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diumenge, 23 de maig del 2010

"La Guerra de Sucesión marcó la entrada de España en la decadencia" (debate hsitoriográfico Almansa - Martínez Shaw - Kamen)

ALBAREDA, J.: La Guerra de Sucesión de España: 1700-1714 (Crítica)

CARLES GELI EL PAÍS 22/05/2010


El historiador rompe tópicos sobre el episodio bélico cuya esencia ha estado oculta por "tanta carga ideológica" y sostiene que los vencedores fueron Inglaterra y los Borbones
Fue, bien mirado, la primera guerra mundial (implicó a casi toda Europa y parte de América) y, después de la Guerra Civil de 1936, el episodio de la historia de España más ideologizado. Se trata de la Guerra de Sucesión. El historiador Joaquim Albareda (Manlleu, Barcelona, 1957) lleva desde 1985 a vueltas con el tema, como demuestra la bibliografía de su recién La Guerra de Sucesión de España: 1700-1714 (Crítica): más de 600 referencias. Leído todo, digerido como pocos y rebuscada la documentación en 18 archivos de cinco países, su último libro pasa por ser, hoy, de los mejores compendios sobre el episodio, con tres ideas de las que rompen tópicos: no fue una guerra dinástica ni entre los nacionalismos catalán y español; la victoria borbónica no comportó la modernidad de España y el único que ganó fue Inglaterra.

La Guerra de Sucesión de España (1700-1714).

La Guerra de Sucesión de España (1700-1714).
Joaquim Albareda.
Crítica. Barcelona, 2010.
592 páginas. 29 euros.

PREGUNTA. Leído su libro, uno tiene la sensación de que la Guerra de Sucesión española se ha enseñado muy mal.
RESPUESTA. El problema es que es un episodio al que se ha vertido tanta carga ideológica que ha ocultado su esencia. Ya no se puede explicar como una guerra estrictamente dinástica. Y tampoco en clave nacionalista en términos actuales porque no responde a la realidad de la época.
P. ¿Entonces?
R. Entonces, lo que se enfrentó fueron dos modelos de entender la política y, por ello, dos modelos de Estado: por un lado, una concepción jerárquica, de obediencia casi sagrada al rey, en la que éste, representado por el Borbón Felipe V, gobierna por pragmática sanción, y un modelo más parlamentarista, un republicanismo monárquico, donde las leyes, las constituciones catalanas o los fueros valencianos o aragoneses, por ejemplo, se aprueban en Cortes, representado por Carlos III, de la casa de los Austria. Pero los mitos sobre 1714 van cayendo.
P. ¿Mitos caídos?
R. Sí, como ese de la pugna entre nacionalismos o el de que, gracias a la victoria de Felipe V, España se convirtió en un Estado moderno. Creer que los reyes transformaban la realidad es, como mínimo, ingenuo; lo hacían las fuerzas sociales emergentes y éstas, en el sistema austriacista, mantenían organismos que les daban voz: ahí había más fluidez social y política. Decir que el absolutismo borbónico aportó la modernidad a España es muy exagerado.
P. Se queja con nombres y apellidos de historiadores que van en esa línea, como Carlos Martínez Shaw y Henry Kamen.
R. Es que es difícil ver modernidad allí donde, por ejemplo, se militarizan estructuras políticas con el Decreto de Nueva Planta: más del 90% de los corregidores que se imponen en la antigua Corona de Aragón habían sido militares y eso acabó así en todo el país. ¿Es moderna la venta de cargos de la Administración sistemática como se dio con Felipe V? ¿O las reformas pensadas sólo para fortalecer el poder del rey y de la dinastía?
P. El libro recuerda que la Guerra de Sucesión afectó a toda España.
R. Es que también había austriacistas en el resto de la Península; ahí está el almirante de Castilla, que en 1704 ya conspira contra Felipe V. El mismo Consejo de Estado del rey, entre 1704 y 1705, le dice al monarca: "Así, sin respetar fueros y constituciones, no se gobierna". Felipe V arrinconará a toda esa gente. Además, en Castilla también había una tradición política de siglos anteriores, pero el pueblo estaba secuestrado por una política en clave teológica, que exigía fidelidad ciega al rey; la mentalidad castellana era más jerárquica. Pero también hay resistencia en Valencia, en Aragón y en Cádiz, que ahí si no cuajó fue por los excesos que las tropas inglesas hicieron tras su desembarco y que malograron la imagen y las expectativas austriacistas en Andalucía.
P. La represión borbónica, económicamente fue más fuerte en Castilla, pero más numerosa en Cataluña. ¿Cómo se explica?
R. Por un doble motivo: parte de las clases dirigentes castellanas se dan cuenta de que Felipe V va introduciendo, por influencia de su abuelo Luis XIV, una notable cantidad de franceses en la Administración y temen, no sin razón, que se lo acaben comiendo todo; por otro, desde finales del XVII en Cataluña se dan mecanismos de ascenso social más flexibles y estas clases, más numerosas, tendrán una mayor adhesión a la causa austriacista porque ésta les permite tribunas de representación que perderían con Felipe V. Los patrimonios, claro, eran distintos.
P. Asegura que hay que quitarle carga nacionalista al tema, pero la Guerra de Sucesión se da en el contexto de la formación de los Estados-nación en Europa...
R. Toda monarquía tiende entonces a incrementar su Gobierno, fortalecidas las maquinarias de los Estados por las guerras. El aumento de poder regio sólo quedaba limitado según las fuerzas sociales que podían mantener a raya a esos monarcas. Eso es lo que ocurre en Inglaterra en 1688, con los whigs (liberales) y los tories (conservadores) y un parlamento en el mismo plano que el rey. Comparado con Escocia y Hungría, en la construcción del Estado-nación Cataluña fue la más perjudicada porque lo perdió todo; Escocia, parcialmente, porque si bien se quedó sin parlamento firmó el Acta de Unión de 1707, reversible y que dio escaños a los escoceses en las salas de los Comunes y la de los Lores, o sea, nada que ver con el Decreto de Nueva Planta borbónico; los mejor parados fueron los húngaros, que obtuvieron la monarquía austro-húngara.
P. Ni Carlos III ni Felipe V quedan, como monarcas, muy soberanos en el libro.
R. Los dos reyes tuvieron problemas económicos y políticos similares; por ello los dos acabaron siendo sendos títeres de dos potencias: Felipe V, de la Francia de su abuelo, y Carlos III, de la ambiciosa Inglaterra de la princesa Ana. El factor internacional marcó el conflicto, pero quien lo ganó de veras fue Inglaterra, que logró arrancar de España prebendas comerciales en América y logró que Francia le hiciera otras y además se quedara exhausta... El cinismo de los ingleses fue impresionante, por ejemplo, incitando a los catalanes a la guerra y luego abandonándoles a su suerte... Trabajaron con tantas trampas y negociaciones a dos bandas que confundieron hasta a sus embajadores.
P. Es curioso que ganara Felipe V y la monarquía borbónica porque en diversos momentos estuvieron contra las cuerdas.
R. Felipe V tuvo suerte. Su abuelo intentó un acuerdo de paz cuatro veces con ingleses y holandeses, aliados de Carlos III; incluso, en 1710, estaba dispuesto a que Felipe V abdicara; pero la llegada de los tories al Gobierno inglés, partidarios ya de dejar la guerra, y la muerte del emperador José I en Austria que significó que Carlos III fuera emperador, dieron un vuelco a la situación.
P. ¿Felipe V estaba enfermo?
R. Padecía un trastorno bipolar, melancólico, de gran dependencia sexual de su mujer que compensaba confesándose inmediatamente y que hallaba consuelo en la guerra... ¡Si estuvo a punto varias veces de ser hecho prisionero, la última en 1710 en la batalla de Almenar, de tanto que se exponía!
P. Como hoy, el ruido mediático estuvo.
R. Fue la primera vez que se daba de una manera tan planificada una guerra de plumas. En Inglaterra, Jonathan Swift y Daniel Defoe estuvieron al servicio tory para que Inglaterra saliera de la guerra y pactara con Francia; y un pensador como Leibniz escribió a favor de la causa austriacista; en España, Felipe V impulsó la Gaceta de Madrid y Carlos III, la Gaceta de Barcelona.
P. Triste modernidad
...
R. Sí, como todo el episodio en sí, raíz de un grave problema que afecta al presente: una visión de España muy unitaria frente a una más plural. O el hecho de que vascos y navarros conserven hoy sus fueros, gracias a que financiaron buena parte de la guerra a Felipe V... La Guerra de Sucesión marcó la entrada de España en la decadencia y en clave interna significó el fortalecimiento de los Borbones porque se gobernó al servicio de sus intereses; el XVIII acabó siendo un siglo desierto de avances políticos y de hierro en lo social, con un alto grado de militarización y absolutismo liquidando sistemas conciliares: la Guerra de Sucesión la ganó la dinastía de los Borbones, no España.

Armas, muertos y exilio

Las dimensiones y la dureza de lo que dirimió la Guerra de Sucesión podrían simbolizarse en las siguientes cifras:
- 1.300.000 soldados en liza en 1710 por el conflicto en todo el mundo.
- 1.251.000 muertos en Europa; de ellos, 500.000 en Francia.
- 200.000 doblones fue la cifra en que se tasó Menorca, vendida a Inglaterra como pago de las deudas militares de Carlos III.
- 72.000 armas requisadas en Barcelona tras la victoria de Felipe V.
- 40.000 bombas cayeron en Barcelona durante el asedio borbónico.
- 39.000 soldados borbónicos sitiaban Barcelona en 1714.
- 30.000 personas se exiliaron fuera de España tras la victoria borbónica.
- 12.000 fusiles se comprometió a aportar Inglaterra, junto a 8.000 hombres y 2.000 caballos, en la alianza con Cataluña contra los Borbones en el pacto de Génova del 20 de junio de 1705.
- 7.000 soldados perdieron las tropas aliadas en la batalla de Almansa en 1707. Será el inicio del fin de la causa austriacista.
- 5.400 soldados resistentes en Barcelona en 1714, 3.500 de la famosa La Coronela, tropa pagada por los gremios.
- 61 días resistieron los barceloneses con la muralla abierta por las tropas del sorprendido duque de Berwick.
- 11 veces los resistentes reconquistaron el Baluarte de San Pedro, clave para el acceso, en la madrugada del 10 al 11 de septiembre de 1714.

dimecres, 2 de desembre del 2009

Mercantilismo, colbertismo


Casa de la Moneda (París)Casa de la Moneda (París)
Autor: Autor Anónimo
Fecha:1768
Características:



Vaso Bleu du Roi con tema copiado de Boucher. Porcelana de Sèvres

El Estado se propuso implementar vigorosamente la industria privada como medio de estimular el desarrollo de las manufacturas nacionales. 

El desarrollo de la industria del XVII no dependió en exclusiva, sin embargo, de la difusión de la manufactura rural a domicilio. El proteccionismo industrial de los gobiernos representó otro importante factor. La generalización de la política económica mercantilista significó el despliegue de estrategias orientadas a conseguir balanzas comerciales favorables. Para ello resultaba fundamental impedir la importación masiva de manufacturas, al tiempo que fomentar la producción nacional. El fin propuesto pasaba también por obstaculizar las exportaciones y por favorecer las importaciones de materia prima



El éxito de las "new draperies" (telas ligeras) inglesas no dependió sólo del bajo costo del trabajo rural empleado en su fabricación, sino también de la baratura de la lana inglesa e irlandesa, que saturó el mercado al ser prohibida su exportación. 

El intervencionismo estatal también tomó otros rumbos. El Estado se implicó directamente en la producción industrial a través de iniciativas oficiales. En el caso de los grandes astilleros y arsenales navales el interés gubernativo derivaba básicamente de las necesidades de equipamiento bélico. Pero, en otros casos, el Estado se propuso implementar vigorosamente la industria privada como medio de estimular el desarrollo de las manufacturas nacionales. 


Francia apostó abiertamente por este modelo en tiempos de Colbert, ministro de finanzas de Luis XIV. La preocupación por la manufactura tenía antecedentes en este país, que se remontaban incluso al siglo XVI. En el XVII se promulgaron diversas ordenanzas para restringir mediante derechos proteccionistas la importación de textiles e impulsar de este modo la producción nacional. El propio cardenal Richelieu mostró una gran preocupación por la industria textil francesa. 


Sin embargo, correspondió a Colbert el papel de máximo impulsor de iniciativas industriales. Su acción no se limitó solamente a proseguir levantando las barreras proteccionistas clásicas en el mercantilismo de la época (aranceles de 1666; restricciones al comercio del azúcar antillano para favorecer el refinado nacional), sino que tomó también otras direcciones. 



Una de ellas fue la creación de industrias estatales, cuya explotación y administración puso en manos de mentes oficiales. 


Otra consistió en favorecer mediante privilegios, exenciones, monopolios y pedidos estatales a un amplio conjunto de empresas correspondientes a la iniciativa privada, a las que se distinguió con el título de manufacturas reales. Las fábricas estatales y las empresas privilegiadas abarcaron diversos campos: fundiciones, arsenales, vidrio, espejos, porcelana, muebles, tapices, encajes, medias, paños y sombreros, principalmente. 

En tercer lugar, Colbert se entregó a una incansable actividad ordenancista, con el objetivo de reglamentar y controlar oficialmente calidades y sistemas de fabricación, que tuvo su máximo exponente en la ordenanza de 1673. Finalmente, impulsó la creación de escuelas para adiestrar mano de obra, sobre todo femenina, en técnicas de elaboración de textiles. 


El modelo colbertista fue incluso objeto de exportación a otros países. Aunque ya avanzado el siglo XVIII, la política de reales fábricas de la España deFernando VI lo recuerda notablemente. 



No obstante, hay que atribuirle un fracaso al menos parcial. Lo único que Colbert aportó a su país con todo esto -sostiene J. de Vries- fue un conjunto de industrias costosas y no competitivas, muchas de las cuales no le sobrevivieron. Con el tiempo, sin embargo, la práctica resultó ser el mejor maestro para la conversión de algunas de estas industrias de invernadero -especialmente la del refinado de azúcar, la fábrica de espejos de Saint Gobain y las fábricas de tapices- en empresas eficientes y rentables.

dimarts, 6 d’octubre del 2009

La corte de Luis XIV, el Rey Sol

Fuente: http://www.historiang.com/articulo.jsp?id=1787487











1638

Nace en Saint-Germain-en-Laye Luis de Borbón, el primer hijo de Luis XIII de Francia y de la española Ana de Austria.

1648-1653

El descontento con el cardenal Mazarino, ministro de Ana de Austria, provoca la revuelta de la Fronda.

1661

Luis XIV asume todo el poder a la muerte del cardenal Mazarino, que había logrado acordar la paz con la monarquía española.

1664

«Los placeres de la isla encantada» es la primera fiesta que celebra en Versalles la corte de Luis XIV.

1682

El rey decide trasladar la corte de modo permanente a Versalles. Desde entonces sus visitas a París son esporádicas.

1686

Una espléndida recepción ofrecida al embajador de Siam da a conocer al mundo los fastos de la corte de Versalles.

1715

Luis XIV muere en su dormitorio de Versalles, situado justo en el centro del palacio, poniendo fin a un reinado de 72 años.



El inmenso palacio de Versalles constituyó el escenario perfecto para la exhibición del poder real. Allí, Luis XIV, encarnación del monarca absoluto, desplegó una fastuosa y rígida etiqueta cortesana que exaltaba al soberano como centro del Estado.A su alrededor se desenvolvía la vida de los aristócratas, convertida en una lucha despiadada por lograr el favor del rey.


Escarmentado por las revueltas que vivió en su niñez, Luis XIV decidió domar a la nobleza francesa concentrándola en el palacio de Versalles, donde la vida se convirtió para los nobles en una despiadada lucha por lograr el favor regio. 


Cuando tenía poco más de diez años, y aunque el gobierno efectivo estaba en manos de su madre, Ana de Austria -viuda de Luis XIII-, y de su primer ministro, el cardenal Mazarino, el rey-niño experimentó las consecuencias del conflicto de manera muy directa y personal. En varias ocasiones se vio obligado a huir de París con su madre por miedo a ser secuestrado por los bandos rivales. El rey aprendió dos cosas: 



  • que París era una ciudad peligrosa para la monarquía 
  • y que la nobleza francesa, poderosa e independiente en sus territorios provinciales, suponía una amenaza incluso mayor. 



Luis XIV erigió el Palacio de Versalles para ensalzar su poder personal y al mismo tiempo para mantener controlada a la nobleza francesa, siempre pronta a rebelarse contra la monarquía. 


Mientras que en las ciudades y provincias el rey tenía que pactar con la aristocracia y la oligarquía, en Versalles podía gobernar de modo absoluto, sin sujeción a las leyes. 


En la vida de Versalles, el rey era el centro absoluto, todo estaba perfectamente medido y sometido a una estricta etiqueta. Se estableció una barrera invisible entre el rey y sus cortesanos, que lo veían constantemente, pero que rara vez podían dirigirse a él sin haber sido invitados. 


El monarca era consciente de que ocupaba una posición teatral y la cultivaba con verdadera pasión. En 1715, Luis XIV murió en su dormitorio en Versalles, situado justo en el centro del palacio, poniendo fin a un reinado de 72 años. Aún hoy, los visitantes del palacio quedan deslumbrados por el escenario, y fácilmente pueden rememorar la pompa que antaño caracterizó a Versalles.




Versalles: el resplandor del Rey Sol


Tres mil espectadores para un solo actor. Ése era el número de personas que residía en Versalles, consagradas en cuerpo y alma al servicio de su soberano, el Rey Sol.


Veinte kilómetros al oeste de París se encontraba a principios del siglo XVII un pequeño pueblo llamado Versalles, de unos 500 habitantes, rodeado por una enorme masa boscosa. Los reyes de Francia frecuentaban desde antiguo el lugar en sus partidas de caza, y Luis XIII decidió en 1623 construir allí un pequeño pabellón para descansar durante sus cacerías. Abandonado durante unos años, Luis XIV volvió a mostrar afición por el paraje a principios de su reinado, y ordenó al arquitecto Louis Le Vau que rehabilitara el pequeño château de su padre, simple “castillo de naipes” según un memorialista de la época. Complementado con un área de jardines, obra de Le Nôtre, Versalles empezó a convertirse en escenario privilegiado de las fiestas de corte, que en esos primeros años del reinado de Luis XIV resultaban tan fastuosas como inventivas. Ante la creciente afluencia de cortesanos, se hizo necesario un plan de reforma más ambicioso. Es el que llevaron a cabo el mismo Le Vau y Hardouin-Mansart a partir de 1668. Se duplicó el espacio residencial mediante un "envoltorio" en torno a las dos alas del palacio, a la vez que se erigía una fachada monumental frente a los jardines. Si el château de Luis XIII respondía por sus dimensiones y su decoración al modelo francés tradicional, la nueva fachada occidental plasmaba un estilo clásico nuevo, que impresionaba a los visitantes e inspiró los palacios reales que se construirían en lo sucesivo en Europa, desde Aranjuez hasta San Petersburgo.

Instalado de forma permanente en Versalles desde 1682, Luis XIV hizo del palacio el entorno perfecto para su modelo de realeza absolutista, centrada en la adoración de su persona. Cada jornada en Versalles, donde residían hasta 3.000 cortesanos, estaba cuidadosamente organizada para poner de manifiesto la majestad del Rey Sol. Versalles se convirtió así en el símbolo de la grandeza de la monarquía francesa, que en esos años se había impuesto definitivamente a España en la pugna por lahegemonía en Europa.




ENLACES

divendres, 2 d’octubre del 2009

La prise de pouvoir par Louis XIV





























La prise de pouvoir par Louis XIV, film didáctico de Roberto Rossellini (TV, 1966).