Savonarola –al que Alexandre VI condenó por su rebeldía–, valora como “una vuelta al examen de los hechos; porque ahora estos personajes se presentan acompañados de sus documentos, de sus palabras, de sus decisiones, y nosotros, en consecuencia, nos desprendemos de los prejuicios”.
Decía el Pare Miquel Batllori (1909-2003), el hombre que con más rigor se ha acercado a la verdad de esta familia, que cualquier aproximación a esta estirpe originaria de Xàtiva y Canals, debía hacerse así, “sin prejuicios”. Una familia que tuvo dos papas –Calixt III, Alfons de Borja (1378-1458); y su sobrino Alexandre VI, Roderic de Borja, (1431-1503)–; que ofreció grandes personajes al imaginario colectivo europeo, como César o Lucrecia, hijos de Roderic; que tuvo entre los descendientes a un santo, Francesc de Borja, biznieto de Alexandre VI, que llegó a ser general de los jesuitas; una dinastía que fue determinante en la política de Europa en el tránsito hacia las potencias absolutistas, que defendió la independencia de los estados pontificios y que impulsó el Renacimiento italiano, y sobre la que también pesa una leyenda negra que ha perdurado hasta nuestros días. ¿Eran los Borja una familia hambrienta de poder hasta el punto de utilizar el asesinato para alcanzar sus objetivos?, ¿organizaba Alexandre VI, como señalaba su secretario Bru, orgías en el Vaticano?, ¿fue la relación de Lucrecia con su padre y su hermano César incestuosa?, ¿mató César a su hermano Joan?, ¿fue el nepotismo norma en la conducta de los Borja?
Es precisamente esta leyenda negra, cuyos elementos sistematizó con éxito la investigadora alemana Marion Hermann-Röttgen, la que ahora se pretende cuestionar. O, al menos, se quiere abordar en su justa medida la conducta de unos personajes en su contexto, en un tiempo en el que “existía un difuso clima social de permisividad y tolerancia ante ciertos vicios, cuyo efecto era que no fuesen vistos por la opinión pública con la severidad con que son juzgados hoy en día”, señala Miquel Navarro, teólogo que ha dedicado años al estudio de los Borja, en especial al papado de Calixt III, “un hombre austero, de Iglesia, inteligente, gran jurista y que financió la última gran cruzada”, añade. Poco después de la muerte de Alexandre VI, tan listo o más que su tío pero más pasional, de una gran carnalidad, este clima moral cambió radicalmente a causa de la Reforma y la Contrarreforma, y entonces la figura del Papa Borja fue escarnecida con los más severos juicios.
¿Servirá el estudio de estos documentos para acabar definitivamente con el maleficio o, bien al contrario, contribuirá a reforzar la tesis de los enemigos de los Borja, que les calificaban de “plantas venenosas, odiadas por Dios y nocivas para los hombres”? Miquel Navarro anuncia que “nos permitirán, por encima de todo, conocer una de las mejores fuentes para hacer verdadera la historia de los Borja, dejando de lado la pseudohistoria, de carácter novelesco y legendario, que tan a menudo se ha hecho sobre ellos”. El caso de la novela de Mario Puzo, Los Borgia, sería un buen ejemplo. Otros, como Joan Francesc Mira con su Borja Papa o Manuel Vázquez Montalbán con su O César o nada, han logrado en sus obras tratar de una manera más objetiva y rigurosa a la familia valenciana.
Lucrecia Borja (1480-1519), en una obra de Pinturicchio que se conserva en el Vaticano
Maria Toldrà, coordinadora del comité científico del IIEB, que lleva meses trabajando en los legajos vaticanos, califica de “excepcional” este archivo: “Además de la documentación propia del pontificado, en el Archivo Secreto Vaticano se conserva una parte de la correspondencia privada de Alexandre VI con sus hijos, parientes y servidores de confianza”. Está formada por cartas originales recibidas, minutas y anotaciones personales del pontífice, al lado de otros documentos de tipo oficial como, por ejemplo, algunas cartas a los Reyes Católicos.
De lo visto hasta ahora por los investigadores, si hay algo incuestionable en los Borja es su pasión y amor por la familia. Por eso ya no caben dudas de que el nepotismo fue, al respecto, norma desde el ascenso de Calixt III, cuyo papado fue breve (1455-1458), para beneficio de sus sobrinos. Uno de ellos, Roderic de Borja, fue Papa de la Iglesia durante doce años: “Es hermoso, de rostro alegre y aspecto risueño, tiene una manera de hablar elocuente y meliflua, que cautiva a todas las mujeres distinguidas que ve”, diría de él su maestro y protector de juventud, el humanista Gaspar de Verona. Y sobre su papado se construiría la leyenda negra a partir de las acusaciones lanzadas por Giovanni Sforza, a quien Alexandre VI acusó de “impotente” para anular el matrimonio, por razones políticas, con su hija Lucrecia. Muchos enemigos alimentarían con historias, unas cercanas a la verdad, otras pura fantasía, el odio hacia este personaje y su familia, hasta lograr que decir que algo es borgiano incorpore en el ideario colectivo las ideas de la maldad, de la intriga, de lo inmoral.
En las cartas inéditas de la documentación vaticana de Alexandre VI se confirma esta enorme preocupación e inquietud por sus hijos. Tuvo nueve, aunque su mayor dedicación fue a los que nacieron de Vanozza Cattanei: César, Joan, Lucrecia y Jofré. Con rigor, nadie duda hoy en día de que quiso hacer llegar a lo más alto del poder político y eclesiástico a sus hijos; y que Lucrecia fue un instrumento al servicio de un padre que fue, antes que nada, un político, un gran hombre del Renacimiento, y no tanto un hombre de la Iglesia. Llegó a ser Papa contra pronóstico, aprovechando la falta de unidad de los cardenales (divididos entre su apoyo a Juliano della Rovere y Ascanio Sforza). Pero su nombramiento despertó grandes simpatías porque se trataba, ante todo, de un gran estadista, capaz de defender los intereses políticos de una Iglesia que se enfrentaba a muchos enemigos, dentro y fuera.
Con el tiempo, su manera de elevar a los lugares clave a sus hijos y a sus hombres de confianza –valencianos, catalanes y mallorquines–, y sus métodos para enfrentarse a las familias más poderosas de Italia y a las monarquías de España y Francia, acabaron dañando su imagen. Ahora la documentación vaticana ofrece la oportunidad de reconocer y reforzar también los méritos, tanto de Alexandre VI como Calixt III. Se puede reconstruir su actividad como papas, conocer con exactitud las grandes decisiones que adoptaron tanto para el gobierno de los Estados Pontifícios como en la dirección espiritual de la Iglesia, que siempre ha quedado en segundo plano frente la actividad política. Pero fueron ellos los que fomentaron la piedad popular y la defensa de la ortodoxia de la fe, sanearon las finanzas de la Iglesia, y el segundo papa Borja redactó las famosas bulas alejandrinas o Inter cetera el 3 y 4 de mayo de 1493, con las que el Papa concedía a los reyes de Castilla y Aragón las nuevas tierras descubiertas más allá del Atlántico a condición de que las evangelizaran. El Archivo Secreto Vaticano descubre la vida privada de Alexandre VI y contiene lo que Batllori calificó de “la serie de cartas catalanas privadas más copiosa y más importante, desde el punto de vista literario e histórico, de los años anteriores a la gran decadencia del catalán literario”.
El trabajo no ha hecho más que comenzar, y se prevé largo y duro. Pero todos los consultados reconocen que la aproximación a esta familia a partir de estos documentos provoca una enorme curiosidad y excitación intelectual. Tal vez se vuelve a cumplir aquello que dijo el mejor de los historiadores del papado, Ludwig von Pastor, sobre los Borja: “No están libres de pasión los juicios de los más graves y sensatos historiadores”. “Ahora, concluye Navarro, veamos toda la verdad, sin secretos.”
Las conquistas técnicas realizadas en las diferentes escuelas carolingias serán el germen del nacimiento de un nuevo estilo artístico: el Románico, heredero de la tradición romana y estrechamente vinculado al cristianismo.
Cronológicamente, el Románico se desarrolla a lo largo de los siglos XI, XII y buena parte del XIII. Geográficamente, afecta con mayor intensidad a los países más profundamente romanizados, como Francia, Italia y España. Pero lo más significativo de este estilo será su uniformidad, conseguida gracias a la labor de las órdenes monásticas y a la generalización de las peregrinaciones.
La arquitectura románica creó un templo abovedado, de interiores oscuros que mueven al recogimiento y un exterior sólido y equilibrado. De esta manera, surge el primer estilo internacional, con un ámbito europeo.
El aumento de la seguridad en las tierras occidentales desde el siglo XI traerá consigo la generalización de las peregrinaciones y el desarrollo de un tipo de iglesia característica del mundo románico: la iglesia de peregrinación.
Nos encontramos ante una planta en forma de cruz latina, con tres o cinco naves, siendo la central más alta y ancha que las laterales. Sobre estas se ubican las galerías para que descansen los peregrinos. El crucero presenta habitualmente un cimborrio o una cúpula.
Alrededor de las naves laterales nos encontramos con pequeñas capillas. Para que los peregrinos circulen sin obstáculos por el interior del templo y admiren las reliquias que se guardan en el altar mayor, la nave lateral rodea a este altar formando la girola o deambulatorio.
El arco preferido por los arquitectos románicos es el de medio punto. El desarrollo en profundidad de este arco genera la bóveda de cañón que se refuerza mediante arcos fajones. En las naves laterales se emplea la bóveda de arista, formada por el cruce de dos bóvedas de cañón en ángulo recto. El ábside se suele cubrir con una bóveda de cuarto de esfera. Los arcos se sostienen con pilares cruciformes o pilares con columnas adosadas.
Al exterior y debido al considerable peso de las bóvedas, los muros son de gran espesor y apenas existen vanos. Estos muros recogen las cargas laterales de la bóveda y los dirigen hacia los contrafuertes.
La disposición de las tres o cinco naves también se manifiesta en el exterior en las portadas monumentales que dan acceso al templo. También es apreciable el brazo del transepto que cruza las naves de manera perpendicular. El campanario y las torres completan el edificio.
Buena parte de la vida económica, social y cultural de las gentes medievales se articulaba en torno al Monasterio. Desde finales del siglo IV, el ideal de vida ascético promovió la multiplicación de fundaciones, con el objetivo de difundir la vida espiritual entre las poblaciones rurales. El edificio principal del monasterio era la iglesia, más o menos grandes dependiendo de las posibilidades de la comunidad. El claustro, con jardín y fuente, es el centro de la vida monástica. Aquí los monjes meditan y encuentran algo de esparcimiento. En los scriptoria, los monjes amanuenses se dedican a copiar textos. Los libros se conservan en la biblioteca. Cocina, dormitorios, refectorios y sala capitular, completan las dependencias del monasterio. Autosuficientes, los monasterios disponían de huertos y granjas. Para trabajar en ellos, contaban con el servicio de campesinos dependientes, pues los monasterios actuaban como grandes propietarios o señores. Simultáneamente, los monjes actuaban en oficios varios, como sastres, zapateros, tejedores, carpinteros o albañiles. Ora et labora, el oficio manual se consideraba tan importante como el ejercicio del espíritu.
El arquitecto románico concentrará toda la decoración del templo en las portadas, los capiteles del interior y del exterior, y en las cornisas o aleros.
La puerta es concebida como una serie de arcos decrecientes y progresivamente rehundidos que se denominan arquivoltas, dotando a la puerta de aspecto abocinado.
El arco de la puerta se decora con un tímpano y si la puerta es ancha, es reforzada por un dintel y una columna central denominada parteluz. El escultor no duda en adosar figuras a las jambas y a los capiteles e incluso a las arquivoltas.
Una de las portadas más características del Románico es la de la antigua iglesia abacial de Saint-Pierre en Moissac.
En el tímpano se representa la visión del "Apocalipsis" de San Juan; el centro está ocupado por Jesucristo en majestad, rodeado de los cuatro símbolos de los Evangelistas
-el águila de san Juan, el león de san Marcos, el toro de san Lucas y el ángel de san Mateo-
flanqueados por dos ángeles que sostienen pergaminos de papel, aludiendo al Juicio Final.
Los veinticuatro ancianos ocupan el resto del espacio, los de la franja inferior bajo el mar de cristal.
El dintel está decorado por ruedas de fuego que simbolizan el fuego infernal del Apocalipsis.
Las dos jambas en las que reposa el conjunto tienen un perfil dentado formando olas, apareciendo las estatuas en relieve de San Pedro e Isaías.
En el parteluz observamos tres parejas de leones rampantes, dispuestos transversalmente, que sujetan el dintel. Algunos expertos los relacionan con Cristo pero también podrían aludir al mal.
EL MONASTERIO MEDIEVAL
El monasterio será una de las piezas fundamentales de la sociedad medieval. Las primeras fundaciones monásticas se remontan a los primeros siglos del Cristianismo, si bien recordaban en numerosos aspectos a los eremitas. Serán san Columbano y san Benito de Nursia quienes, en el siglo VI, establezcan las reglas que regirán a partir de entonces las vidas de los monasterios. San Benito consideró que la comunidad debía de estar dirigida por un padre o abad que vigila a sus hijos y les guía en la espiritualidad, la humildad y el silencio. Al acceder a la comunidad, el novicio abandona el mundo, pues ha de aceptar los votos de castidad, pobreza y obediencia. La estricta regla benedictina se basó en dos principios de comportamiento fundamentales: "ora et labora".
Tomando como modelo el monasterio suizo de Saint Gall, los cenobios se estructuran de una manera muy similar. Las construcciones se organizaban alrededor de la gran iglesia abacial, lugar en el que los monjes realizan sus rezos. El claustro era el centro de la vida religiosa y a su alrededor se construían los demás edificios. En la sala capitular los monjes se reunían en capítulo, asamblea en la que se decidían las cuestiones que afectaban a la vida de la comunidad. El refectorio era una amplia sala donde se disponían largas mesas y bancos, en los que los monjes comían en silencio.
Según la importancia del monasterio, un buen número de dependencias completaban estas pequeñas ciudades sagradas.
Para luchar contra la relajación de costumbres por parte del clero, a lo largo del tiempo se produjeron importantes reformas monásticas, entre las que destacan dos: Cluny y el Cister. Ambos movimientos reformistas serán los responsables a su vez del desarrollo de dos movimientos artísticos: el románico y el gótico, respectivamente.
En la Península Ibérica los monasterios tendrán su momento de mayor auge a partir del siglo X. Reyes y nobles promoverán su construcción, les aportarán cuantiosas rentas y les concederán importantes privilegios fiscales y económicos. No en balde, la monarquía veía en los monasterios una interesante herramienta para repoblar las tierras recién conquistadas a los musulmanes de al-Andalus...
LA VIDA EN UN MONASTERIO MEDIEVAL
Uno de los documentos más importantes de toda la época medieval es el plano de Saint Gall que se conserva en la biblioteca de esta localidad suiza. Gracia a él podemos observar cómo los monjes realizaron el proyecto de un monasterio. El plano fue dibujado poco antes del año 829 en tinta roja sobre cinco hojas de pergamino, siendo encargado por el abad Gozberto. Con este plano podemos reconstruir idealmente el proyecto, que concebía el monasterio como una pequeña ciudad autosuficiente.
Las construcciones se organizaban alrededor de la gran iglesia abacial, diseñada con planta basilical, dos ábsides y dos torres a los pies. En el lado sur se ubicaría el claustro, centro de la vida religiosa. En la zona este se encuentran los dormitorios; el refectorio en el sur y en el oste la bodega.
La zona este del monasterio está ocupada por el convento de los novicios, el cementerio, la huerta con su respectiva casa, los gallineros y la casa del palafrenero.
Otra iglesia enlaza el convento novicial con el hospital, a cuyo alrededor se localizan la cocina, los baños, la enfermería, la casa del médico y el huerto con las plantas medicinales.
En el norte encontramos la biblioteca, la casa del abad, la escuela y la hospedería. En el ala oeste se ubican las caballerizas, la entrada principal, las viviendas de los siervos y los edificios de las granjas. En el sur se hallan la residencia de los peregrinos, un nuevo grupo de granjas, la cocina anexa a la panadería y la cervecería y tras estas estancias los molinos. Los dormitorios de los artesanos y otra granja completan el conjunto.
En estas pequeñas ciudades sagradas podemos apreciar normas de trazado urbanístico que habían sido abandonadas en las ciudades de la época. A causa de la ambición del proyecto nunca se levantó este monasterio pero sirvió como referencia para los arquitectos cistercienses del siglo XII.
Buena parte de la vida económica, social y cultural de las gentes medievales se articulaba en torno al Monasterio. Desde finales del siglo IV, el ideal de vida ascético promovió la multiplicación de fundaciones, con el objetivo de difundir la vida espiritual entre las poblaciones rurales.
El edificio principal del monasterio era la iglesia, más o menos grandes dependiendo de las posibilidades de la comunidad. El claustro, con jardín y fuente, es el centro de la vida monástica. Aquí los monjes meditan y encuentran algo de esparcimiento.
En los scriptoria, los monjes amanuenses se dedican a copiar textos. Los libros se conservan en la biblioteca. Cocina, dormitorios, refectorios y sala capitular, completan las dependencias del monasterio.
Autosuficientes, los monasterios disponían de huertos y granjas. Para trabajar en ellos, contaban con el servicio de campesinos dependientes, pues los monasterios actuaban como grandes propietarios o señores.
Simultáneamente, los monjes actuaban en oficios varios, como sastres, zapateros, tejedores, carpinteros o albañiles. Ora et labora, el oficio manual se consideraba tan importante como el ejercicio del espíritu.
EL CASTILLO MEDIEVAL
Junto a la catedral, el edificio de mayor relevancia en la época medieval es el castillo. La ciudad del Medievo se levantaba en sus cercanías para servir de refugio a los habitantes en caso de ataque exterior. El castillo era casi inexpugnable para el enemigo y solía situarse en un terreno elevado, rodeado de foso, estando construido principalmente en piedra. Fuertes murallas y torres defensivas le otorgaban un aspecto inaccesible.
A través de un puente levadizo se accede a la barbacana que da paso a la fortaleza. Cruzada la puerta principal nos encontramos en el patio de armas. Desde aquí podemos contemplar la residencia señorial, la torre del homenaje, las cocinas y el salón principal, al que se accede por una triple arquería.
En el salón principal celebraba el señor sus banquetes y reuniones. La sala se organizaba a través de amplias mesas rectangulares a cuyo alrededor se colocaban bancos para asentar a los comensales. Sobre una tarima se ubicaba la mesa principal donde el señor y su familia presidían el banquete sentados en sillas. Las paredes estaban escasamente decoradas, distinguiéndose en ellas trofeos de caza, armaduras o estandartes. El suelo era de madera y el techo estaba constituido por vigas transversales también de madera.
LUGARES DE PEREGRINACIÓN
Cada año, son miles los peregrinos cristianos que visitan lugares vinculados a la vida de Cristo, los apóstoles y la Virgen María, como Belén, Jerusalén y otros puntos de Galilea. Fuera de Tierra Santa, el principal centro de peregrinación es Roma, la residencia del Papa católico. A partir de la Edad Media Roma rivaliza con Santiago de Compostela, donde se encuentra el sepulcro del apóstol Santiago. Otro importante lugar de peregrinación cristiana es Canterbury, en Inglaterra, en donde se hallan los restos de Santo Tomás Becket. También son objeto de peregrinación lugares en los que los devotos dicen haber visto a la Virgen. Los más visitados son Fátima, en Portugal; Lourdes, en Francia; Czestochowa, en Polonia o Medjugorje, en Bosnia. Por último, en el Monte Athos, en Grecia, tiene la tradición ortodoxa su más importante lugar de peregrinaje.
EL CAMINO DE SANTIAGO
El descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en Galicia convertirá a Compostela en el principal centro de peregrinación del oeste europeo. Santiago estuvo predicando en tierras de Hispania, y tras su muerte en Jerusalén, sus discípulos llevaron su cuerpo al lugar donde había predicado.
El auge de las peregrinaciones durante la Edad Media supondrá la creación de una serie de rutas que tienen su origen en Francia y como destino la catedral compostelana.
Partiendo de las ciudades francesas de Arles, Le Puy, Orleans y Vezelay, la Ruta Jacobea se introduce en España a través de Roncesvalles y Jaca. El camino discurre por tierras de Navarra, Aragón, La Rioja, Castilla y León, para atravesar Galicia y llegar a Santiago. Ésta es la ruta más popular, el llamado Camino Francés.
Pero existen otros caminos que nos llevan a Compostela. El llamado Camino del Norte discurre por el País Vasco, Cantabria y Asturias hasta llegar a Santiago cruzando la provincia de Lugo. Otra ruta cruzaba Portugal y otra, que sigue la antigua Vía de la Plata, parte de la ciudad de Sevilla para dirigirse al mismo destino.
El Camino irrumpe en la Península por tierras navarras. Roncesvalles es el punto de partida de nuestra ruta. Su nombre evoca la legendaria derrota sufrida por Carlomagno frente a los vascones. Desde aquí, entre bosques y pastos, el peregrino llega a Pamplona. Fundada por Pompeyo el Grande, se convertirá en la capital del próspero reino medieval de Navarra. El viajero pronto se encuentra ante su magnífica catedral gótica, construida en el siglo XIV. Nuestros pasos se dirigen ahora hacia Puente la Reina, una de las villas principales del Camino. Aquí se unen la ruta por la que estamos avanzando con la procedente de Somport. El viajero que llega desde tierras aragonesas ha dejado atrás dos importantes hitos jacobeos: Jaca y Sangüesa. Jaca fue capital del reino de Aragón y sede episcopal en el siglo XI. De esta época de esplendor aún se conserva la catedral, una de las joyas del Románico peninsular...
La catedral de Santiago de Compostela.
La obra que culmina el románico en la península Ibérica es la catedral de Santiago de Compostela. El obispo Gelmírez será el principal promotor del proyecto en el último tercio del siglo XI.
La catedral presenta una planta característica de las iglesias de peregrinación, con tres naves, amplio crucero también de tres naves con capillas semicirculares y una girola que presenta capillas radiales.
Sobre las naves laterales y las del transepto corre una tribuna que contrarresta el empuje de las bóvedas de cañón de la nave central, permitiendo crear un espacio en el que los peregrinos podrían asistir al culto. Estas tribunas se cubren con bóvedas de cuarto de esfera. La elevada nave central se cubre con bóveda de cañón y tiene casi 22 metros de altura, apoyándose en pilares de basa cuadrada y circular que se alternan. Sobre el transepto se eleva un gran cimborrio.
Las obras de la catedral se finalizan en 1168 con la contratación, por parte de Fernando II, del Maestro Mateo, el arquitecto que diseña la cripta sobre la que se asienta el último tramo de las naves y el pórtico entre las dos torres. La cripta servirá para salvar el desnivel del terreno, y sobre ella se alza la gran fachada occidental, tras la que se encuentra el famoso Pórtico de la Gloria. El edificio se proyectó con nueve torres que aportaban al conjunto un acentuado aspecto de fortaleza. Las torres de la fachada occidental se sustituyeron en el siglo XVIII por la famosa fachada del Obradoiro, labrada en estilo barroco por Casas y Novoa.
Vida cotidiana en el Camino de Santiago
Las poblaciones medievales están generalmente rodeadas por una muralla defensiva, en la que varias puertas abren a los caminos más importantes. El trazado urbano es sinuoso e irregular, existiendo a veces zonas despobladas. Las ciudades tienen diferentes barrios, que agrupan a la población en función de su procedencia, su religión o su actividad.
CASTILLO
El castillo medieval era la residencia privada del señor feudal. El castillo era, al mismo tiempo, un hogar y una fortaleza, defendida por altas murallas y gruesos muros. Aquí se podía resguardar la población en caso de un ataque.
La habitación principal del castillo era el salón, que se usaba para comer, dormir y atender los asuntos cotidianos. Mientras degustaban ricos platos, los señores feudales podían disfrutar de la música interpretada por un juglar o de las gracias realizadas por los bufones.
El cuerpo de soldados que vivían en un castillo y lo defendían se llamaba guarnición. A cambio del alojamiento y comida, peleaban por el señor y defendían el castillo.
Los soldados vestían cotas de malla y placas de metal para protegerse de los golpes. Entre sus armas estaban las espadas, arcos, ballestas, mazas o lanzas.
IGLESIA
Después del señor feudal, el personaje más importante de un pueblo medieval es el párroco. Es una persona respetada y su cultura, algo superior a la del resto, hace que todo el mundo acuda a solicitar su consejo.
El cura tiene derecho a percibir una décima parte de lo que produce cada aldeano. Este impuesto se llama diezmo. Es obligatorio acudir a misa todos los domingos y festivos. Durante el servicio, la mayoría de la gente está de pie o de rodillas, porque no hay asientos. El cura explica la misa en latín.
LAS CRUZADAS
La ocupación de los Santos Lugares de Palestina por los musulmanes provocó que, a partir del siglo XI, la Cristiandad organice sucesivas expediciones, llamadas Cruzadas, y que se creen las órdenes militares para recuperarlos y defenderlos. Estas expediciones se iniciaron con el llamamiento hecho a la Cristiandad por el papa Urbano II en el año 1095 para conquistar Jerusalén.
En total, entre 1095 y 1270 se organizaron ocho Cruzadas oficiales. Los puntos de partida fueron ciudades como Toulouse, Tours, Londres, París, Verdún, Ratisbona, Venecia o Roma. Todas las expediciones tenían como objetivo llegar, bien por tierra o por mar, a Palestina. El fervor cristiano de las poblaciones hacía que al llamamiento de Cruzada respondieran ricos y pobres, incluso niños. Las expediciones estaban formadas por miles de personas, caballeros y soldados de a pie, cuyo camino estaba lleno de penalidades, llegando muchos a perecer durante el trayecto. Todos ellos llevaban cosida a sus ropas la señal de la cruz.
Los caballeros e infantes cruzados presentaban equipamientos distintos, debido a su diferente procedencia y origen social. El caballero cruzado vestía, en general, una cota de malla, siendo el arma más usual la espada, aunque también utilizaban otras robadas al enemigo. Por su parte, los escudos evolucionaron haciéndose más pequeños y ligeros.
La Primera Cruzada fue un éxito sorprendente. La desunión de los musulmanes permitió tomar Antioquía y Jerusalén y formar varios estados latinos en Oriente Medio. La defensa de estos pequeños estados se basó en las numerosas fortalezas levantadas por los Cruzados.
Sin embargo, presionados los estados latinos por los musulmanes, los reinos cristianos enviaron nuevas expediciones, que no resultaron tan fáciles. La desunión de los ejércitos cristianos, la falta de efectivos y la superior organización de los musulmanes hizo que una tras otra las cruzadas se saldaran en fracaso, perdiendo finalmente sus conquistas a manos del enemigo. Después de la caída de Acre, en 1291, la victoria de las tropas musulmanas fue total y definitiva. Las poblaciones medievales están generalmente rodeadas por una muralla defensiva, en la que varias puertas abren a los caminos más importantes. El trazado urbano es sinuoso e irregular, existiendo a veces zonas despobladas. Las ciudades tienen diferentes barrios, que agrupan a la población en función de su procedencia, su religión o su actividad.
CLUNY
En uno de sus dominios de la región de Borgoña, el duque Guillermo de Aquitania fundó en el siglo X el monasterio de Cluny, desde donde se promoverá una nueva concepción de la vida religiosa, inspirada en la regla benedictina. Cluny se convertirá en la casa madre de unas 1.500 abadías.
La distribución que tenía en el monasterio en el siglo XII tiene como base el plano de Saint Gall, del siglo IX. El centro de la vida monástica era la gran iglesia, una de las más grandes del mundo cristiano, con cinco naves, dos transeptos y un gran ábside en la cabecera.
A los pies del templo se hallaba los establos, un edificio en forma de L que tenía a continuación la fábrica de conservas y las letrinas.
El claustro y la sala capitular eran los otros centros de la vida en el monasterio. Alrededor del claustro estaba el refectorio, los dormitorios, la cocina y almacén y la panadería. Más alejado del conjunto monástico se encontraban el hospital y la hospedería.
Durante la Revolución Francesa se destruyeron la mayoría de los edificios monásticos ya que para los ilustrados, Cluny suponía un símbolo del poder eclesiástico. Sólo se conserva en pie parte del brazo sur del transepto.
EL ROMÁNICO EN CATALUÑA Y NAVARRA
A lo largo de los siglos XI y XII se desarrolla en Europa un estilo artístico identificativo denominado Románico, pues, este arte indudablemente derivaba del romano. Este estilo está caracterizado por el uso del arco de medio punto y la bóveda de cañón, por emplear formas cerradas y equilibradas, creando edificios sencillos de sólida apariencia.
La aparición de las primeras manifestaciones del románico en los Reinos Hispánicos se producirá en Cataluña, Aragón y Navarra.
La reforma monástica que se lleva a cabo en Cataluña resulta decisiva en la profunda renovación que se producirá desde finales del siglo X y durante la primera mitad del siguiente. Los edificios religiosos sufrirán una radical transformación en sus elementos funcionales, adaptándose a las formas tipológicas que se están imponiendo en la Europa románica. El auténtico impulsor de esta renovación será el abad Oliba.
Cataluña conocerá muy pronto las formas renovadoras. Entre las novedades que se introducen en la arquitectura catalana está la búsqueda de soluciones que permitan articular un número considerable de ábsides en la cabecera, criptas para atesorar reliquias, fachadas torreadas, y espacios circulares con significación funeraria o de depósito de reliquias.
No se puede decir que Cataluña fuese la iniciadora del nuevo estilo, pero su buena tradición arquitectónica y su precoz adscripción al movimiento renovador hacen que algunos de los edificios catalanes hayan sido decisivos en la definición del mismo. Monumentos como San Pedro de Roda, San Miguel de Cuixá y San Vicente de Cardona son paradigmas excepcionales en la historia del primer románico.
Será a partir del último tercio del siglo XII y buena parte del siguiente cuando, en los territorios cristianos de la Península Ibérica, una serie de monumentos refleje cambios de distinto alcance, alejándose del llamado románico pleno y acercándose, en algunos casos, al gótico. En Cataluña, las catedrales de Tarragona y Lleida constituyen dos de los ejemplos más representativos de esta fase.
Durante el primer tercio del XI un grupo de iglesias y castillos de Aragón acusarán las formas arquitectónicas del primer románico catalán. Será en la segunda etapa cuando el románico aragonés produzca una obra cuya influencia se expanda fuera de la región. Se trata de la catedral de Jaca, levantada en el segunda mitad del siglo XI, con tres naves separadas por pilares cruciformes...
LA CIUDAD MEDIEVAL
La ciudad medieval generalmente está rodeada por una muralla defensiva, en la que varias puertas abren a los caminos más importantes. El trazado urbano es sinuoso e irregular, existiendo a veces zonas despobladas.
Las ciudades tienen diferentes barrios, que agrupan a la población en función de su procedencia, su religión o su actividad. El desarrollo económico de algunas urbes, especialmente las dedicadas al comercio, hizo que se construyeran nuevas áreas. En éstas, las viviendas podían alcanzar dos o tres plantas.
El centro de la vida urbana lo ocupa la plaza, en la que se sitúan los edificios más representativos. Estos son altos, realizados en piedra, con balcones que se abren a la calle. Un escudo, también en piedra, indica que sus portadores pertenecen a un noble linaje.
De la plaza parte un sinfín de calles, algunas estrechas y tortuosas, siempre ocupadas por una intensa actividad. En ellas se desarrollaba buena parte de la vida diaria de la comunidad: comprar, vender, pasear, relacionarse... Sin duda, el mercado era el centro económico y social de la población.
Las casas de los artesanos servían al mismo tiempo como taller y tienda, por lo que se abrían al exterior. Además, muchas viviendas podían contar con un solar en su parte posterior, que era utilizado como huerto y en el cual podía existir un pozo.
Este blog ha cambiado de sitio
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Hola a todos: como ya informé en una última entrada, el blog se ha mudado a
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"La excelencia: lección de Troya"
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Ayer en "El País", Adela Cortina, nos invitaba a reflexionar sobre un
dilema en el mundo de la educación y, en general, en la vida: "promover la
excelencia...
Dias que cambiaron la historia 2
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Rey Victor Manuel
Marcha sobre Roma
Benito Mussolini
1.Este acontecimiento se conoce como la “marcha sobre Roma” y se produjo
entre el 27 y 28 de octubr...