dimarts, 6 d’octubre de 2009

La corte de Luis XIV, el Rey Sol

Fuente: http://www.historiang.com/articulo.jsp?id=1787487











1638

Nace en Saint-Germain-en-Laye Luis de Borbón, el primer hijo de Luis XIII de Francia y de la española Ana de Austria.

1648-1653

El descontento con el cardenal Mazarino, ministro de Ana de Austria, provoca la revuelta de la Fronda.

1661

Luis XIV asume todo el poder a la muerte del cardenal Mazarino, que había logrado acordar la paz con la monarquía española.

1664

«Los placeres de la isla encantada» es la primera fiesta que celebra en Versalles la corte de Luis XIV.

1682

El rey decide trasladar la corte de modo permanente a Versalles. Desde entonces sus visitas a París son esporádicas.

1686

Una espléndida recepción ofrecida al embajador de Siam da a conocer al mundo los fastos de la corte de Versalles.

1715

Luis XIV muere en su dormitorio de Versalles, situado justo en el centro del palacio, poniendo fin a un reinado de 72 años.



El inmenso palacio de Versalles constituyó el escenario perfecto para la exhibición del poder real. Allí, Luis XIV, encarnación del monarca absoluto, desplegó una fastuosa y rígida etiqueta cortesana que exaltaba al soberano como centro del Estado.A su alrededor se desenvolvía la vida de los aristócratas, convertida en una lucha despiadada por lograr el favor del rey.


Escarmentado por las revueltas que vivió en su niñez, Luis XIV decidió domar a la nobleza francesa concentrándola en el palacio de Versalles, donde la vida se convirtió para los nobles en una despiadada lucha por lograr el favor regio. 


Cuando tenía poco más de diez años, y aunque el gobierno efectivo estaba en manos de su madre, Ana de Austria -viuda de Luis XIII-, y de su primer ministro, el cardenal Mazarino, el rey-niño experimentó las consecuencias del conflicto de manera muy directa y personal. En varias ocasiones se vio obligado a huir de París con su madre por miedo a ser secuestrado por los bandos rivales. El rey aprendió dos cosas: 



  • que París era una ciudad peligrosa para la monarquía 
  • y que la nobleza francesa, poderosa e independiente en sus territorios provinciales, suponía una amenaza incluso mayor. 



Luis XIV erigió el Palacio de Versalles para ensalzar su poder personal y al mismo tiempo para mantener controlada a la nobleza francesa, siempre pronta a rebelarse contra la monarquía. 


Mientras que en las ciudades y provincias el rey tenía que pactar con la aristocracia y la oligarquía, en Versalles podía gobernar de modo absoluto, sin sujeción a las leyes. 


En la vida de Versalles, el rey era el centro absoluto, todo estaba perfectamente medido y sometido a una estricta etiqueta. Se estableció una barrera invisible entre el rey y sus cortesanos, que lo veían constantemente, pero que rara vez podían dirigirse a él sin haber sido invitados. 


El monarca era consciente de que ocupaba una posición teatral y la cultivaba con verdadera pasión. En 1715, Luis XIV murió en su dormitorio en Versalles, situado justo en el centro del palacio, poniendo fin a un reinado de 72 años. Aún hoy, los visitantes del palacio quedan deslumbrados por el escenario, y fácilmente pueden rememorar la pompa que antaño caracterizó a Versalles.




Versalles: el resplandor del Rey Sol


Tres mil espectadores para un solo actor. Ése era el número de personas que residía en Versalles, consagradas en cuerpo y alma al servicio de su soberano, el Rey Sol.


Veinte kilómetros al oeste de París se encontraba a principios del siglo XVII un pequeño pueblo llamado Versalles, de unos 500 habitantes, rodeado por una enorme masa boscosa. Los reyes de Francia frecuentaban desde antiguo el lugar en sus partidas de caza, y Luis XIII decidió en 1623 construir allí un pequeño pabellón para descansar durante sus cacerías. Abandonado durante unos años, Luis XIV volvió a mostrar afición por el paraje a principios de su reinado, y ordenó al arquitecto Louis Le Vau que rehabilitara el pequeño château de su padre, simple “castillo de naipes” según un memorialista de la época. Complementado con un área de jardines, obra de Le Nôtre, Versalles empezó a convertirse en escenario privilegiado de las fiestas de corte, que en esos primeros años del reinado de Luis XIV resultaban tan fastuosas como inventivas. Ante la creciente afluencia de cortesanos, se hizo necesario un plan de reforma más ambicioso. Es el que llevaron a cabo el mismo Le Vau y Hardouin-Mansart a partir de 1668. Se duplicó el espacio residencial mediante un "envoltorio" en torno a las dos alas del palacio, a la vez que se erigía una fachada monumental frente a los jardines. Si el château de Luis XIII respondía por sus dimensiones y su decoración al modelo francés tradicional, la nueva fachada occidental plasmaba un estilo clásico nuevo, que impresionaba a los visitantes e inspiró los palacios reales que se construirían en lo sucesivo en Europa, desde Aranjuez hasta San Petersburgo.

Instalado de forma permanente en Versalles desde 1682, Luis XIV hizo del palacio el entorno perfecto para su modelo de realeza absolutista, centrada en la adoración de su persona. Cada jornada en Versalles, donde residían hasta 3.000 cortesanos, estaba cuidadosamente organizada para poner de manifiesto la majestad del Rey Sol. Versalles se convirtió así en el símbolo de la grandeza de la monarquía francesa, que en esos años se había impuesto definitivamente a España en la pugna por lahegemonía en Europa.




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