dimarts, 15 de març del 2011

La Gran Guerra a escala humana


'La belleza y el dolor de la batalla'
REALES COMO LA BATALLA MISMA  EL PAÍS  -  Cultura - 15-03-2011

La belleza y el dolor de la batalla completa un mosaico de la I Guerra Mundial a partir de historias como las de Florence Farmborough (izquierda), enfermera inglesa que sirvió en el Ejército ruso. O la de Kresten Andersen, soldado alemán de origen danés (a la izquierda, en la imagen de en medio) y el artillero neozelandés Edward Mousley.




El historiador y académico sueco Peter Englund construye un ambicioso fresco sobre la contienda a partir de la investigación minuciosa de 20 personajes reales

JACINTO ANTÓN - Barcelona - EL PAÍS 15/03/2011

La Gran Guerra, desde dentro. Como vivencia personal. Nunca fue tan próxima, tan íntima y a la vez tan terrible la experiencia bélica de ese conflicto, con todos sus cañones, su sufrimiento atroz y sus múltiples ejércitos y escenarios -el Somme, Verdún, Ypres, Marne, Chemin des Dames, sí, pero también los menos conocidos, como Mesopotamia (el asedio de Kut Al-Amara) o el África del Este-. Jamás contó nadie la I Guerra Mundial como la cuenta el escritor Peter Englund (Boden, Suecia, 1957), historiador y miembro de la Academia sueca, en La belleza y el dolor de la batalla (Roca editorial, 2011).
Retrato de Willy Coppens
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Retrato de Willy Coppens, piloto belga.-

Del húsar al aviador, el artillero o la enfermera, un mosaico de destinos

Lo hace, magistralmente, a través de 20 personajes muy diversos, del húsar austrohúngaro al piloto belga de la aviación británica pasando por el cirujano de campaña estadounidense, el artillero alemán (judío) o el cazador de montaña italiano. Veinte personas absolutamente reales, de carne y hueso, que vivieron la guerra -todos en el frente menos una colegiala alemana y un funcionario francés, que ponen el contrapunto de la retaguardia- y que nos la cuentan a través de la pluma de Englund, uno a uno, casi al oído de tan cerca, con la empatía de las trincheras, alternándose en sus relatos.

El libro, de lectura apasionante, se estructura en pequeñas entradas cronológicas de entre una y tres páginas, 277 fragmentos en total a través de los que seguimos las grandes líneas del conflicto y, paso a paso, las vicisitudes de los personajes, cuatro de sexo femenino. Sufrimos con ellos, compartimos los tremendos sucesos en que se ven envueltos, sus estados de ánimo, sus expectativas, sus miedos, su dolor, vemos a través de sus ojos la devastación y el espanto (¡tantos cadáveres, hervideros de moscas y gusanos!) y atravesamos la guerra para emerger en la súbita y asolada paz de 1918 profundamente conmovidos.
Englund recalca que se trata de "una obra de historia, un libro sobre gente real confeccionado con el material que dejaron, cartas, diarios, memorias; no he inventado nada". Lo que ha hecho, dice, "es aprovechar todo lo que suele quedar aparte en la gran historia global, los sentimientos individuales, incluso los sueños, cosas que están en las fuentes pero que suelen ser descartadas o aprovechadas en una mínima parte por los historiadores". Miembro del jurado del Nobel de Literatura, a Englund le ha influido Mario Vargas Llosa, "no para escribir ficción pero sí para crear una gran pintura con muchos personajes".

Entre las escenas más tremendas, inolvidables -recordemos además que Englund ha sido corresponsal de guerra-, el ataque con gas clorado al que asiste la enfermera rusa Sophie Bocharski -la chica ve cómo huyen hacia ella centenares de soldados ciegos babeando y vomitando -"¡una niebla nos persigue!"-, la matanza de armenios que presencia el oficial de caballería venezolano (¡) adscrito al ejército otomano, Rafael de Nogales (un aventurero con hechuras de Lawrence de Arabia pero en el bando opuesto), o las 10 jornadas en el indescriptible infierno de la cresta 321, en pleno Gólgota de Verdún, del militar francés René Arnaud.
¿De dónde procede el interés del autor por la I Guerra Mundial? La dedicatoria del libro es a un soldado llamado Carl Englund que murió en combate en Amiens en 1917... "Era un pariente lejano", aclara. "La Gran Guerra es apasionante porque supone el inicio de una nueva era".

Esos cuatro años y medio de guerra, desde el disparo de Sarajevo el 28 de junio de 1914 al armisticio el 11 de noviembre de 1918, cambian profundamente a nuestros personajes. A alguno tanto que lo matan (un australiano, en Galípoli). También hay quien desaparece (un soldado danés del ejército alemán), queda mutilado (el aviador) o se vuelve loco (un soldado italiano). Habrá asimismo quien descubra, en medio de tanta tragedia, el amor (la conductora de ambulancias australiana en el ejército serbio). Y quien vea un rinoceronte.

Nuestro húsar, altivo y elegante al inicio, acaba desmontado, embutido en un uniforme gris hechtgrau y aprendiendo a usar -o tempora!- la ametralladora. El soldado Buchanan, apasionado naturalista, estará junto al cazador y explorador Selous cuando este caiga abatido por una bala alemana en Tanganika. Andresen verá desde su trinchera el derribo del as Immelmann. Todos sin excepción sufren impensables transformaciones. Incluso hay quien deviene héroe (y gana la Cruz Victoria: Alfred Pollard).

A ratos te parece estar en una novela de Ken Follet o de Irwin Shaw, tal es el poder narrativo del texto; pero aquí, subrayémoslo de nuevo, todo es real. Englund ha realizado un trabajo colosal, casi demiúrgico. Ha resucitado a los personajes con toda su carga de emociones para que nos cuenten de primera mano, en directo, los acontecimientos en que se vieron involucrados. Hasta los olores nos llegan. El libro incluye retratos de los 20 protagonistas, así que el lector, que ya les ha puesto sentimientos y corazón, puede ponerles también rostro. Elegirlos, a los personajes, "ha sido buena parte del secreto, había muchos para escoger, he intentado cubrir un amplio espectro". Tendrá sus favoritos. "Sí", ríe Englund. "La jovencita alemana, el cirujano...".

No se crea que la perspectiva cercana, íntima, personal, de la guerra redunda en perjuicio de la visión global. El tapiz es completísimo. En esas 20 voces está ¡toda la I Guerra Mundial! Del Gran Berta -el mortero de asedio Krupp- y los zepelines a los cambios en la ropa interior femenina y la neurosis de guerra. Todo tiene cabida. La guerra aérea, los buques corsarios -un personaje oye el fragor del último combate del Emdem-, el pus gonorreico, la disolución del ejército ruso, el avance de la cirugía reparadora de los rostros destrozados, la introducción de los nuevos cascos de acero...

Englund cierra su libro con un personaje que no aparece hasta la última página. Ese personaje, el número 21, un cabo alemán, nos anuncia que ha decidido dedicarse a la política.
Es Adolf Hitler.


Universo emocional
AMELIA CASTILLA EL PAÍS 09/04/2011

Peter Englund relata 227 microhistorias a través de 20 testigos de la I Guerra Mundial
Ya quedan pocos testigos, casi todos han muerto. Pero Peter Englund (Suecia, 1957) ha encontrado una manera personal de contar una parte de los horrores de la Primera Guerra Mundial. A través de los testimonios de 20 personas, elegidas entre las más bajas jerarquías y de una edad media en torno a los 20 años, el historiador y miembro de la Academia Sueca reconstruye el terrible conflicto en el que murieron cerca de diez millones de personas, no tanto desde el punto de vista bélico como desde el terreno emocional. Está la guerra con toda su crudeza pero Englund pone el foco en los testimonios y las dramáticas experiencias personales a las que acabarán enfrentándose una colegiala alemana, de 12 años, una enfermera inglesa del ejército ruso, un cirujano de campaña del ejército norteamericano, un ingeniero australiano y un marinero de un acorazado alemán, entre otras víctimas de la Gran Guerra. Una mínima ficha, con la fecha, el nombre del personaje elegido y un pequeño título para situarlo en el lugar del mundo donde se encuentra anuncian cada entrada de los distintos personajes hasta completar 227 microhistorias. Cada año nuevo de conflicto se acompaña de una cronología sobre la marcha de los acontecimientos. Los gritos, vítores, ondear de banderas y la emoción contenida que despierta la misma declaración de la guerra y la partida de los soldados al frente se va trasformando, a medida que avanza la guerra, en impotencia y dolor. Se trata, eso sí, de impresiones construidas a base de apuntes memorísticos, casi ninguno de estos testigos conoce el alcance real de lo que sucede, de sus reacciones se desprenden actitudes pacifistas, belicistas y delictivas. No son héroes. En lo único que coinciden cada uno de estos 20 testigos es en que la guerra les robó la juventud, la humanidad y, en algunos casos, la vida. Algunas de las impresiones anotadas en sus diarios transmiten sensaciones y sentimientos: "Era tal nuestro aturdimiento que partíamos a la guerra tan tranquilos, sin lágrimas ni espanto, y eso que todos sabemos que nos envían al puro infierno. Pero ceñido por un rígido uniforme el corazón no late con libertad. Uno deja de ser uno mismo, apenas un ser humano, a lo sumo un autómata que funciona convenientemente y que hace lo que le dicen, sin recapacitar demasiado. Ay, Dios mío, ¡ojalá pudiéramos volver a ser personas!", escribe Kresten Andresen, un soldado del ejército alemán de 23 años. La belleza y el dolor de la batalla concluye, tras la firma del armisticio, con unas notas extractadas de Mi lucha en las que Adolf Hitler constata que Alemania ha perdido la guerra y se encuentra a merced de los vencedores: "Confiar en la generosidad del enemigo podía ser solo cosa de locos o bien de embusteros o criminales. Durante aquellas vigilias germinó en mí el odio, el odio contra los promotores del desastre. En los días siguientes tuve conciencia de mi Destino".

La belleza y el dolor de la batalla. La Primera Guerra Mundial en 227 fragmentos

Peter Englund
Traducción de Caterina Pascual Söderbaum
Roca Editorial. Barcelona, 2011
760 páginas. 24 euros
Libro electrónico: 9,95 euros

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/portada/Universo/emocional/elpepuculbab/20110409elpbabpor_21/Tes