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dijous, 4 de febrer del 2010

El mundo urbano bajomedieval (s.XII-s.XV),nivel básico.

En el siglo XII se aprecian cambios en el orden económico, social, político y cultural en el occidente europeo. Frente al feudalismo rural, autárquico y cerrado, aparecen dos nuevos poderes a tener en cuenta: el rey y las ciudades. Estos cambios transcurren fundamentalmente entre los siglos XII y XV, y su marco geográfico es el de Europa occidental, cuyo mundo se amplía hacia el este, llegando hasta el Elba, gracias a las nuevas roturaciones y colonizaciones de territorios despoblados, y hacia el sur, en la península ibérica, donde los reinos hispano-cristianos del norte avanzan hacia el sur, llevando a cabo una paulatina repoblación de esas tierras islamizadas y sometidas a la autoridad del califa de Córdoba. o posteriormente a la de los reyes de las taifas.

Una de las iniciativas relacionadas con la expansión y crecimiento interno de Europa son las Cruzadas (S. XI y XII), que ponen de nuevo en contacto a Europa occidental con Oriente y potencian los intercambios comerciales. El crecimiento paralelo de la población europea lleva a incrementar la producción de alimentos. Se roturan nuevas zonas hasta ahora baldías, pero también se aumenta el rendimiento de las tierras cultivadas, debido a la introducción en el campo de adelantos técnicos (arado normando, uso de animales de tiro), y difusión de molinos de agua y viento. Se abandona la roturación bienal por la trienal.

Surgen de nuevo las ciudades como centros de la vida económica y política, y crecen en población y riqueza. El trabajo artesanal se centra en los gremios, que reúnen a los que trabajan una misma profesión. Estas asociaciones garantizan la calidad de la obra y fijan el precio del producto; tienen categorías laborales: maestros, oficiales y aprendices. Crece notablemente la actividad comercial debido al crecimiento agrario y artesanal. Aparece la figura del mercader que se dedica al intercambio de productos en las ferias y mercados de las ciudades. Se reactiva también el comercio internacional de larga distancia: con las Cruzadas, se consigue la reapertura del Mediterráneo como vía hacia Oriente (comercio de especias, perfumes, seda y algodón); en el norte, *( entra en contacto con los territorios del mar Báltico, donde el comercio internacional (comercio de madera, hierro, pescado) lo dominará la Hansa. La moneda, que casi había desaparecido en los siglos anteriores, surge de nuevo, y se desarrollan las técnicas financieras, apareciendo la letra de cambio.

La sociedad europea de estos siglos sigue manteniendo una estructura feudal, en la cual la nobleza y el clero son los estamentos privilegiados. La nobleza conserva por completo su poder político, pero pierde parte de su poder económico en favor de un nuevo grupo en ascenso, la burguesía. El clero mantiene su po­der económico y social y es, como antes, el máximo representante de la actividad cultural. El campesinado, la mayor parte de la población europea, perma­nece sujeto a la tierra y está obligado a las mismas cargas feuda­les. Participa en el aumento de riqueza generado por el desarrollo agrario y accede a los mercados comarcales, donde intercambia sus productos.

Dentro del tercer estamento, aparece un nuevo grupo social en las ciudades, los burgueses, que son hombres libres, sin ningún lazo de dependencia con los señores feudales. Los bur­gueses (hombres de los burgos o ciudades) tienen en común la defensa de sus libertades frente a los estamentos privilegiados, pero en su interior hay diferencias motivadas por la riqueza de sus integrantes, y pronto surgirá un patriciado urbano, formado por banqueros y ricos comerciantes; una burguesía media de artesanos, mercaderes comarcales y hombres de letras; y el pueblo, compuesto por los trabajadores de industrias y talleres artesanales, y los dedicados a los servicios.

El desarrollo de la economía y la evolución de la sociedad hace que varíe el poder de las instituciones. El rey, que antes era sólo un señor de señores, primero entre iguales (monarquia feudal), va imponiendo de manera efectiva su poder político. Controla la emisión de monedas y los tribunales de los señores feudales, e intenta congraciarse con ellos atrayéndolos a la corte. En esta época se consolidan instituciones que representan al tercer estamento, como los Parla­mentos y las Cortes. Se reorganizan y crean nuevos órganos de gobierno, Cancillerías y Consejos, para lo que se crea un funcionariado o burocracia. Es el comienzo de la monarquía autoritaria.

Cultura: Las lenguas romances sustituyen al latín, que se consolidará en la Iglesia, y se desarrollará en lengua romance en casi todos los países (poesía, épica y lírica), que será cantada por trovadores y juglares. La enseñanza se traslada a las ciudades, donde se crean las escuelas catedralicias y episcopales, en las que se enseña el Trivium y el Quadrivium. Surgen las universidades, que serán las transmisoras del saber.

Fuente: PRIETO, M.A.: Prontuario temático, 1982

dimarts, 12 de maig del 2009

La expansión de los reinos hispánicos. Repoblación y reconquista






En el siglo VIII tendrá lugar uno de los hechos más determinantes para la historia de España: la invasión musulmana. En el año 711, los musulmanes se apoderan de un reino visigodo muy debilitado por las luchas intestinas. Hispania se convierte, a partir de entonces, en al-Andalus, una parte más del Imperio creado por Mahoma cien años antes. A lo largo de sus ocho siglos de existencia, al-Andalus será un escenario de mestizaje e intercambio, el puente a través del cual llega a Europa la herencia del saber del mundo clásico.

La invasión musulmana se desarrolla en varias expediciones a lo largo de cuatro años. Entre 711 y 725 toda la península ha sido ocupada, salvo pequeños núcleos en Asturias y los Pirineos. Tras unos años de sequía, los invasores se retiran tras los ríos Duero y Ebro. La retirada favorece la recuperación de los núcleos cristianos.

El pequeño reino de Asturias se convertirá en el punto de partida de la resistencia al invasor, la llamada Reconquista. Tras la legendaria batalla de Covadonga, hacia 720, Pelayo y otra serie de reyes asturianos expanden el reino. Navarra se mantiene independiente, mientras que Carlomagno ocupa los territorios al norte del Ebro, organizando los condados catalanes y la Marca Hispánica para frenar a los musulmanes.

En el siglo X, la zona musulmana de Hispania se ha convertido en Califato. Abderramán III y sus sucesores organizan una corte califal llena de lujo y boato, ampliándose la mezquita cordobesa y edificando la ciudad palaciega de Medina Azahara.

Por el lado cristiano, el reino de Asturias se convierte ahora en el de León. Ramiro II será su monarca más poderoso, derrotando a los musulmanes en Simancas en el año 939. A finales de siglo, sin embargo, la expansión de los reinos cristianos sufre un fuerte retroceso, debido al empuje de los musulmanes, dirigidos ahora por Almanzor.

La situación cambiará radicalmente en la centuria siguiente. Durante el siglo XI, el califato de Córdoba se desintegra en numerosos reinos, llamados de taifas. Galicia, León, Castilla, Navarra y Aragón se organizan como reinos, mientras que en Cataluña evolucionan los condados catalanes. La división musulmana favorece las incursiones leonesas, castellanas y aragonesas, en un avance demoledor.

La debilidad de los reinos de taifas y la presión de los ejércitos cristianos movieron a los andalusíes a llamar en su ayuda a la dinastía africana de los almorávides. Estos consiguen en el año 1086, en Sagrajas, frenar la expansión cristiana. Los almorávides controlarán al-Andalus durante cerca de 100 años, pero su poder acabará por debilitarse, lo que aprovechan los reinos cristianos para atacar. Los aragoneses ocupan el valle del Ebro.

Castellanos y leoneses toman la cuenca del Tajo, mientras que los portugueses ganan Lisboa. La presión de los cristianos motivará de nuevo la entrada de un pueblo musulmán africano, los almohades, que sustituirá en el gobierno de al-Andalus a los almorávides. El gran enfrentamiento entre cristianos y almohades se producirá en Alarcos...







También se dieron grandes batallas, como las de Sagrajas, Alarcos o las Navas de Tolosa. Cuando los cristianos lograban acabar con sus problemas internos, firmaban alianzas y conseguían levantar grandes ejércitos para luchar contra los musulmanes. El carácter de cruzada otorgado por los papas hizo que llegaran a la Península muchos caballeros del resto de Europa. En sentido contrario, las invasiones almorávide y almohade consiguieron unificar bajo su dominio a los diferentes reinos taifas y dificultar el avance cristiano.

Las batallas eran tumultuosas y en ellas tenía un papel destacado la caballería. Fuerza dotada de gran movilidad, entre los cristianos estaba compuesta por todo aquel que dispusiera de un caballo, lo que inmediatamente les daba el estatus de nobles. También entre los musulmanes la caballería fue un arma apreciada. Así, el gran jefe almorávide Yusuf ibn Tasufín dejó el poder a su hijo con la condición de que alzara un ejército de 17.000 jinetes.







En el siglo VIII tendrá lugar uno de los hechos más determinantes para la historia de España: la invasión musulmana. En el año 711, los musulmanes se apoderan de un reino visigodo muy debilitado por las luchas intestinas. Hispania se convierte, a partir de entonces, en al-Andalus, una parte más del Imperio creado por Mahoma cien años antes. A lo largo de sus ocho siglos de existencia, al-Andalus será un escenario de mestizaje e intercambio, el puente a través del cual llega a Europa la herencia del saber del mundo clásico.

La invasión musulmana se desarrolla en varias expediciones a lo largo de cuatro años. Entre 711 y 725 toda la península ha sido ocupada, salvo pequeños núcleos en Asturias y los Pirineos. Tras unos años de sequía, los invasores se retiran tras los ríos Duero y Ebro. La retirada favorece la recuperación de los núcleos cristianos. El pequeño reino de Asturias se convertirá en el punto de partida de la resistencia al invasor, la llamada Reconquista. Tras la legendaria batalla de Covadonga, hacia 720, Pelayo y otra serie de reyes asturianos expanden el reino. Navarra se mantiene independiente, mientras que Carlomagno ocupa los territorios al norte del Ebro, organizando los condados catalanes y la Marca Hispánica para frenar a los musulmanes.

En el siglo X, la zona musulmana de Hispania se ha convertido en Califato. Abderramán III y sus sucesores organizan una corte califal llena de lujo y boato, ampliándose la mezquita cordobesa y edificando la ciudad palaciega de Medina Azahara. Por el lado cristiano, el reino de Asturias se convierte ahora en el de León. Ramiro II será su monarca más poderoso, derrotando a los musulmanes en Simancas en el año 939. A finales de siglo, sin embargo, la expansión de los reinos cristianos sufre un fuerte retroceso, debido al empuje de los musulmanes, dirigidos ahora por Almanzor.

La situación cambiará radicalmente en la centuria siguiente. Durante el siglo XI, el califato de Córdoba se desintegra en numerosos reinos, llamados de taifas. Galicia, León, Castilla, Navarra y Aragón se organizan como reinos, mientras que en Cataluña evolucionan los condados catalanes. La división musulmana favorece las incursiones leonesas, castellanas y aragonesas, en un avance demoledor.

La debilidad de los reinos de taifas y la presión de los ejércitos cristianos movieron a los andalusíes a llamar en su ayuda a la dinastía africana de los almorávides. Estos consiguen en el año 1086, en Sagrajas, frenar la expansión cristiana. Los almorávides controlarán al-Andalus durante cerca de 100 años, pero su poder acabará por debilitarse, lo que aprovechan los reinos cristianos para atacar. Los aragoneses ocupan el valle del Ebro. Castellanos y leoneses toman la cuenca del Tajo, mientras que los portugueses ganan Lisboa. La presión de los cristianos motivará de nuevo la entrada de un pueblo musulmán africano, los almohades, que sustituirá en el gobierno de al-Andalus a los almorávides. El gran enfrentamiento entre cristianos y almohades se producirá en Alarcos...

Desde la entrada de las primeras tropas musulmanas, en el año 711, la península Ibérica había estado casi en su totalidad bajo el dominio islámico. Este predominio fue muy evidente durante los primeros siglos, en los que al-Andalus, la España musulmana, fue muy superior a los pequeños reductos cristianos.

La situación cambió a partir del siglo XI, cuando los reinos cristianos comenzaron a ganar terreno, en un largo proceso conocido como Reconquista. Durante los cinco largos siglos que duró este periodo, se alteraron periodos de lucha y paz, de avance y retroceso. Fueron también frecuentes los cambios en las alianzas, así como las guerras civiles. En algunas ocasiones, reyes cristianos se aliaban con los musulmanes para someter a un rey rival. En otras, gobernantes musulmanes pedían la ayuda de un rey cristiano para mantenerse en el poder.
Muchas veces el objetivo de las campañas era hostigar al rival. Se trataba de demostraciones de fuerza, razzias o expediciones rápidas emprendidas para capturar botín o esclavos. Aunque no se ocupaba terreno, se obligaba a las poblaciones sometidas a pagar impuestos o parias, a cambio de protección y de la garantía de no ser ocupadas.





Aunque en el primer tercio del siglo XI la mayor parte de la península Ibérica se halla bajo dominio musulmán, éste se encuentra también dividido en diferentes reinos, llamados taifas.

Algunas taifas, como las de Tortosa, Valencia, Denia y Almería, son gobernadas por nobles eslavos, llamados saqalibas, esclavos de origen europeo y del norte peninsular que ocupaban altos cargos en la administración y en el ejército califal. En otros casos, al frente de las taifas están personajes de la nobleza local, que han tomado el mando ante el vacío del poder central. Así ocurrió en Zaragoza, Lérida, Toledo, Badajoz, Sevilla, Córdoba y Murcia.

A estas grandes taifas acompañaban otras de menor extensión, como eran las de Albarracín, Alpuente, Silves, Mértola, Huelva, Santa María del Algarve, Niebla y Arcos. El panorama de la España musulmana se completaba con aquellas taifas en las que gobernaba una nobleza de origen berberisco, como eran los territorios de Carmona, Morón, Ronda, Algeciras, Granada y Málaga.

En el norte peninsular, el territorio cristiano se halla también dividido. Algunas regiones son reinos o están en proceso de serlo, como Galicia, Asturias y León, Castilla, Pamplona y Aragón, mientras que otras son condados, como los catalanes, Sobrarbe y Ribagorza. La frontera entre musulmanes y cristianos deja, en estos momentos, dos grandes áreas todavía despobladas, al sur del Duero y en su cabecera.