dimecres, 14 de juliol de 2010

Los Krupp, una dinastía del Ruhr

Fuente: http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20100713/53963480766/los-krupp-una-dinastia-del-ruhr-alemania-hitler-europa-essen-estado-china-capri-estados-unidos-ingla.html


Cuatro generaciones mantuvieron el mayor imperio industrial de Europa y acompañaron la industrialización y las guerras de Alemania


RAFAEL POCH  LA VANGUARDIA  13/07/2010
Una familia alemana de esta ciudad de la cuenca del Ruhr creó y mantuvo, durante cuatro generaciones, la mayor empresa industrial de Europa y primera fortuna del continente. Servidor del Estado, su imperio de doscientos años fue cien por cien familiar. Respetados, adulados y odiados, como corresponde a las grandes fortunas, los Krupp acompañaron a Alemania a través de los avatares de su historia moderna; la ascensión imperial e industrial, guerras, derrotas y recuperaciones, los crímenes del nazismo y la posguerra. Alfred, Fritz, Gustav y Alfried: cuatro personajes muy diferentes, unidos por el acero y el carbón.
Panorámica Hügel: La casa que diseñó Alfred como sede familiar, la Villa Hügel de Essen. Grande y fea, fueron necesarias dos generaciones para hacerla habitable.
Panorámica Hügel: La casa que diseñó Alfred como sede familiar, la Villa Hügel de Essen. Grande y fea, fueron necesarias dos generaciones para hacerla habitable. /   Oliver de Ros
Enorme, fea y desproporcionada, la Villa Hügel no disimula lo que es: la creación de un autodidacta nuevo rico, ajeno a todo concepto de elegancia. Su creador fue Alfred, el primero de la saga. Los Krupp procedían de Holanda y se asentaron en Essen en el siglo XVI como comerciantes de vino, especies y artículos de hierro. Llegaron a ser una familia local notable, lo que, en aquella entonces pequeña ciudad no alcanzaba para un patriciado, pero la verdadera saga, la de los magnates industriales, arranca con

Alfred. 
Alfred Alfred Krupp (1812-1887) tomó el timón de la pequeña acería familiar al fallecer prematuramente su padre, en 1826. Tenía catorce años, deudas y siete operarios. Muy joven viajó a Inglaterra para aprender los secretos de la fabricación de un acero de calidad, un caso de espionaje industrial como los que hoy ocurren en China. El ferrocarril le dio alas. Alemania, Europa y Estados Unidos se llenaban de vías. Su empresa sirvió la nueva y gran demanda de ejes y amortiguadores. En 1853 produjo las primeras ruedas de ferrocarril de una sola pieza, sin soldaduras. También fue el primero que fabricó cañones de acero, que demostraron su superioridad ante los franceses, de bronce, en la guerra franco-prusiana de 1870/71. Cuando murió en 1887 su empresa contaba con 20.000 trabajadores. Ese hombre hecho a sí mismo fue el creador de la Villa Hügel

La casa está formada por dos cuerpos de 8000 y 1800 metros cuadrados, respectivamente, unidos por un pasillo y rodeado de un espléndido parque de 28 hectáreas de estilo inglés, algo estropeado por las farolas y el asfaltado de sus caminos. Alfred la diseñó personalmente en un estilo algo excéntrico entre 1870 y 1873. Los aspectos estéticos no le importaban mucho, pero estaba obsesionado por la ventilación y volvió locos a los arquitectos.

Villa Hügel es una casa de propósito ostentatorio, con una biblioteca llena de los libros de la gente que no lee, diccionarios enciclopédicos y obras de aire patriótico alemán del siglo XIX y XX. En su decoración, excepto la colección de tapices flamencos, domina el mal gusto y su mobiliario abunda en una versión germánica del "recio estilo castellano". Su construcción costó 5,7 millones de marcos, cantidad entonces equivalente a la cuarta parte de los beneficios de la empresa durante los tres años que duró la obra. En 1876 contaba con 66 personas de servicio, en 1914 eran más de 600. El lugar transpira una mezcla de rigidez, poder y rectitud protestante, que permite pensar en escenas de la película de Heineke, "La Cinta blanca".

Cuatro generaciones de Krupp utilizaron como vivienda este incómodo espacio de poder y dinero que era más lugar de recibir que verdadero hogar. El Kaiser Guillermo II, estuvo en doce ocasiones e incluso pernoctó en ella, y Hitler, con quien los Krupp simpatizaron menos, la visitó cuatro veces. El rey de Egipto y hasta una delegación de la China manchú pasearon por sus enormes y austeros espacios en los que las risas y juegos de los niños se perdían en la inmensidad de sus 269 habitaciones. Fueron necesarios muchos años para paliar la excentricidad de Alfred y lograr un sistema de calefacción que caldeara aquella enormidad. Quizá por eso, en varias ocasiones la familia se retiró a la casa pequeña, originalmente para invitados, y dejó la grande para asuntos de protocolo político-empresarial. En 1912 fue redecorada por Bertha, la nieta de Alfred que intentó refinar y humanizar un poco el lugar. Para entonces habían pasado dos generaciones.

Fritz 
Alfred sentía cierto desagrado hacia la nobleza, además de odiar a los banqueros, y siempre rechazó las propuestas de ser ennoblecido, pero su hijo, Friedrich Alfred Krupp "Fritz" (1854-1902), se casó con Margarethe von Ende, hija de una familia de barones empobrecidos. Fritz carecía de la dureza de carácter de su padre, se interesaba por la oceanografía, fue diputado del Reichstag y en cuanto podía se escapaba a Capri, donde se hizo una casa y confesaba que era feliz. Su matrimonio no lo fue. Tuvo dos hijas y murió joven, a los 48 años, en lo que pudo ser suicidio, una semana después de ser denunciado en la prensa por un escándalo de pederastia vinculado a Capri con ramificaciones en un hotel de Alemania. El asunto se intentó cubrir como difamación, pero en cualquier caso, es ajeno a la eficacia empresarial del personaje. Al morir Fritz el consorcio Krupp tenía 46.000 empleados, había doblado su tamaño y cuadriplicado su cifra de negocios.

Tempestad de acero 
Las dos generaciones que siguen al desgraciado Frizt (Friedrich Alfred Krupp - 1854-1902) aúnan los dramas de Europa con el genio empresarial de la familia que creó y mantuvo durante cuatro generaciones la mayor empresa de Europa. Desde 1880 el imperio industrial Krupp proporcionaba una parte considerable del poder bélico alemán. Si en 1900 la mitad de la población de Essen trabajaba en el, en 1918 ya era toda la ciudad: más de cien mil personas. La lista de los 43 años que siguen a la muerte de Fritz es escalofriante: dos guerras mundiales, el nazismo, la ocupación del Ruhr en los años veinte, y la aliada tras la segunda guerra mundial, reconversiones, huelgas. Krupp sobrevivió a todo eso como empresa familiar, resurgió dos veces de sus cenizas, patentó en 1922 el acero inoxidable, creó los cañones de acero, sus armas estuvieron en todas las guerras de Alemania y Europa desde 1866 hasta 1945. En 1896 compró los astilleros "Germania" de Kiel fabricó el primer submarino alemán, en 1906, y se convirtió en el mayor astillero de guerra. Cuando la derrota bélica así lo impuso, Krupp fabricó locomotoras, camiones, cajas registradoras, maquinaria agrícola y excavadoras, demostrando siempre una gran capacidad de adaptación y contando con una especial fidelidad de sus trabajadores.

Desde la época de Alfred, Krupp cultivó con mucho éxito el "espíritu de empresa". "Nuestros trabajadores deben cobrar más que los de las otras empresas del lugar y deben estar encadenados a la fábrica, tanto por inclinación como por interés", decía el viejo fundador. En 1854 la empresa asumió la mitad de los gastos del seguro de enfermedad de sus trabajadores, algo que el Estado bismarckiano imitaría mas tarde, creó economatos y construyó colonias y viviendas sociales. En una de ellas, la Colonia Brandenbusch de Essen, Fritz bautizó las calles con los nombres de sus nietos; Eckbertstrs, Haraldstrs, Arnoldstrs, Klausstrs...Todo eso contribuyó a que Krupp registrara menos huelgas y conflictos, y contrarrestara la influencia creciente de sindicatos y partidos de izquierda.

"Puede que hoy suene grotesco pero la legendaria lealtad de sus empleados estaba íntimamente ligada al carácter familiar de la empresa", dice Frank Stenglein, biógrafo de la familia y periodista del "Neue Rhein Zeitung".

Gustav 
Fritz dejó dos hijas. Bertha, la mayor, heredó el imperio de su padre en solitario con 16 años y se casó a esa edad con Gustav von Bohlen und Halbach, de una familia de comerciantes ennoblecidos de poca fortuna, con la condición de asumir y anteponer el nombre Krupp a su apellido: Krupp von Bohlen und Halbach. Fue Gustav (1870-1950) quien llevó la empresa en la primera mitad del siglo XX. En 1914 tenía 80.000 empleados y las armas suponían el 30% de su producción. Tras la derrota Gustav fue juzgado y condenado a quince años de cárcel por los franceses que ocupaban el Ruhr y recordaban como su cañón la "Dicke Berta" (la "gorda Berta") había logrado bombardear la Place de la Republique de París desde 120 kilómetros de distancia. Sólo cumplió siete meses.

Se dice que en tiempos de Gustav en las comidas oficiales de Villa Hügel quienes se demoraban más que el patriarca en consumir el primer plato, recibían media ración en el segundo para sincronizar el ritmo. Como Gustav se iba a la cama a las diez, poco antes de esa hora se acercaba un criado al invitado noctámbulo para anunciarle que "su coche le espera en la puerta". Toda Alemania vivía a media ración. Eran tiempos de hambre, inflación, paro y nacionalismo que acabaron aupando a Hitler, con quien los Krupp, a diferencia de los Tyhssen y otros industriales entusiastas, no simpatizaban.

Aquel cabo austriaco no era del agrado de Bertha Krupp von Bohlen und Halbach. Uno de sus biógrafos británicos dice que si en lugar de cabo hubiera sido oficial y se hubiera llamado "von Hitler", las cosas podrían haber cambiado. En cualquier caso, el poder llama al poder, Hitler había llegado legalmente a la Cancillería del Reich y en un discurso apelaba a la juventud alemana a ser "dura como el acero de Krupp". No podían no entenderse.

Gustav aceptó la Presidencia de la Asociación de Industriales, en 1931. Durante la guerra se aprovechó del despojo y rapiña de los países ocupados y participó hasta el cuello en los crímenes del régimen: 100.000 trabajadores forzados penaron en sus fábricas durante la guerra, el 40% de su mano de obra. La mayoría eran soviéticos que sufrieron un trato inhumano, represión y crueldades. Los trabajadores europeos occidentales, recibieron un trato mucho más llevadero, de acuerdo con la jerarquía racista nazi. A Gustav no se le pudo juzgar en el primer juicio de Nüremberg como criminal, porque en 1945 ya era un anciano senil que no regía. En su lugar los aliados sentaron en el banquillo a su hijo.

Alfried 
Alfried Krupp von Bohlen und Halbach (1907-1967) había ingresado en el partido nazi y en las SS. Uno de sus hermanos murió en la guerra y un tío llegó a estar lejanamente relacionado con la conspiración contra Hitler de von Staufenberg de julio de 1944. El 11 de abril de 1945 los americanos detuvieron a Alfried en Villa Hügel, que sobrevivió intacta a la guerra, y se lo llevaron con traje y corbata en un jeep armado de ametralladora. En agosto de 1947 Alfried compareció en uno de los tres procesos contra industriales alemanes de Nüremberg junto con el grueso de la dirección de Krupp. Fue absuelto del cargo "preparar una guerra de agresión", pero condenado por "saqueo sistemático" de los territorios ocupados, y "trato inhumano de trabajadores forzados y prisioneros de guerra extranjeros" a once años de cárcel con confiscación de sus propiedades. En 1951, los americanos necesitaban a los ex nazis para la guerra fría. Le amnistiaron y levantaron la confiscación. Diez años después, un alcalde socialdemócrata de Essen restablecía a Alfried el título de hijo predilecto de la ciudad, que se le había retirado en 1945 y que compartía con Hitler y Göring.

Tiempos nuevos 

Alfried tenía un sólo hijo, llamado Arndt (1938-1986) de un primer matrimonio desaprobado por sus padres y que rompió amenazado con ser desheredado. Arndt había vivido siempre con su madre y en internados y se convirtió en un "playboy". La industria del carbón y del acero declinaba y el imperio familiar no tenía heredero claro. En ausencia de él, Alfried encontró a un empresario de confianza, Berthold Beitz, al que convirtió en su apoderado. Fue el brillante Beitz quien llevó a la práctica, por deseo de Alfried, el fin de Krupp como empresa familiar, como solución a una situación en la que lo patrimonial y lo económico-industrial creaban una situación muy compleja. Beitz negoció con Arndt la renuncia de éste a la herencia, a cambio de una buena suma, y creó, en 1968, un año después de la muerte de Alfried, la "Fundación Alfried Krupp von Bohlen und Halbach", nueva propietaria del imperio.

Empresarialmente Krupp se fusionó con Hoesch. Beitz superó luego una crisis consiguiendo que el Sha de Persia comprara el 25% de las acciones de Krupp en muy buen momento: en vísperas de la revolución de Jomeini. Por primera vez en 165 años, los extranjeros entraban en la empresa, pero a largo plazo era insuficiente para competir internacionalmente. En marzo de 1999 se creó el grupo Thyssen Krupp Stahl AG, con 185.000 empleados, siendo su principal accionista la Fundación Alfried Krupp von Bohlen und Halbach, con el 17% de las acciones. Hoy Tyhssen&Krupp es la décima empresa alemana en volumen de negocios, ya no es una empresa familiar y pertenece a otra constelación histórica. Beitz, que cumplirá 97 años en septiembre, sigue presidiendo la fundación.