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dissabte, 7 de gener del 2012

La periodista e historiadora francesa Diane Ducret publica «Las mujeres de los dictadores»

«Hitler o Stalin fueron casi sex-symbol»

PILAR MANZANARES/MADRID
ABC 05/01/2012

«Hitler o Stalin fueron casi sex-symbol»
Las hubo tan crueles como Jiang Qing, la cuarta esposa de Mao capaz de mandar deportar o torturar a otras mujeres por vestir ropas más elegantes que ella. O tan enamoradas como Clara Petacci, que prefirió morir antes que sobrevivir a su amante, Benito Mussolini. La periodista e historiadora francesa Diane Ducret habla de muchas de ellas y de sus relaciones más íntimas en «Las mujeres de los dictadores» (Aguilar).
- De las historias que cuenta en su libro, ¿cuál es su favorita?
- Hay tantas Cada una de estas mujeres es, a su manera, una especie de heroína romántica como las de las novelas del XIX. Pero seguramente fue Magda Goebbels la que tuvo un destino más terrible. Fue una mujer que creció con la cruz judaica y acabó su vida con la de Hitler. Ninguna otra hizo los sacrificios que ella llevó a cabo por amor. Envenenar a sus seis hijos, porque su apellido sería para ellos una maldición y no quería que pagasen por los crímenes de los que eran culpables ella y su marido ya marca la más grande tragedia del siglo XX, al menos para mí. Pero también destacaría las historias de Clara Petacci y de Inessa Armand.
- ¿Por qué?
- La primera porque creo que fue la más tonta, entre comillas. Clara Petacci estaba tan locamente enamorada de Mussolini que no era capaz ni de respirar sin él. De hecho, al final de su vida, cuando todo se acababa y le ofrecieron la posibilidad de escapar (en 1945) ella dijo: «Adonde va el maestro va el perro». Eso es terrible. La segunda, que fue la mujer no oficial de Lenin, me atrajo por ser la más feminista de todas. Estaba enamorada del hombre, de la ideología y de la libertad sexual. Fue una mujer muy adelantada a su época que lucho por los derechos de la mujer y que acabó siendo parte del triángulo amoroso junto a Nadia Krúpskaia, la verdadera esposa.
- Al investigar sobre ellas, ¿qué es lo que más le ha sorprendido?
- Sobre todo descubrir que hombres como Hitler, Mao o Stalin fueron casi sex-symbol. Adolf Hitler recibió más cartas de fans que Mick Jagger y The Beatles juntos. Y Mussolini, más de 30.000 al mes. Su seducción era total.
- Es difícil verles como unos seductores.
- Es verdad que cuando ves, por ejemplo, a Hitler piensas cómo este hombre pequeño, con ese bigotito y tan nervioso puede tener ese poder de seducción. Pues lo cierto es que trabajaron mucho sus imágenes. Hitler sabía qué poses le favorecían más cuando se ponía ante la cámara de Heinrich Hoffmann, su fotógrafo personal. Hay que tener en cuenta que él aprende a vestirse con mujeres -como Helen Bechstein, la rica esposa del heredero de los pianos Bechstein-.
- ¿Logró quitarle a Hitler los pantalones cortos de piel?
- Sí, él hasta entonces siempre había parecido un campesino austriaco que siempre y en todas partes llevaba los mismos pantalones cortos de cuero. Ella empezó por renovarle su vestuario y luego le inició en los buenos modales. Así aprendió la galantería de besar la mano a las mujeres y también aprendió a conocerlas. Él accedió porque desde el primer momento comprendió que si ellas tenían derecho a votar tenía que ponerlas de su lado.
- Con todo, es más fácil pensar que les atraía la erótica del poder.
- Sí, pero no se puede explicar todo el fenómeno así, sino ellas podrían haber elegido presidentes de república, reyes Hay una relación más destructiva, parecida al síndrome de Estocolmo donde la víctima acaba queriendo a quien le está haciendo daño. Hay una atracción tanto por Eros como por Tanatos que tiene que ver más con el peligro que con el poder.
- Eso que dice se ve muy claramente en el caso del matrimonio Bokassa, ¿no le parece?
- Sí, por supuesto. En el caso de Catherine ella es más que una esposa una prisionera en una caja de oro. Se llegó a acostumbrar a la poligamia de su celoso marido, pero quería seguir siendo la elegida mientras las demás deseaban compararse a ella en Bangui. Pero solo en París era la reina de su pequeño mundo porque él no estaba con ella. Esos son los únicos momentos en los que sus amigas la vieron feliz, hablando libremente y bebiendo cerveza. Luego la puerta de su caja de oro la abriría el presidente Giscard D'Estaing.
- No todas son así. Las hay tan fuertes y controladoras como Elena Ceaucescu, ¿influía mucho ella en su marido?
- Este es un caso muy raro de pareja en el poder que sólo se ve de nuevo con el matrimonio Milosevic, que estará en mi siguiente libro. Es imposible imaginar al uno sin el otro. En el caso de los Ceaucescu no se puede decir que Elena influyera en su marido desde el punto de vista ideológico, ya que ella apenas tenía una educación, pero sí lo hace en su cotidianidad. Ella fue la reina del mundo interior de Nicolae y la que dirigía sus relaciones con el mundo exterior, de modo que todo pasaba por ella.
- Es curioso que comienza el capítulo dedicado a ellos con la última jeringa de insulina que Elena llevaba para su marido, ¿mucho amor o dependencia?
- Esa es una buena reflexión, ya que muchas veces se confunden ambos. Son diferentes, claro, pero a veces es difícil separarlos. En este caso creo que ellos se querían, pero lo hacían desesperadamente. Lo eran todo el uno para el otro, de modo que vivían un amor vital, sin el que uno moriría. Por eso he querido comenzar el capitulo con esta imagen, porque es un símbolo de la relación entre ambos.
- Por cierto, ¿alguna de estas mujeres fue capaz de someter al dictador?
- Me gustaría poder decir que sí, pero no sería verdad. Es cierto que, por ejemplo, a Hitler Eva Braun a veces le hizo callar. Era algo que además a él le gustaba mucho. O que a Milosevic le toca pasar el aspirador, y en silencio cuando ella lo pide en ciertas ocasiones. Pero no se puede decir que haya ninguna que haya sometido al dictador, sólo que a veces a ellos les gusta ser victimizados.
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dissabte, 17 d’octubre del 2009

'Ardi'. Descubren el esqueleto del ancestro humano más antiguo



'Ardi' vivió hace 4.4 millones de años, era una hembra, pesaba unos 50 kilogramos y medía unos 120 centímetros de altura

1/10/2009 LA VANGUARDIA


 

  
  
 
 
 


Madrid.  (EUROPA PRESS).- En una edición especial de Science, un equipo internacional de científicos por primera vez ha descrito minuciosamente a Ardipithecus ramidus, una especie homínida que vivió hace 4.4 millones de años en lo que es Etiopía.
El esqueleto de 'Ardi' es el del homínido más antiguo conocido
El esqueleto de 'Ardi' es el del homínido más antiguo conocido /Science
Esta investigación en forma de 11 detallados artículos y sumarios más generales, aparece en la edición del 2 de octubre de 2009 de la revista.

Este paquete de investigación ofrece la primer descripción comprehensiva y revisada en forma colegiada de los fósiles de Ardipithecus, los cuales incluyen el esqueleto parcial de una hembra, llamada Ardi.

Se cree que el último antepasado común compartido por humanos y chimpancés vivió hace seis o más millones de años. Aunque Ardipithecus no es el último antepasado común, probablemente compartió varias de las características de este antecesor.

Como comparación, Ardipithecus es más de un millón de años más antiguo que Lucy, el esqueleto parcial femenino de Australopithecus afarensis.

Hasta el descubrimiento de los nuevos restos de Ardipithecus, el registro de fósiles contenía escasa evidencia de otros homínidos más antiguos que Australopithecus.

A través de un análisis del cráneo, dientes, pelvis, manos, pies y otros huesos, los investigadores han determinado que Ardipithecus tenía una mezcla de rasgos "primitivos" compartidos con sus predecesores, los primates del Mioceno, y rasgos "derivados", que comparte exclusivamente con homínidos posteriores.

Dada su antigüedad, Ardipithecus nos acerca más al aún elusivo último ancestro común. Sin embargo, varios de sus rasgos no aparecen en los simios africanos de la época moderna. Por consiguiente, una conclusión sorprendente es que es probable que los simios africanos hayan evolucionado ampliamente desde que compartimos ese último ancestro común, lo que convierte así a chimpancés y gorilas vivos en pobres modelos para el último antepasado común y para entender nuestra propia evolución desde ésa época. "En Ardipithecus tenemos una forma no especializada que no ha evolucionado mucho en la dirección de Australopithecus.

Por lo que cuando vas de la cabeza a los dedos del pie, lo que ves es una criatura mosaico, que no es ni chimpancé, ni es humano. Es Ardipithecus", dijo Tim White de la Universidad de California Berkeley, quien es uno de los principales autores de la investigación "Con un esqueleto tan completo, y con tantos otros individuos de la misma especie en el mismo horizonte temporal, podemos realmente entender la biología de este homínido", dijo Gen Suwa de la Universidad de Toxio, paleoantropólogo del Proyecto y también uno de los principales autores de Science. "Estos artículos contienen una enorme cantidad de datos recolectados y analizados a través de un importante esfuerzo internacional de investigación.

Ellos abren una ventana a un periodo de la evolución humana de la que hemos sabido poco, cuando los homínidos primitivos estaban estableciéndose en África, poco después de separarse del último antepasado que compartieron con los simios africanos", dijo Brooks Hanson, subeditor de ciencias físicas de Science. "Science está encantada de publicar esta riqueza de nueva información, la cual nos da importante nuevo conocimiento sobre las raíces de la evolución homínida y sobre lo que nos hace a los humanos únicos entre los primates", dijo Hanson.

La colección especial de artículos de Science comienza con una ponencia general que resume los hallazgos principales de este esfuerzo de investigación. En este artículo, White y sus coautores introducen su descubrimiento de más de 110 especimenes de Ardipithecus incluyendo un esqueleto parcial con la mayor parte del cráneo, manos, pies, extremidades y pelvis. Este individuo, "Ardi" era una hembra, que pesaba alrededor de 50 kilogramos y medía unos 120 centímetros de altura.

Hasta la fecha, los investigadores han asumido generalmente que los chimpancés, gorilas y otros simios africanos modernos han conservado varios de los rasgos del último antepasado que compartieron con los humanos - en otras palabras, se pensaba que este presunto ancestro era más tipo chimpancé que tipo humano. Por ejemplo, se habría adaptado para balancearse y colgarse de las ramas de los árboles, y quizá anduvo sobre sus nudillos mientras estaba en el suelo. Sin embargo, Ardipithecus cuestiona esos supuestos.

Estos homínidos parecen haber vivido en un entorno boscoso, en donde treparon en cuatro patas a lo largo de las ramas de los árboles - como lo hicieron algunos de los primates del Mioceno - y caminaron, erguidos, en dos patas, cuando en el suelo. No parecen haber sido andadores sobre nudillos, o haber pasado mucho tiempo columpiándose y colgándose de las ramas de los árboles, especialmente como lo hacen los chimpancés. En general, los hallazgos sugieren que los homínidos y los simios africanos han seguido, cada uno, diferentes senderos evolutivos, y que ya no podemos considerar a los chimpancés como "reemplazos" de nuestro último antepasado común. "Darwin dijo que tenemos que ser muy cuidadosos.

La única manera en que vamos a saber realmente a quién se parece este último antepasado común es ir y encontrarlo. Bien, pues de hace 4.4 millones de años encontramos algo bastante cercano. Y, tal y como Darwin entendió, la evolución de los linajes de los simios y el linaje humano ha avanzado independientemente desde la época en que esas líneas se separaron, desde el último antepasado común que compartimos", dijo White.

Esta edición especial de Science incluye un artículo general, tres artículos que describen el entorno en el que habitó Ardipithecus, cinco que analizan partes específicas de la anatomía de Ardipithecus, y dos que abordan lo que este nuevo cuerpo de información científica podría implicar para la evolución humana. En total, 47 autores diferentes de alrededor del mundo contribuyeron al estudio total de Ardipithecus y su entorno.

Los autores principales fueron Tim White, de la Universidad de California, Berkeley, Berhane Asfaw del Servicio de Investigación de Rift Valley en Addis Ababa, Giday WoldeGabriel del Laboratorio Nacional de Los Alamos, Gen Suwa de la Universidad de Tokio, y C. Owen Lovejoy de la Universidad Estatal de Kent. "Estos son los resultados de una misión a nuestro pasado africano profundo", dijo WoldeGabriel, quien también es codirector del Proyecto y geólogo.









El descubrimiento que replantea la evolución humana

Ardi, la primera pacifista

Un esqueleto excepcional hallado en Etiopía aclara el origen de la humanidad

JOSEP CORBELLA - Barcelona - 02/10/2009

EL HOMÍNIDO MÁS ANTIGUO



Es el descubrimiento más importante sobre los orígenes humanos en los últimos 35 años

Llegaron en son de paz. Habían perdido los grandes colmillos con que los machos de especies más antiguas se atacaban. Ya caminaban erguidos cuando bajaban al suelo y, al tener las manos libres, podían llevar alimentos a los que se habían quedado en las ramas de los árboles. Se ayudaban entre ellos. Las hembras desarrollaron estrategias para ocultar la ovulación, de modo que se redujeron las peleas entre machos y se favorecieron las relaciones monógamas estables. Los machos, a su vez, se prestaron a no detectar la ovulación atrofiando su sentido del olfato, lo que permitió extender las relaciones sexuales a cualquier momento del ciclo menstrual y a no limitarlas a los días en que las hembras eran fértiles. De este modo, al limitarse las agresiones y favorecerse la cooperación, pudieron vivir juntos y en paz en grandes grupos. Como en un paraíso original. O como en las ciudades modernas. ...


Ardi, la primera pacifista (cont.)



EL DESCUBRIMIENTO Los humanos no evolucionaron a partir de un simio parecido a un chimpancé

sin precedentes en el campo de la evolución. Estos artículos analizan no sólo los fósiles de Ardi y sus congéneres, sino también el ecosistema en que vivía, su dieta o su estructura social. Los más de 150.000 fósiles de animales y plantas hallados junto a los restos de los ardipitecos indican que vivían en zonas boscosas, aunque no de selva densa. Convivían con pequeños mamíferos como murciélagos, musarañas y ratones, así como con otros de mayor tamaño como osos, hienas, rinocerontes, jirafas y antílopes. También se han encontrado restos de aves como loros y búhos y de árboles como higueras. Pasaban gran parte de su tiempo en las ramas, en las que se movían con destreza, aunque ya tenían la capacidad de bajar al suelo y caminar erguidos. El dedo gordo del pie, que podía tocar la yema de los otros dedos como el pulgar en la mano, le ayudaba a asirse a las ramas, pero le impedía correr con soltura por el suelo. ...




El hallazgo explica la peculiar sexualidad de la especie humana

J. CORBELLA - Barcelona - 02/10/2009

Si alguna vez les ha intrigado por qué los humanos suelen mantener relaciones sexuales en días en que las mujeres no son fértiles (algo infrecuente en el reino animal, donde se intenta no desaprovechar recursos tan preciosos como los espermatozoides), o por qué los hombres tienen el pene con una morfología más simple de cualquier primate; o por qué las mujeres tienen las mamas protuberantes incluso cuando no es tiempo de lactancia, al antropólogo Owen Lovejoy, coautor de las investigaciones sobre Ardi, tiene una respuesta. El origen de todos estos extraños comportamientos y atributos humanos, según Lovejoy, se remonta al día en que nuestros ancestros bajaron de los árboles y empezaron a caminar por el suelo sobre dos patas. Con las manos libres, pudieron empezar a recolectar alimentos y transportarlos. Esto permitió que gran parte de las hembras se quedaran en los árboles cuidando de las crías y gran parte de los machos se aventuraran en tierra firme en busca de alimentos. Lo cual a su vez permitió que más crías sobrevivieran y el grupo creciera. ...

dimarts, 20 de gener del 2009

Prisisón de mujeres 1939-1955: una web sobre la memoria histórica de las mujeres durante el franquismo


“Memoria de Las Cortes. Cárcel de mujeres” es una web que integra un contenido exhaustivo con un diseño excelente, aprovechando todos los soportes que nos permite actualmente Internet: testimonios orales, clips de vídeo, copias de los textos oficiales… Incorpora muchose recursos, destacando un conjunto de actividades didácticas elaboradas por HISTORAULA, Asociación de profesorado por la Historia Oral al Aula de Catalunya.

Como dicen los mismos autores de la página, partiendo de la imposibilidad de reconstruir el pasado, intentan construir “una interpretación histórica sobre la existencia de una cárcel de mujeres que ya no existe, pero que marcó miles de vidas” y que ejemplifica la oscura noche del franquismo. Hoy, además, páginas como ésta son necesarias para romper el olvido y recuperar nuestra memoria histórica. Esta página permite que todo el mundo, también nuestro alumnado, pueda acceder al conocimiento de los hechos históricos a partir de testimonios concretos.

La web será presentado por Carlota Falguera i M. Victòria Rubio en las Jornadas Las Fuentes Orales - De la teoría a la práctica. El aula como espacio de la memoria, que tendrán lugar en Tarragona el 13 y el 14 de febrero de 2009. El título del trabajo es “Una web como recurso para la investigación histórica a la enseñanza secundaria“.

URL: http://presodelescorts.org/

dijous, 22 de maig del 2008

La mujer en la Antigüedad (desde la sedentarización hasta el II milenio a.C.)

La mujer en los grupos sedentarios. El Neolítico y la sedentarización de los grupos humanos

El descubrimiento de la agricultura supuso un cambio esencial en las comunidades prehistóricas, que dejaron de ser nómadas y se asentaron en lugares fijos en torno a los cuales establecieron sus cultivos. Este cambio fue lento y progresivo y no afectó a todos al mismo tiempo, pero su avance resultó imparable y acabó imponiéndose en casi todos los grupos humanos. Font: INDEXNET-SANTILLANA

El establecimiento de la desigualdad social

La sedentarización no supuso una mejora en la posición de las mujeres; más bien se cree lo contrario. Se piensa que con la formación de poblados sedentarios la mujer quedó unida al trabajo doméstico, al cuidado de los niños y a ciertas actividades agrícolas que se realizaban en torno a las casas, como limpiar el grano, moler,etc. Por su parte, los hombres se dedicaron a actividades de más prestigio, como el desbrozo de los bosques, la defensa del grupo y ciertas actividades agrícolas.

La división de tareas supuso el comienzo de la desigualdad social, con un predominio de los hombres. Cada uno de los sexos pasó a tener un lugar de actuación: los hombres desarrollaban sus actividades en el exterior del poblado, mientras que las mujeres quedaron relegadas a la cabaña. Font: INDEXNET-SANTILLANA

Megalitismo y diferencias de género en los rituales funerarios

A finales del Neolítico, cuando en muchos lugares ya se utilizaba el cobre, los grupos humanos habían experimentado una considerable transformación. Aumentaron su tamaño, se establecieron definitivamente en lugares fijos y en toda Europa comenzaron a construir grandes tumbas colectivas, denominadas megalitos.

Los enterramientos en los megalitos no reflejaban diferencias de género. Parece que aún existía una gran igualdad en la consideración de hombres y mujeres, a pesar de la diferenciación de funciones.

El megalitismo también nos muestra que los grupos humanos adquirieron una gran complejidad, y que algunos sitios, aquellos con los principales megalitos, mantenían una relación de dominio sobre otros asentamientos cercanos más pequeños.

Font: INDEXNET-SANTILLANA

La Edad de Bronce y la sumisión de la mujer

Durante la Edad de los Metales, el surgimiento de las primeras sociedades complejas, que abarcaban grandes áreas de terreno con una jerarquización de los asentamientos por su importancia en el conjunto, vino acompañado del definitivo dominio del hombre sobre la mujer.

Se establecieron sociedades basadas en la ciudad-Estado, cuyo principal objetivo era la defensa común frente al exterior y en las que se asentó la idea de que la participación en la defensa, es decir, la función del guerrero, era la que otorgaba derechos políticos en la comunidad.

A causa de esta mentalidad, aquellos a los que no se les permitía intervenir en la defensa quedaban excluidos de la toma de decisiones colectivas, y las mujeres estaban en este grupo. Las mujeres,

por tanto, cualquiera que fuese su nivel social o su riqueza, no podían participar en la vida política y quedaban sometidas a los hombres. Font: INDEXNET-SANTILLANA

El yacimiento de Los Millares

Este yacimiento almeriense es uno de los más importantes de finales del Neolítico y comienzo de la Edad de los Metales. Se trata de un emplazamiento espectacular, una gran ciudad de la época, con tres líneas de murallas y torreones.

Del estudio de este yacimiento se deduce una organización social muy compleja, con un claro predominio de la figura del guerrero, que defiende la comunidad y asegura el sometimiento de los núcleos vecinos.

Esta primacía del guerrero implica, a la vez,la subordinación de la mujer, que no participaba activamente en la defensa y, por tanto,tenía un prestigio y una consideración inferiores a los de los hombres. Font: INDEXNET-SANTILLANA


LAS MUJERES SEGÚN EL CÓDIGO DE HAMMURABI

El Código de Hammurabi y otras fuentes

Para conocer la situación de la mujer en Mesopotamia, la mejor fuente es el Código de Hammurabi, un conjunto de leyes establecidas por este rey en el siglo XVIII a.C. Muchas de sus normas nos describen los derechos y las obligaciones de las mujeres, y gracias a ello podemos hacernos una idea de cómo vivían.

Hay algunos aspectos generales del Código que son importantes para comprender la mentalidad de las personas en la antigua Mesopotamia.

En primer lugar, el orden social estaba por encima de cualquier tipo de derechos individuales. En segundo lugar, el marido o el padre era el cabeza de familia. Por último, se consideraba que la legitimidad de la descendencia era esencial, y por ello se limitaba estrictamente la libertad sexual de la mujer, no así la del hombre.

La sumisión de la mujer

La mujer en Mesopotamia estaba sometida a la autoridad del hombre, bien fuese su padre o su marido. Los hijos (tanto los varones como las mujeres) eran considerados posesiones del padre. La mujer no pertenecía al marido, aunque en el aspecto sexual sí que era considerada como una propiedad

del esposo y estaba seriamente castigada cualquier relación sexual de la mujer casada fuera del matrimonio, tanto para ella como para

su amante.

Aunque se cree que en Babilonia las mujeres tenían derecho de propiedad, lo más habitual era que el padre o el marido fuesen quienes administrasen los bienes familiares.

Matrimonio

El matrimonio, al menos en teoría, era acordado por el padre o los hermanos, y el Código de Hammurabi establecía que era necesario un contrato para establecer todas las condiciones de la unión y las posibilidades en caso de divorcio o viudedad.

En el contrato matrimonial había dos conceptos de gran importancia: la dote y el precio de la novia.

La dote era la cantidad que el padre de la novia otorgaba a su hija para el mantenimiento de su nuevo hogar. Las hijas no tenían normalmente derecho a la herencia del padre, porque se suponía que su parte de posesiones estaba ya entregada con la dote. La dote pasaba a pertenecer al conjunto de bienes del nuevo hogar. El precio de la novia era una cantidad acordada que la familia del novio tenía que pagar para que su hijo se pudiera casar con una mujer. Esta cantidad pasaba también a formar parte de los bienes de la nueva familia.

Un padre podía entregar una hija para ejercer de sacerdotisa de un dios. Y parece que muchas mujeres lo hacían voluntariamente para escapar de un matrimonio no deseado. Si la mujer ingresaba en el servicio religioso, tenía igual derecho a la dote, que debía administrar su padre o sus hermanos.

Divorcio y ruptura familiar

Un hombre podía divorciarse de una mujer sin necesidad de una justificación, pero, si había tenido hijos con ella, esta se quedaba con la dote, con los niños y con los derechos de la propiedad para poder mantenerlos. Además, cuando su ex marido moría, ella tenía derecho a una proporción de las propiedades igual a la de los hijos.

Si la mujer no tenía hijos, se devolvía la dote más una indemnización. Si era la mujer quien quería divorciarse o el marido se negaba a entregar la dote, entonces intervenían los tribunales. Si la mujer podía demostrar que la ruptura matrimonial era culpa de la dejación del marido, entonces podía irse con sus hijos y con la dote a la casa del padre. Pero si se demostraba que el matrimonio se deshacía por su culpa, perdía la dote y los hijos y el marido podía mantenerla como sierva e incluso arrojarla al río.

La protección de las viudas

Cuando una mujer Mesopotamia se quedaba viuda su desamparo era realmente muy grande, por lo que los babilonios establecieron leyes para ofrecerle una ayuda que le permitiese sobrevivir dignamente. Para ello se estableció que los regalos de boda debían guardarse como una salvaguarda para la mujer en caso de la muerte del marido. Si no existían estos regalos, se establecía que la mujer heredaba

una parte proporcional a la de cualquier hijo de las posesiones del marido. La viuda, además, tenía el derecho a permanecer en el hogar familiar durante el resto de su vida.

Si una viuda decidía volver a casarse, perdía los regalos de boda y tenía que marcharse del hogar familiar. Aunque si tenía hijos a su cargo, debía pedir un consentimiento judicial para volver acasarse.

El adulterio

Para los babilonios el adulterio consistía en que una mujer casada mantuviese relaciones con otro hombre diferente de su marido.

No se consideraban adulterio las relaciones extramatrimoniales del marido con mujeres no casadas. Si una mujer era sorprendida en adulterio con su amante, el marido tenía derecho a atarlos juntos y arrojarlos al río para que se ahogasen. Si lo deseaba, podía salvar a su mujer, pero entonces debía hacer lo mismo con el amante. Si un marido acusaba a su mujer de adulterio sin pruebas palpables, ella tenía que jurar inocencia delante de un sacerdote y podía volver con su marido. Si, además del marido, otra persona la acusaba de adulterio, entonces debía someterse a una durísima prueba: tenía que jurar ante los dioses su inocencia y luego arrojarse al río. Si se ahogaba, se consideraba que era culpable, y si no se ahogaba, se pensaba que los dioses la habían ayudado porque era inocente. Muy pocas personas sabían nadar en Mesopotamia,por lo que esta prueba era realmente muy arriesgada.

Font: Crónica de mujeres, INDEXNET- SANTILLANA