dissabte, 26 de febrer de 2011

La Europa revolucionaria

Guerras civiles

ABCD, 13 de febrero de 2011 - número: 985

Con el título de La Europa revolucionaria escribió Georges Rudé, ya hace unas décadas, un libro, dentro de la colección «Historia de Europa» de la editorial Siglo XXI. En el mismo, se analizaba el proceso revolucionario de 1783 a 1815 que vivió el continente europeo en aquellos años.

Ahora, Stanley G. Payne, el gran hispanista norteamericano, ha escrito un trabajo, con el mismo título, pero con un contenido muy diferente. Payne examina, con la gran capacidad de síntesis que le caracteriza, el conjunto de guerras civiles revolucionarias que jalonan la primera mitad del siglo XX. Las guerras civiles, como dice el propio historiador, son de varios tipos: guerras de sucesión (abundaron en el siglo XVIII, con la Guerra de Sucesión de España, de 1702 a 1714, como paradigmática), guerras de secesión (el arquetipo sería la de 1861-1865 en Estados Unidos, con la esclavitud como caballo de batalla) y las guerras propiamente ideológicas o revolucionarias, que constituyen el objeto de estudio de este volumen.

La «época de las revoluciones» del siglo XX se inició entre 1905 y 1911, cuando se sucedieron la primera revolución rusa de 1905, la semirrevolución iraní de 1906-1911, la gran revolución campesina rumana de 1907, la exitosa revolución de los Jóvenes Turcos de 1908, el golpe militar griego de 1909, el inicio de las revoluciones mexicana y china, entre 1910 y 1911, y, por último, la triunfante revuelta republicana portuguesa de 1910. A juicio de Payne, todo este movimiento revolucionario derivó de los procesos de cambio y modernización registrados en sociedades subdesarrolladas, y es fruto de la primera escalada de los nacionalismos.

Genocidios

En este contexto, hubo episodios trágicos de genocidio como la masacre de doscientos mil armenios (primer estallido de violencia yihadista del siglo XX) o la efervescencia terrorista en Rusia. Surgió entonces el paradójico concepto de «guerra civil internacional», el conflicto entre culturas que alimentaría el nacionalismo alemán y que serviría de sustrato a la Primera Guerra Mundial. Durante esta contienda se produjo la dramática guerra civil finlandesa de 1918.

La guerra civil rusa de 1917-1922 fue el mejor ejemplo de guerra civil revolucionaria del siglo XX y, desde luego, es la que ha tenido mayor influencia. Payne, quien, antes de hacerse hispanista, empezó su trayectoria como investigador estudiando la Rusia del siglo XX, desbroza magistralmente la evolución del bolchevismo y las razones de su éxito final.

Represión

La represión bolchevique generó unos cuatrocientos mil muertos. Rusia, entre la guerra, las epidemias, y las hambrunas, perdería cerca de dieciséis millones de personas. Nunca en la Historia un régimen se cimentó en muertes y sufrimientos tan masivos. En el marco de la gran crisis europea de 1918-1923 se inscriben nuevas agitaciones sociales y políticas como las que viven Alemania, Hungría, Italia y España. Portugal y Polonia tuvieron amagos de conflicto civil que no llegaría a fructificar, igual que Bulgaria y Estonia. Tras observar el surgimiento de los fascismos, Stanley G. Payne se adentra en el estudio de la Guerra Civil española que tan bien conoce. Se disecciona el proceso revolucionario en España, la génesis de la Guerra Civil y su proyección internacional.

Las dos Españas

El autor compara las terribles cifras de las represiones llevadas a cabo durante la Guerra Civil, y después de ella, con las tasas de mortalidad en otros enfrentamientos civiles, como en la Comuna francesa, en Finlandia o en la Yugoslavia de Tito, y subraya la mayor especificidad española, su perfil de guerra de religión. Payne examina la dialéctica europea de intervención-no intervención, las desavenencias internas dentro del bloque republicano y la evolución en Europa del mito de «la guerra revolucionaria nacional española».

Echo de menos en el libro de Payne el estudio de la tradición guerracivilista española, del cainismo de las dos Españas, expresado ya en el siglo XIX con las guerras carlistas: la tragedia de que ninguna de las dos Españas que recorre el siglo XIX logrará imponer sus soluciones sin el recurso de la violencia; la falta de una «lealtad sistémica», y una afinidad ciudadana a valores comunes fundamentales; el hecho de que, en dos siglos, no ha habido régimen español que haya durado más de cincuenta años, y la permanencia del sueño colectivo de la razón produciendo monstruos.

Lección de Historia

El análisis de Payne quizá sea demasiado coyuntural, por más que resulte de enorme interés su esfuerzo comparativo con otras realidades europeas en tiempos muy anteriores a lo que hoy llamamos globalización. Sin que ello signifique retornar a la tesis de la «anomalía hispánica», pienso que la Guerra Civil española tiene unos antecedentes que no podemos olvidar. Después de 1939 solo estallaron guerras civiles en Yugoslavia y Grecia. En el fenómeno guerracivilista, Payne tiene siempre presente las ansiedades de modernización en los países subdesarrollados, los traumas de la guerra internacional, las expectativas nacionalistas y el desafío comunista. Su balance final es optimista respecto a Europa. El guerracivilismo parece desplazarse hacia África o Asia. El hispanista norteamericano atribuye a la socialdemocracia, tras la guerra fría y la crisis de las ideologías revolucionarias, la capacidad de superación de los conflictos internos.

Una lección espléndida de Historia comparada que ayudará, sin nigún género de duda, a relativizar y cuestionar la creencia en la presunta singularidad guerracivilista española.

Ricardo garcía cárcel