diumenge, 21 de març del 2010

Ganarse la vida

Ilustración de Albert Robida: Francisco I de Francia compra la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. Castillo de Cloux, 1516.





Ilustración de Albert Robida<i>: Francisco I
 de Francia compra la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. Castillo de Cloux,
 1516.</i>

 
JAVIER GOMÁ LANZÓN EL PAÍS , 20/03/2010


Qué significado atribuimos a que Beethoven tratara de vender sus partituras

La locución "ganarse la vida" indica que la vida no es un regalo. Soñamos, sí, con una "vida regalada", pero en la inmensa mayoría de los casos pesa sobre nosotros la obligación de trabajar para lograr una posición en el mundo. Durante algunos años, la infancia y la adolescencia, vivimos en una situación de ociosidad subvencionada por los padres, por el Estado. Pero la educación que recibimos tiene la finalidad de hacernos autónomos, dotarnos de los instrumentos para valernos por nosotros mismos. Ésa es la paradoja que sienten los padres cuando de verdad se comprometen en la formación de sus hijos: su extraña misión consiste en crear individuos distintos de ellos, independientes. Sabemos que hoy a la juventud le resulta difícil y costoso obtener ingresos para pagar esa independencia -piso, alimentos, ocio- y eso explica actitudes dilatorias que prorrogan la permanencia en el hogar familiar y que permiten a esa juventud la aplicación de todos sus medios económicos a la última de las partidas (el ocio), compatible a menudo con una reclamación de libertad sin límites en lo tocante a los estilos de vida, no sólo independientes, sino muchas veces contrapuestos a los de los padres subvencionadores de las otras dos partidas (piso, alimentos). Pero hay que reconocer también que el imperativo de "ganarse la vida" y de desarrollar alguna especialización profesional ha carecido, desde el romanticismo a esta parte, de todo prestigio cultural y moral. El romanticismo nos ha legado al menos dos duraderos errores: el primero, comprender la subjetividad según el modelo del artista; y el segundo, comprender al artista según el modelo del genio. El resultado es la extendida creencia de que el verdadero hombre es aquel que, como el genio, vive exclusivamente para su propio mundo y sus necesidades interiores. En consecuencia, el modo de ganarse la vida se le antoja a este sujeto moderno -artista genial en potencia- algo enojoso, indigno de él, un accidente de la vulgar exterioridad ajena a su mundo. Si abandona su vida regalada, será sin convicción y forzado por razones meramente utilitarias, mezquinas, cuyos detalles velará por pudor.

¿Es irrelevante que el artista pueda vivir de las rentas heredadas o que se vea obligado a desarrollar una actividad productiva?

Mi tesis, que he desarrollado en otro lugar, es que el modo en que uno se gana la vida y -tan importante como lo primero- la disposición, positiva o negativa, de conformidad, rebeldía o resentimiento respecto al deber de ganársela y el medio elegido por cada uno para hacerlo, dentro de las limitadas posibilidades que la sociedad le ofrece, determina esencialmente en el hombre la constitución de su personalidad y de su mundo interior.

Los manuales de historia de la literatura, de la filosofía, del arte o de la música presuponen generalmente la tesis contraria, la romántica. Tras una rápida y vergonzante nota alusiva a las circunstancias biográficas del autor, en la que es mucho más fácil conocer sus amoríos y aventuras eróticas, generalmente extramatrimoniales, que el modo como se ganó la vida, esas historias se sumergen apresuradamente en el estudio de su obra y su mundo artístico. Se diría que en ellas los movimientos filosóficos, las escuelas literarias, los estilos artísticos, se suceden conforme a leyes espirituales inmanentes, y que los creadores flotan en un continuum cultural, sin que el modo en que se ganan la vida tenga una aparente influencia en su personalidad y en su obra. El análisis marxista trajo en su día un saludable realismo a los estudios culturales, pero fue miope al imperativo existencial y moral involucrado en la decisión sobre cómo "ganarse la vida" porque, conforme a su método, diluía lo individual del mundo poético en ideología de clase.

¿De verdad es indiferente para la comprensión de las obras maestras de nuestra cultura que durante siglos los creadores las produjeran por encargo de la Corona, las casas nobles, la Iglesia o las instituciones municipales? ¿Qué significado existencial y artístico atribuimos a que Beethoven se sacudiera el viejo mecenazgo y tratara de ganarse la vida con los ingresos producidos por la venta de sus partituras y de sus estrenos, o que los impresionistas franceses hicieran lo propio poco después con sus lienzos? ¿Qué es la bohemia de Baudelaire sino una toma de postura sobre cómo debe el artista moderno ganarse la vida? ¿Es irrelevante para su creación que el artista pueda permitirse vivir de las rentas heredadas (Lord Byron, Tolstói), case con una mujer que las tenga (Thomas Mann) o se las cedan admiradoras (Rilke), o que, por el contrario, se vea obligado a desarrollar una actividad productiva, socialmente pautada y no orientada al cultivo de su mundo interior? ¿Carece de importancia estética que esa actividad sea el objeto mismo de su vocación, como, para el novelista, escribir libros o folletines de consumo masivo (Balzac, Dickens), de cuyo éxito depende enteramente su subsistencia? ¿O que, no pudiendo vivir sólo de su arte, funja de hombre de letras en los periódicos, las revistas literarias o las editoriales (T. S. Eliot)? ¿O que, fuera del ámbito cultural, acceda de grado o por fuerza a emplearse como alto ejecutivo de una empresa (Gil de Biedma) o como técnico competente en ella (Kafka), o sea él mismo un empresario emprendedor (Charles Ives) o un funcionario público, de la Universidad (la inmensa mayoría de los filósofos contemporáneos) o del servicio diplomático (Claudel, Neruda)?

Yo leería con avidez -y creo que proyectaría nueva luz sobre el fenómeno creativo- una historia de la cultura desde la perspectiva de cómo se ganaron la vida poetas, novelistas, dramaturgos, pintores, filósofos y músicos, y de su propia disposición íntima de identificación o rechazo hacia el modo elegido o impuesto de hacerlo, que incluyera extensas y minuciosas precisiones sobre cómo ambos aspectos -modo y disposición interior- determinaron el tipo de hombre que el artista en último término es, y cómo contribuyeron decisivamente a conformar su mentalidad, su sentimentalidad y, en suma, su mundo personal. La usual exposición de un resumen de sus obras, su contexto y la cadena de influencias entre creadores sería aquí secundaria. -

Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965) es autor de Ejemplaridad pública (Taurus, 2009); Imitación y experiencia (Pre-Textos, 2003; Crítica, 2005), premio Nacional de Ensayo de 2004, y Aquiles en el gineceo (Pre-Textos, 2007). Es director de la Fundación Juan March desde 2003.

dilluns, 15 de març del 2010

Rambleros de hace un siglo

FREDERIC BALLELL | 15-03-2010
Imagen de un café en La Rambla a principios del siglo XX.

café en La Rambla a principios del siglo XX. 

El Archivo Fotográfico expone las imágenes de Frederic Ballell que reflejan la vida en el popular paseo barcelonés

JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS - EL PAÍS - Barcelona - 15/03/2010
Floristas, vendedores de animales, viandantes, ciudadanos y turistas hacen que La Rambla sea una de las calles más populares de Barcelona, las 24 horas de los 365 días del año. Y es algo que, al parecer, ha ocurrido siempre. Así lo reflejan las cerca de 150 imágenes creadas por Frederic Ballell i Maymí (Puerto Rico, 1864 - Barcelona, 1951) a principios del siglo XX que se pueden ver por primera vez en la exposición Frederic Ballell. La Rambla 1907-1908, organizada en el Archivo Fotográfico de Barcelona.

"Ballell, junto con Fernando Rus y Adolf Mas, fue uno de los primeros fotoperiodistas catalanes y publicó sus trabajos, desde 1903, en revistas como Il·lustració catalana, Feminal, La Esquella de la Torratxa y Blanco y Negro", explica Rafel Torrella, comisario de la exposición. "Pero sus imágenes de la Rambla son diferentes, ya que en ellas no refleja los acontecimientos que cubría como reportero gráfico, sino la vida cotidiana de esta calle y sus protagonistas", asegura el conservador del Archivo Fotográfico, que adquirió los fondos de Ballell en 1945.

El joven con guardapolvos, boina y espardenyes que pasea dos pequeños perros, las damas que salen de la iglesia de Betlem tocadas con mantillas, el vendedor ambulante que intenta captar la atención de dos hombres que parecen ignorarlo, las vendedoras de la Boqueria que trajinan con sus frutas y verduras, los músicos callejeros que tocan delante de las personas que abarrotan la terraza de un café y los niños que se encaraman a una fuente para beber agua quedan inmortalizados por el fotógrafo. "Ballell, con una voluntad moderna, intenta pasar desapercibido, por eso las personas no miran ni se detienen ante la cámara. Son imágenes espontáneas. Fotos robadas", explica Torella. Otras escenas, impensables hoy en día, son las de un pastor con su rebaño de cabras que pasa junto al Palau Moja y las mujeres que esperan a que los amanuenses de la Virreina les escriban una carta. "Las fotografías muestran la mezcla de clases sociales que estaban presentes en Barcelona", asegura Torrella. Las imágenes, copias vintage creadas a partir de la impresión del papel por ennegrecimiento directo por el sol, están ordenadas siguiendo un recorrido de norte sur, "desde la Rambla de Canaletes hasta la de Santa Mònica, aunque predominan las imágenes de la parte superior, desde la Boqueria hasta Canaletes", explica el comisario.

En un proceso casi detectivesco, Torrella ha conseguido situar las imágenes en el plano y datarlas en el momento en las que fueron creadas. "La calidad de las imágenes ha permitido identificar los diarios que se vendían en los quioscos, como un ejemplar del Papitu y libros como Pompas de Jabón, la numeración de las calles y los restaurantes, pubs, librerías, cafés y otros negocios que en esos momentos existían a lo largo de esta calle", afirma.

La exposición, que puede verse gratis en la sede del Archivo Fotográfico (plaza de Pons i Clerch) hasta el 22 de mayo, es una de las cuatro que forman parte del programa Guía secreta de la Rambla, organizada por la Virreina Centre de la Imatge.

Los dioses aztecas no requerían tanta sangre

El arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma lima tópicos sobre los sacrificios humanos

JACINTO ANTÓN - EL PAÍS - Barcelona - 15/03/2010
 
Eduardo Matos Moctezuma (Ciudad de México, 1940), que ha viajado a Barcelona para participar en la jornada Arte y mito organizada por la Universidad Pompeu Fabra y el Museo Barbier-Mueller, es uno de los nombres de referencia en la arqueología mesoamericana. Director del Proyecto Templo Mayor de excavaciones en la capital mexicana, está considerado una de las personas que más saben de los aztecas en todo el mundo. Pese a su aspecto afable, el científico tiene un carácter de obsidiana, digno de su apellido (Moctezuma, "el que se hace temer", en náhuatl), un apellido majestuoso —el del penúltimo caudillo azteca— que, subraya, "no ha predestinado mi interés".

El arqueólogo desmonta leyendas y tópicos sobre esa civilización. ¡Hay que ver cómo pone verde al antropólogo Marvin Harris por su tesis sobre el canibalismo! Suerte que uno lleva consigo al entrevistarlo La flor letal, de Christian Duverger, sobre la economía del sacrificio azteca, y eso le apacigua un poco. Matos Moctezuma explica cómo empezaron las investigaciones sobre el Templo Mayor y el área ceremonial de Tenochtitlan, la capital azteca. "El Proyecto del Templo Mayor comenzó hace ya 32 años", explica. "El 21 de febrero de 1978, obreros de la Compañía de Luz y Fuerza localizaron parte de una escultura, una pieza monumental, en forma de escudo, que representaba a una deidad lunar, Coyolxauqhi, hermana de Huitzilopochtli, el dios de la guerra, y muerta por éste, decapitada y descuartizada. Al excavar se encontró el edificio del Templo Mayor, desmantelado en el siglo XVI. Durante años nos hemos dedicado a estudiar el edificio y sus aledaños, toda esa área de gran sacralidad de Tenochtitlan que contenía hasta 78 edificios de culto; a excavar y a interpretar el material recuperado, las ofrendas -máscaras de piedra, vasijas, figuritas, restos animales (felinos, peces, aves, caimanes)-, los millares de objetos. Continuamos excavando, de manera más esporádica. Lo último que hemos encontrado es el templo del dios del viento, Ehecatl, que ha aparecido detrás de la catedral. No lo podremos excavar completamente porque está rodeado de casas".

Parece que por razones geológicas, la ciudad colonial se está hundiendo y de alguna manera la roe por abajo la precolombina, a la que se superpuso. "En 1991 hubo que hacer obras de salvamento de la catedral, que se hundía por la extracción de agua para la ciudad, que debilitó el terreno. Al hundirse, se asentó sobre los templos prehispánicos que estaban debajo y que hicieron de cuñas que resquebrajaban el templo cristiano. Sí, es como la venganza de los dioses". Matos Moctezuma considera la arqueología como "viajar en una máquina del tiempo" o descender al mundo de los muertos y devolverlos a la vida. "Cada día han salido de la tierra los dioses antiguos", apunta.

"Hemos visto que el del Templo Mayor era un área enorme que representaba ya en su arquitectura el cosmos y el verdadero centro desde el que se desplegaba el urbanismo de Tenochtitlan, una ciudad de cerca de 200.000 habitantes", prosigue el estudioso. "Se usaba para grandes ceremonias religiosas. De hecho luego los frailes tendrán problemas para arrastrar a los indios al interior de las iglesias, acostumbrados como estaban a los espacios abiertos, a la gran plaza".

Matos Moctezuma está completamente en desacuerdo con la idea de que el mundo azteca resulte más difícil de entender que el de cualquier otra civilización. "Para comprender una cultura lo primero es conocerla. Decir, por ejemplo, que el arte azteca es violento o exuberante es absurdo y superficial. Hay que leer a los especialistas, a los autores serios. No creo que haya nada objetivo en decir que el arte azteca o el mesoamericano en general sea más difícil de entender o más exótico que cualquier otro. Es un arte que viene del mito y va al mito, esa es su clave. Si no conoces la mitología no puedes pretender entenderlo, pero eso se puede aplicar también al arte griego o al etrusco". ¿Pero no cree Moctezuma que en occidente se siguen entendiendo mal esas culturas? Quizá las cosas no han cambiado mucho desde que, como cuenta el propio arqueólogo, Cuauhtémoc, al rendirse, señaló el puñal en el cinto de Hernán Cortés para que lo sacrificara a los dioses como correspondí a un guerrero y este entendió que se trataba de una simple ejecución y le perdonó la vida, para desconcierto y decepción del bravo último caudillo azteca. "Es posible. En mi opinión hay mucho prejuicio detrás. Se parte de los parámetros culturales europeos y se considera lo que no cuadra, lo demás, como arte primitivo".

Los sacrificios humanos provocaron repulsión a los conquistadores y siguen perturbando a los observadores de la cultura azteca. Esa imaginería de corazones palpitantes arrancados y cuerpos ensangrentados lanzados por las escaleras de los templos... "¿Y no provoca acaso la misma o más repulsión la Inquisición con sus autos de fe?", se enoja el estudioso. "Piénselo. Por no hablar de Hiroshima y Nagasaki. Al menos los aztecas no mataban al otro porque lo juzgaban diferente, sino con una finalidad ritual. El sacrificio humano era un rito propiciatorio para que la vida no se detuviera, para que el sol siguiera su curso. En los pueblos agrarios el sacrificio humano tiene una presencia muy fuerte, con fines de renovación de la vida. En todo caso, se cree que se ha exagerado mucho el fenómeno en el mundo azteca. Los datos arqueológicos desmienten que los sacrificios fueran tan masivos. Había una fiesta especial al dios de la guerra en la que se sacrificaban prisioneros y con esa intencionalidad cósmica de que no se parara el sol. Y luego había otras ocasiones más esporádicas en las que se sacrificaba a un solo individuo caracterizado como el dios al que se veneraba".

¿Y qué hay del canibalismo? El antropólogo estadounidense Marvin Harris teorizó que los sacrificios eran en realidad una excusa para disponer de alimento en una zona en la que las proteínas animales eran escasas. "¡Basta de leyendas negras y tonterías!", estalla Moctezuma. "¡No me hable de Harris! Lean cosas serias, por favor. Hay estudios científicos que demuestran que había recursos animales y vegetales más que suficientes. El consumo de carne humana no era en absoluto un acto generalizado. Tan sólo en algún ritual específico, con un sacrificado que representaba al dios, se tomaba como una forma de comunión".

El investigador prefiere que retengamos otros aspectos menos morbosos de la vida azteca. "Estamos descubriendo que eran una sociedad realmente compleja, con una gran división del trabajo y grandes especialistas, con gente que se dedicaba a tiempo completo a ramas concretas de la producción, a tallar la obsidiana, a fabricar cerámica. La tecnología que descubrimos detrás es impresionante. El conocimiento del tipo de barro, de los pigmentos, del diseño de motivos, o en los textiles la forma de sembrar el algodón, seleccionarlo, teñirlo. También es extraordinario el conocimiento médico y de la naturaleza".