dimecres, 18 d’agost del 2010
“¿Adiós a Pericles?”
Las dificultades de Grecia están poniendo a severa prueba la solidez del proyecto económico y político de Europa y por ello merecen atención singular, además de su extrapolabilidad a otros países más cercanos. Pero los severos problemas en la ateniense cuna de la democracia llaman la atención acerca de un legado incluso más peligroso de la crisis.
Los países occidentales casi nos hemos acostumbrado a considerar, a la vista de la historia de los últimos pocos siglos, que prosperidad económica, democracia política y compromisos sociales suelen evolucionar en paralelo, de modo que las economías más avanzadas económicamente asumen con más facilidad mecanismos políticos democráticos y de respeto a las libertades individuales, facilitando la adopción de políticas públicas que solemos denominar estado del bienestar. Por ello habíamos ido suponiendo que a medida que otros países “emergieran” económicamente seguirían la misma trayectoria hacia la democracia política y crecientes niveles de compromisos sociales.
Pero ¿es esta realmente la regla o tal vez la historia nos dirá que fue la excepción? Los cambios de poder económico y político a favor de las economías emergentes y algunas de las principales acreedores en las finanzas globales, muchas de ellas autocracias de diverso tipo, ¿llevarán consigo un peso asimismo creciente de sus valores de organización política y social, tan alejados de lo que consideramos deseables en las economías occidentales? ¿Es impertinente recordar que la Atenas democrática vinculada a la figura de Pericles fue históricamente breve y que sucumbió ante sociedades más militarizadas y jerarquizadas como Esparta primero y luego Macedonia?
Y hay síntomas preocupantes en muchos frentes. Desde cambios en la distribución de la renta que conducen a concentraciones en la riqueza y otras vertientes del poder, hasta las limitaciones que encuentran las políticas para impulsar con solidez la recuperación tras agotar -y en ocasiones malgastar- buena parte de sus potencialidades en actuaciones de desigual eficacia, pasando por el papel rápidamente recuperado de unos mercados financieros internacionales con creciente peso de los países con capacidad de generar superávits -de origen comercial o energético- a menudo menos democráticos que los occidentales en dificultades. Todo ello apunta a que el peor legado de la crisis puede ser una correlativa difuminación de las sociedades democráticas y sus valores, una regresión, esta sí, de alcance histórico.
Y no sé si es peor que nuestras sociedades permitan el deterioro de las instituciones que deberían contrarrestar estas derivas autocráticas o la pasividad, incluso complacencia, ante ello de algunos influyentes sectores en esas mismas sociedades. La Atenas de Pericles sucumbió ante el empuje de sus rivales, pero también por las suicidas disputas internas.
Juan Tugores Ques. Catedrático de Economía de la UB.
Fuente: 6-2-2010 LA VANGUARDIA
dimecres, 11 de febrer del 2009
Atenas y Esparta: dos sociedades griegas diferentes (radio UNED)
Se habla sobre la diferente organización social de Atenas y Esparta, condicionada por diversos factores, incluido el geográfico. Mientras que Atenas se abre al Mediterráneo, Esparta se cierra sobre sí misma. Mientras Atenas se expande a través de la economía, Esparta debe luchar constantemente con la vecina Mesenia. Se habla sobre la población de ambas ciudades y sobre los que eran ciudadanos y también sobre el papel de la mujer.
Participante/s: Pilar Fernández Uriel, Profesora Titular Historia Antigua (UNED)
dimarts, 18 de novembre del 2008
La hegemonía de Atenas (s. V a. de C.) y las guerras del Peloponeso (431 a 404 a. C.)
Liga de Delos
Atenas había terminado asumiendo la dirección de las Guerras Médicas y desde que Arístides organizó la Confederación de Delos, quedó convertida en ciudad jefe de la misma. Hizo trasladar el tesoro de la Liga de Delos a Atenas que pareció por algunos años la capital de un estado unificado y no tuvo inconveniente en obligar a someterse por la fuerza a los estados de la confederación que Intentaban abandonarla.
Esplendor de Atenas: el siglo de Pericles.
Atenas era la primera ciudad de Grecia, gracias a una superioridad que ninguna discutía, pero que muchas envidiaban. Espléndidamente reedificada, después del saqueo e incendio de que había sido objeto por las tropas de Jerjes, y con sus magníficos monumentos, llegó a ser la ciudad más rica y bella de todo el mundo griego.
Pericles, orador y hombre de estado, jefe del partido popular, fue durante veinte años el ídolo de Atenas y el arbitro de sus destinos.
- Estableció nuevas colonias en Magna Grecia, Tracia y Calcídica.
- El puerto de El Píreo fue transformado
- y las naves atenienses mantenían un intenso comercio en todo el mar Mediterráneo.
El siglo en que vivió el gran hombre de estado ha sido llamado Siglo de Pericles, y durante él, llegaron en Atenas a su punto culminante, la organización de la democracia, la cultura y las artes.
Guerras del Peloponeso. (431 a 404 a. C.)
El antagonismo entre espartanos y atenienses era cada día mayor, y Esparta, aliada de Corinto y Tebas, y en posesión de un magnífico ejército, deseaba ardientemente la guerra que le permitiera acabar con el poderío ateniense y recobrar la hegemonía que había perdido desde las Guerras Médicas.
La ocasión la brindó una guerra local entre Corara y Corinto, que fueron respectivamente apoyadas por Atenas y Esparta, comenzando las Guerras del Peloponeso, que duraron 27 años (431 a 404) y fueron llamadas así porque casi todas las ciudades del Peloponeso, capitaneadas por Esparta, tomaron parte en ellas. Fue una lucha entre pueblos dorios y jonios, y apenas quedaron estados neutrales. Esparta no tuvo inconveniente en aceptar el interesado apoyo de los persas, que odiaban a los atenienses.
Guerra de los Diez años (431 a 421 a.C.)
En la primera fase, llamada, por su duración, Guerra de los Diez años, los espartanos
invadieron el Ática, y en Atenas, una epidemia de peste causó muchas víctimas, entre ellas Pericles. Fue substituido por Cleón, que en una de las derrotas perdió la vida.
Su sucesor Nicias ajustó la paz de su nombre (Paz de Nicias), que sólo fue una tregua de escasa duración.
Guerra de Sicilia (415 a 413 a. de C.)
La segunda fase fue la llamada Guerra de Sicilia, ya que tuvo lugar en esta isla, donde los atenienses, dirigidos por Alcibíades, nieto de Pericles, pusieron sitio a Siracusa, que no pudo ser conquistada. El ejército ateniense que se había adentrado en la isla fue aniquilado y los supervivientes vendidos como esclavos.
Guerra de Decelia (413 a 404 a. C.)
El desastre sufrido animó a los espartanos a ocupar la fortaleza de "Decelia (año 413) próxima a Atenas, cuando ya disponían, gracias al "oro de los persas, de una escuadra.
En esta tercera fase o Guerra de Decelia, la mayor parte de las ciudades aliadas de Atenas se rebelaron contra ella, y la escuadra ateniense quedó deshecha en Egos Potamos (405).
Atenas fue sitiada, capituló bajo durísimas condiciones y quedó sometida a Esparta (404). Aunque más tarde volvió a recobrar su libertad, nunca más recobró su antiguo poderío.
La hegemonía de Esparta (hasta 397 a. C)
Terminadas las guerras del Peloponeso, quedó Esparta ocupando el primer puesto entre las ciudades griegas, pero su hegemonía fue más dura que lo había sido la de Atenas.
Esparta se mezcló en la vida interior de las ciudades, intentando excluir a los demócratas de las funciones de gobierno, para encomendarlas al partido oligárquico.
Esta época de apogeo espartano está caracterizada por una expedición enviada a Persia para prestar apoyo a Ciro el Joven, que se había rebelado contra su hermano el rey Artajerjes. Éste obtuvo la victoria y los espartanos, dirigidos por Jenofonte, se vieron obligados a hacer la famosa Retirada de los Diez Mil (401 a. C.), perseguidos de cerca por los enemigos. El mismo Jenofonte escribió (Anábasis) la historia de estos sucesos.
Los persas contra Espartae Esparta (hasta 397 a. C)
Entonces los persas vieron al enemigo en Esparta y le declararon la guerra, fomentando al mismo tiempo contra ella las sublevaciones de las ciudades griegas descontentas de su hegemonía.
El rey espartano Agesilao pudo vencer con su aguerrido ejército a los sublevados del interior, pero su escuadra fue derrotada por la persa, que iba mandada por el ateniense Conón.
Antes de perder la supremacía, los espartanos, prefirieron pactar con los persas, tradicionales enemigos de Grecia (Paz de Antálcidas, 397 a. C.) a quienes entregaron las colonias de Asia Menor, a cambio de su protección.
La hegemonía de Tebas (371-361 a. C)
Varias ciudades griegas formaron una liga, a cuya cabeza se puso Atenas. Con su ayuda, los generales tebanos Pelópidas y Epaminondas "arrojaron a los espartanos de Tebas (371 a. C) y la hegemonía de esta ciudad substituyó a la de Esparta.
Decadencia de Grecia
Sólo diez años duró la hegemonía de Tebas y tras ella renacieron en Grecia las frecuentes y asoladoras luchas, que fueron lentamente debilitando a todas y cada una de sus ciudades, sin que ninguna de ellas hubiera llegado a ser lo suficientemente fuerte para dominar a las restantes y hacer la unificación política del país. Ésta fue impuesta, en la segunda mitad del siglo IV, por los macedonios.
dimarts, 14 d’octubre del 2008
Esparta: una sociedad de guerreros (en Historia National Geographic)
| Esparta, envidia del Mediterráneo | | | |
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Vivían sometidos a las leyes más férreas y consiguieron ser guerreros invencibles. De moral muy desinhibida, los espartanos eran la envidia de su tiempo. Laconia es la región más sureña de la Grecia continental. La recorre el río Eurotas, cuya llanura fluvial, muy fértil, se halla limitada al este y al oeste por sendas cadenas montañosas que actúan como defensas naturales. Hasta allí llegaron, hará unos 3.000 años, las invasiones de los dorios, que unificaron cuatro aldeas de nativos para fundar la nueva ciudad –polis, en griego– de Esparta o, como preferían llamarla sus habitantes, Lacedemón. Antes del siglo VI a. de C. fue refundada, convirtiéndose en una peculiarísima ciudad-estado que pasó a la Historia.
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En Historia National Geographic, NÚMERO 5, PÁGINA 54
Frente a la inquieta Atenas, Esparta fue en la antigua Grecia un remanso de orden y de virtudes guerreras. O al menos así lo quiso la leyenda, que idealizó su modo de vida.
Frente a la refinada y opulenta Atenas, Esparta ofreció un modelo alternativo de vida que históricamente ha ejercido una atracción especial. En la antigüedad, al ateniense Platón se inspiró en la ciudad del Peloponeso para elaborar su utopía política, y más tarde, Rousseau preconizó decididamente el ideal espartano como la más auténtica forma de república libre. Lo cierto es que Esparta constituyó una sociedad de gran originalidad. Desde la conquista de la ciudad por un pueblo dorio, Esparta se convirtió en centro del Estado más extenso territorialmente y más poderoso en lo militar de toda Grecia.Su constitución quedó fijada por Licurgo, el gran legislador de principios del siglo VII. En ella se imponía un estricto régimen de segregación social.
Por una parte, estaban las clases subordinadas: los hilotas, prácticamente esclavos; y los periecos, que residían en los alrededores de Esparta y poseían algunos derechos. Los únicos ciudadanos de pleno derecho eran los llamados "iguales", en su origen no más de nueve mil hombres. Como el término indica, entre ellos reinaba un sistema de absoluta igualdad basado en un respecto estricto a las leyes.
El objetivo del sistema social espartano era producir una elite de guerreros dispuestos a entregar su vida en defensa de la patria, y lo cierto es que en este punto el éxito fue completo.
Los soldados espartanos destacaron como los mejores hoplitas (infantes) de toda Grecia, y sus intervenciones han quedado grabadas en la historia en batallas como la de las Termópilas o de Platea, hasta la última gran guerra de Esparta, que terminó con la derrota de Leuctra. Esta excelencia en la guerra se lograba gracias a una educación severa, basada en la gimnasia pero también en las artes, especialmente la música.
La vida de los espartanos tenía un carácter comunitario muy marcado, reflejado en costumbres como la de las comidas en común o syssitia. Como escribía Plutarco, los espartanos vivían como en un campamento, "convencidos de que no se pertenecían a sí mismos sino a la patria".

Vivían sometidos a las leyes más férreas y consiguieron ser guerreros invencibles. De moral muy desinhibida, los espartanos eran la envidia de su tiempo.
La manera de luchar de los espartanos era legendaria. Los reinos extranjeros que querían invadir Grecia buscaban antes una alianza militar con Esparta y colmaban a los espartanos de regalos. En cambio, el mejor presente que Esparta podía hacer a las otras ciudades griegas era un general.