dimecres, 11 de juliol de 2012

El siglo XX según el historiador Tony Judt

La Historia, la biografía y la ética se dan la mano en «Pensar el siglo XX» (Taurus). Un recorrido por la vida de Tony Judt que es también su testamento intelectual

31/05/2012 

Este volumen es el fruto de unas conversaciones íntimas entre el historiador Tony Judt y su colega Timothy Snyder, que tuvieron lugar en 2009, cuando aquel, aquejado de una enfermedad neurológica degenerativa, ya no estaba en condiciones físicas para escribir y se enfrentaba al final de su vida. Gracias a esta iniciativa, que partió de Snyder, Judt, el gran historiador del siglo XX y uno de los más destacados intelectuales contemporáneos, nos deja un libro póstumo que no solo puede considerarse un magnífico epílogo a su obra, sino que, por su lucidez y originalidad, está destinado a convertirse en referente del pensamiento sobre la pasada centuria.

Pensar el siglo XX ha sido descrito por sus autores como un texto de Historia, una biografía y un tratado de ética. Una arriesgada combinación que puede provocar la decepción del lector, pero tratándose de Judt ocurre todo lo contrario: primero, porque una de las razones por las que sus libros ocupan un lugar tan singular se debe a que, sin renunciar a la objetividad, siempre aportan opiniones personales sobre los acontecimientos narrados; en segundo lugar, porque siempre prestó mucha atención al pensamiento político; y por último, porque la cosmopolita vida de Judt está vinculada a muchos de los grandes acontecimientos del siglo XX.

Los capítulos más traumáticos

Nació Judt en Londres en 1948, hijo de emigrantes judíos de clase media baja. Los recuerdos que le transmitieron sus padres y abuelos constituyen un repaso a los capítulos más traumáticos del siglo XX: los avatares políticos de la Europa del Este, el antisemitismo y el Holocausto.

Judt, que creció en la Inglaterra de la posguerra, disfrutó de los beneficios del Estado del Bienestar, pues logró formarse en Cambridge, aunque su familia carecía de medios económicos. Pese a su identidad británica, siempre se consideró un outsider que no encajaba en el país en que nació.
Sus comienzos en el mundo académico iban a estar muy vinculados a la herencia familiar. Influido por la ideología socialista de su familia, dedicó sus primeros estudios a la Historia del socialismo. El judaísmo de sus padres le empujó a irse una temporada a Israel; sin embargo, pronto iba a desarrollar un espíritu crítico tanto hacia el socialismo como hacia el sionismo. Fueron también sus raíces familiares en la Europa continental las que le llevaron a estudiar en París, donde le marcó el ambiente intelectual.
Estados Unidos fue el otro escenario en el que discurrirían la vida y la carrera de Judt. Como tantos intelectuales y científicos europeos, en EE.UU. –concretamente en Nueva York– encontró la estabilidad que le permitiría escribir Postguerra y otras obras con las que consolidó su reputación. Pese a adoptar la nacionalidad norteamericana, se consideró también en su país de adopción un outsider, y esa posición le permitió convertirse en un observador crítico controvertido, pero también muy influyente.

En busca de la verdad

Con esta biografía tan rica en experiencia internacional y vivencias personales como trasfondo, Judt narra el siglo XX, los acontecimientos políticos y las ideas que perfilan su destino. Respondiendo a las oportunas preguntas de Snyder, el libro aporta una visión amena y original del siglo pasado.
Como intelectual de izquierdas crítico hacia los movimientos que le ilusionaron en su juventud, Judt aporta una versión franca y reveladora del fracaso de las grandes utopías. No se puede apreciar el siglo XX si no se han compartido sus ilusiones, dice.
Este historiador, que en los últimos años de su vida planeaba escribir una Historia intelectual del siglo XX, aporta claves sobre el papel de los pensadores y explica la paradoja de que varios fomentaran los totalitarios. Define su concepto del papel que le corresponde al intelectual, que se aleja mucho del mesianismo o de aportar contenidos morales. En su lugar, considera que su labor es buscar la verdad, como intentó hacer él durante la guerra de Irak. También hace útiles reflexiones sobre cómo se debe enseñar la Historia, advierte del peligro de narrativas sesgadas cargadas de perspectivas éticas y morales, y aboga por una Historia coherente basada en datos que establezcan claramente lo ocurrido en el pasado.

El papel del Estado

Desde la perspectiva del comienzo del siglo XXI, Judt explica que el principal conflicto del siglo pasado no fue la lucha entre la libertad y el totalitarismo, sino sobre el papel del Estado. Muestra nostalgia hacia la época dorada del Estado del Bienestar y del keynesianismo, en la que él creció y se formó, y se preocupa del porvenir de la socialdemocracia, con la que se identifica, en tiempos en que su proyecto político se ve amenazado por las fuerzas globales y los mercados.

Judt insiste en que el siglo XX merece ser recordado no solo por la guerra y el Holocausto, sino por los logros humanos más importantes de la Historia. Se esté o no de acuerdo con la interpretación que aporta sobre el siglo XX, este libro tiene la virtud de recordarnos la esencia de una época que ha de servirnos de guía para el siglo XXI.

«Pensar el siglo XX»