dilluns, 15 setembre de 2008

Grecia: marco geográfico


















Ocupa Grecia la casi totalidad de la más oriental de las tres penínsulas mediterráneas de Europa.

Es un país quebrado y montuoso, de naturaleza volcánica, dividido por sus complejas ramificaciones en numerosos compartimientos no siempre bien comunicados entre sí, a pesar de que la altura de sus pasos es por lo común escasa.

Tiene Grecia el clima y las producciones típicas de las regiones mediterráneas, y aunque sus montes están hoy desnudos de árboles en su mayoría, tenían en la época clásica numerosos bosques que le daban un aspecto menos árido que el actual.

Tres regiones pueden distinguirse en el suelo continental de Grecia:

la septentrional, terminada al sur en una línea que une el golfo de Ambracia con las Termopilas;

la central hasta el istmo de Corinto,

y la meridional, o Peloponeso.


La septentrional, cuyo límite superior no puede definirse exactamente, comprendía una serie de regiones que los antiguos no consideraron como propiamente grieeas, y que sólo más tarde intervinieron en su historia: Macedonia, Iliria, Epiro y Tesalia.

Macedonia está cruzada por un laberinto de montañas que en su parte sur ceden el paso a fértiles llanuras, regadas por ríos de considerable caudal, como el Assio y el Estrimón; y posee buenos puertos abrigados por grandes promontorios, como el triple saliente de la península Calcídica, donde destaca el famoso promontorio Athos.

Al sur está Tesalia, región menos agreste, que encierra la llanura de su nombre, regada por el Peneo y famosa por sus yeguadas, y el valle del Tempe, en las proximidades de la costa.

La separan de Macedonia los montes Cambunios, donde se encuentra el monte Olimpo, morada de los dioses y el vértice más alto de toda la orografía griega.

La cadena del Pindo la separa al oeste del Epiro, y del mar los montes Osa y Pelión.

Al sur el monte Oeta, con el paso de las Termónilas, señala el paso hacia la Grecia propia.


La Iliria y el Epiro, regiones áridas y montuosas, tienen menos interés para la historia griega.


La Grecia Central encierra un enorme conglomerado de regiones.

De occidente a oriente, la Acarnania, pequeña comarca regada por el Aqueloo, situada al sur del golfo de Ambracia;

Etolia, emplazada a la entrada del golfo de Corinto y llamada a desempeñar un importante papel en las postrimerías de la historia griega;

la Fócida, famosa por su monte Parnaso y el Santuario de Delfos, sede de la Liga Anfictiónica y de los juegos píticos;

Beocia, con las dos famosas capitales Tebas y Platea, y a su oriente, separadas por los montes Helicón y Citerón,

el Ática, con su inmortal ciudad de Atenas. El istmo de Corinto, con la ciudad que le da nombre, sirve de estrecho lazo de unión con la península del Peloponeso.

Varias regiones pueden también distinguirse en éste:

la Argólida, sede de las viejas ciudades micénicas -Micenas, Argos y Tirinto-;

Laconia, regada por el Eurotas, a cuyas orillas estuvo su famosa capital, Esparta;

Mesenia
, separada .de la anterior por el monte Taigeto;

Arcadia, que ocupa el centro de la península y cuya principal ciudad fue Mantinea;

la Elida, pequeña región al occidente del Peloponeso,

y Acaya, formada por una estrecha faja costera que bordea la costa sur del golfo de Corinto.


Grecia posee numerosísimas islas frente a sus costas.

Algunas, por su proximidad a las tierras minorasiáticas, pertenecen más bien al continente asiático, pero estuvieron desde el principio vinculadas a la historia griega. Son las más importantes

Corcira,
Cefalonia,
Zacinto e Ítaca, frente a la costa occidental;

la de Citerea, frente a Laconia;

Salamina ante el mismo puerto de Atenas, y Eubea, paralela a la costa oriental del Ática;

y esparcidas por el Egeo, innumerables más:

Creta,
las Cicladas -con Paros, Naxos y Délos-,
Rodas,
Cos,
Samos,
Chíos,
Lesbos,
Lemmos,
Tasos,
Samotracia y otras muchas.

La diversidad de las comarcas y su falta de comunicaciones ha sido la causa, tradicionalmente admitida, de la típica fragmentación del pueblo griego.

Como cada región poseía casi iguales producciones, ni siquiera tuvieron la necesidad de intercambiarlas entre sí, comercio que hubiese contribuido a reunirlas.

La natural organización política de estas comarcas fue, por lo tanto, la "ciudad", sistema que los griegos nunca superaron.

Situadas estas ciudades, por lo común, en una altura de fácil defensa, fueron para sus habitantes respectivos la suma de todo lo que amaron y consideraron como su patria: el centro político, intelectual y religioso.

Para cada griego los límites patrios no estuvieron nunca más allá de lo que abarcaba su vista.

Tan estrecho particularismo -verdadero patriotismo local-, que constituyó su gran tragedia y que, haciendo endémicas las contiendas y rivalidades, fue la causa de su tradicional debilidad, originó por otro lado una formidable emulación que influyó poderosamente sus conquistas en el mundo del espíritu.

La escasez de productos del suelo griego movió a sus habitantes a la expansión por mar, y las condiciones geográficas la facilitaron en grado sumo.

Por lo recortado de su litoral, ningún lugar de Grecia dista más de cincuenta kilómetros de la costa, y la abundancia de islas permite navegar sin perder nunca de vista la tierra. Es ésta sin duda la mayor influencia que tuvo sobre los griegos el medio geográfico.

Conocidísimas son las múltiples teorías formuladas para explicar el influjo del medio ambiente -la belleza y lo recortado de su paisaje, lo reducido de sus confines, la claridad del cielo y del mar, propia del clima mediterráneo, la transparencia del aire- en las cualidades intelectuales y morales de los griegos, en su despierta inteligencia y en su amor por la claridad y la precisión, la belleza y la medida. Pero sin desconocer la poderosa influencia que en tan elevadas facultades pueda tener el medio geográfico, debemos más bien ver solamente en éste una beneficiosa coyuntura que favoreció el genio propio de la raza griega.

Fuente: BALLESTEROS, M. Historia Universal, I, ed. Gredos, Madrid, 1973, pág. 135-136.