dimecres, 19 de maig de 2010

Alexandr y su hermano Lenin

El zar Nicolás II y familia

El zar Nicolás II, junto a la zarina Alejandra y sus cinco hijos, el 15 de marzo de 1907.

Alexandr Ulianov, joven zoólogo en la Universidad de San Petersburgo, fue ahorcado por participar en una intentona contra el zar Alejandro III. Años más tarde, su hermano Lenin ordenó la ejecución de toda la familia imperial rusa. Philip Pomper bucea en la relación del líder de la revolución de Octubre con su hermano mayor 




PHILIP POMPER EL PAÍS 16/05/2010
Un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad de San Petersburgo, autodenominado Facción Terrorista de la Voluntad del Pueblo, planeó asesinar a Alejandro III el 1 de marzo de 1887, en el sexto aniversario de la muerte de su padre, asimismo asesinado por un grupo llamado Voluntad del Pueblo. En consecuencia, esta conspiración aparece en los textos de historia como "segundo complot del 1 de marzo". Todos los estudiosos de la historia revolucionaria rusa conocen el grupo Voluntad del Pueblo y el magnicidio de Alejandro II el 1 de marzo de 1881, un acontecimiento que cambió el curso de la historia rusa, aunque no en la dirección que deseaban los terroristas. En lugar de reforma consiguieron reacción, pero asesinar al zar les proporcionó una aureola de heroísmo.







Alexandr estaba dispuesto a matar a otros y a dar su vida por los ideales de la intelectualidad del siglo XIX


En algún momento de su infancia los hermanos Ulianov intuyeron que pertenecían a un grupo odiado y victimizado


El culto a Lenin, establecido por Stalin y por otros, no podía tolerar un Lenin ni siquiera en parte judío

Aunque no fue sólo por venganza, en 1918 Lenin ordenó la ejecución del hijo de Alejandro III, Nicolás, y de su familia

Sus imitadores, los del segundo complot del 1 de marzo, fracasaron en todos los sentidos. La presa se les escapó. Y sus líderes, entre ellos Alexandr Ulianov, fueron ejecutados en la horca en mayo de 1887. Si el hermano menor de este último no se hubiera convertido en Lenin, Alexandr no habría pasado de ser otra baja más en la larga historia de los mártires revolucionarios rusos. Cabe cuestionarse, incluso, el sacrificio de Alexandr por la causa. Después de todo, ¿cuál fue el resultado de la cadena que llevó a la acción revolucionaria?

(...) Lenin no tenía los mismos objetivos que Sasha [nombre familiar del hermano de Lenin]. Alexandr era un narodnik: creía que, una vez instruida, la gran masa de campesinos llevaría el socialismo a Rusia. Y aunque incorporó algunas ideas marxistas a su programa y a su visión del mundo, éstas no pasaban de ser un elemento más. Sasha no era dogmático, y sin duda su pensamiento habría evolucionado si no hubiera sido ejecutado en la horca a los 21 años. Lenin era muy diferente. Alexandr estaba dispuesto a matar a otros y a dar su propia vida por aquellos ideales de la intelectualidad del siglo XIX, pero su hermano seguía otras consignas. El fracaso de Sasha y el modo en que se había comprometido influyeron en el pensamiento de Lenin. La escasa profesionalidad de la conspiración y el terrible precio que pagaron los jóvenes conjurados influenciaron sin duda a Lenin y su profesionalismo revolucionario. La historia de cómo este se convirtió en un marxista dogmático y en un líder revolucionario de éxito es, sin embargo, demasiado compleja para ser explicada en este libro. La de Sasha y de quienes le acompañaron en la conspiración es otra cosa.
Ante mi sorpresa, me encontré profundamente implicado no sólo en la familia Ulianov, sino también en la psicodinámica de un pequeño grupo de estudiantes universitarios que se convirtieron en terroristas. Los miembros más suicidas del grupo impulsaron hacia delante el proyecto terrorista, y llevaron a Ulianov hasta un punto en que ya no había vuelta atrás. Todos ellos, desde los más temerarios e intelectualmente superficiales hasta el estudioso y ascético Sasha Ulianov, llegaron a la misma conclusión: debían sacrificar su vida por una causa mayor. (...) Con el apoyo de Shevirev, el principal organizador, los terroristas encargados de lanzar las bombas habían rechazado los intentos de Ulianov de retrasar el atentado hasta el otoño. Estaban decididos a asesinar a Alejandro III el 1 de marzo de 1887, durante el trayecto para asistir a una misa de réquiem en memoria de su padre, en el sexto aniversario del magnicidio de Alejandro II, una hazaña de la Voluntad del Pueblo. El 22 de febrero de 1887, los conjurados se reunieron en el café Polonais y decidieron que debían actuar en los días siguientes. El pelotón de combate y Ulianov se citaron a continuación el 25 de febrero y acordaron la hora, el lugar y las posiciones. Ulianov no sólo explicó los aspectos técnicos de sus bombas, sino que, en su calidad de teórico principal, les preparó para (...) el caso de que fueran capturados. Tras reunirse en la Perspectiva Nevski a las once de la mañana, debían dispersarse a fin de patrullar los recorridos más probables que el zar podría tomar en su camino hacia la fortaleza de San Pedro y San Pablo.

(...) Los conspiradores estaban bien informados y supusieron correctamente que el zar saldría del palacio Anichkov a las once de la mañana del 1 de marzo. Era domingo, igual que también había sido domingo el día que su padre fue asesinado seis años antes, y Alejandro III, en efecto, había planeado asistir a una misa de réquiem en memoria de su padre. El zar, la zarina (María Fiodorovna) y sus dos hijos mayores (Nicolás y Alejandro) viajarían en un trineo. El zar ordenó que dispusieran su carruaje y séquito para las 10.45 de la mañana, pero algo totalmente inusual ocurrió a lo largo de la cadena de mandos responsables: el ayuda de cámara del zar le había pasado la orden al cochero, quien olvidó informar al jefe de las caballerizas, el encargado de enjaezar los caballos y engancharlos al carruaje imperial. Alejandro III, con el abrigo puesto y apenas capaz de contener su rabia, esperó sentado en la antesala de su residencia en compañía del ujier de palacio durante casi media hora. En cuanto tuvo la oportunidad, le calentó las orejas al cochero de tal modo que llevó al pobre hombre, un veterano con doce años de servicio, al borde de las lágrimas.
Mientras el zar estaba de plantón, los conspiradores patrullaban las tres calles a lo largo de las cuales tal vez pasara el trineo, y cuando el zar salió del palacio Anichkov, la policía ya había detenido a los conjurados encargados de lanzar las bombas. Si el cochero de Alejandro III hubiera cumplido correctamente con su cometido, los acontecimientos del 1 de marzo de 1887 tal vez se habrían desarrollado de forma diferente, pero sólo si la policía no hubiera logrado actuar a tiempo y los conspiradores hubieran hecho bien su trabajo. Fueron demasiadas las contingencias como para convertir el error del cochero en un acto de la providencia, aunque eso no impidió que muchas de las personas que rodeaban al zar, o incluso el mismo Alejandro III, creyeran en la intervención divina.

La policía capturó a los terroristas con las bombas en la principal avenida de San Petersburgo, la Perspectiva Nevski, al mediodía del domingo 1 de marzo. (...) Tras seis semanas en prisión, los 15 implicados en el contubernio para asesinar a Alejandro III aparecieron el día 15 de abril de 1887 ante un tribunal del Senado dedicado en exclusiva a los crímenes de Estado. El juicio duró cuatro días, a los que siguieron la lectura de la sentencia, las apelaciones y el juicio final, y todos los acusados, salvo cinco de ellos, escaparon a la pena de muerte. (...) Al parecer, la falta de un cadalso permanente y la construcción de uno nuevo retrasaron tres días la ejecución. El traslado y posterior retraso suscitaron falsas esperanzas en los prisioneros que quedaban, al creer que el zar les había conmutado la sentencia.

(...) Los cadáveres fueron arrojados a una fosa común, según se acostumbraba a hacer con los criminales de Estado ejecutados en la prisión de Schlüsselburg. Después de las revoluciones de 1917, y con la ayuda de antiguos guardias de la prisión, Novorusski [otro miembro del grupo implicado] localizó la fosa común. En el año 1919, el régimen soviético erigió un monumento de granito en aquel lugar. En aquel momento, Alexandr Ulianov no recibió ningún reconocimiento especial, pese a que su hermano menor, Vladímir Ilich, encabezaba el nuevo Gobierno soviético bajo su seudónimo revolucionario de Lenin. (Mucho más tarde, después de que los bombardeos de artillería de la Segunda Guerra Mundial dejaran la fortaleza en ruinas, y cuando el culto a los dirigentes se había convertido en algo corriente, el régimen colocó una placa con un bajorrelieve de la cabeza de Alexandr sobre un muro que todavía permanece en pie en el lugar que había ocupado su celda en Schlüsselburg).

En junio de 1918, Lenin vengó a su hermano, y a muchos otros, ordenando la ejecución del hijo de Alejandro III, Nicolás, su esposa y toda su descendencia por un pelotón de fusilamiento. La historia y la Iglesia ortodoxa rusa trataron mejor a Nicolás: el zar y su familia fueron canonizados como mártires en el año 2000.

Si bien es cierto que la historia de las decisiones de Lenin y su comportamiento en calidad de revolucionario y jefe de Gobierno no se pueden simplemente resumir por la palabra "venganza", lo que es indudable es que la ejecución de Alexandr fue el desencadenante. Durante los últimos días de vida de su hermano, en mayo de 1887, el joven Volodia [nombre con el que se conocía en su familia a Vladímir Ulianov, Lenin], de 17 años, se presentaba a los exámenes finales en Simbirsk, en el mismo instituto en el que Alexandr había sido galardonado con una medalla de oro al mejor estudiante al acabar sus estudios secundarios en mayo de 1883. Volodia repitió el éxito académico de su hermano y ganó una medalla de oro en 1887; más tarde la superaría en la profesión de revolucionario. Después de la ejecución de Sasha [nombre familiar del hermano menor de Lenin], pasó mucho tiempo preguntándose por qué su hermano mayor se había unido a un grupo terrorista y asumido un papel dirigente. El silencioso y aplicado Alexandr había pasado casi todas las horas de sus años de juventud en un laboratorio del patio trasero estudiando gusanos e insectos. A la edad de 19 años había ganado otra medalla de oro, en esta ocasión en ciencias naturales, en el primer curso en la Universidad de San Petersburgo. Todo el mundo esperaba que Alexandr se convirtiera en catedrático de zoología. El otro Alexandr había pasado oculto a su familia.

Volodia le explicó a una amiga cercana de la familia, la misma que les había llevado la inesperada noticia de la detención de Alexandr: "Estoy seguro de que tenía que actuar así; de que no podía actuar de ningún otro modo". La firme convicción del joven Lenin sobre la naturaleza del compromiso de su hermano mayor le impelió a intentar comprenderlo, y abordó este misterio con el estado de ánimo de un penitente. Mientras que Alexandr se había sumergido en las ciencias naturales, Volodia, cuatro años más joven que Sasha, las desdeñó y se enfrascó en la literatura, convirtiéndose en un ávido estudioso de los clásicos. Prácticamente aislados el uno del otro en el momento de la detención de Alexandr, los hermanos, desde la muerte de su padre en enero de 1886, se habían enzarzado en una disputa de adolescentes. Ahora, en lugar de intentar demostrar que era diferente de su hermano mayor, Volodia intentó entrar en la mente de éste.

(...) Era difícil que los niños Ulianov, sensibles, idealistas y relativamente protegidos, pudieran librarse de las experiencias escolares traumáticas, y a duras penas pudieron evitar que se crearan relaciones de amor y odio con unos padres admirables y muy cariñosos, pero también severos y exigentes. Tenían un punto vulnerable adicional, secretos de familia. (...) Años más tarde, durante un periodo de antisemitismo creciente en el Partido Comunista, Anna [hermana de Lenin y de Alexandr] decidió escribirle a Stalin y apremiarle a que hiciera públicos los antecedentes judíos de la familia Ulianov. No logró comprender el antisemitismo del propio Stalin, ni tampoco el deseo del Partido Comunista de deshacerse de su posible personaje "judío". (...) Ni que decir tiene que el antisemitismo constituyó uno de los factores tras las purgas de sangre y los juicios de Moscú a finales de la década de 1930. El culto a Lenin creado por Stalin y por otros no podía tolerar un Lenin ni siquiera en parte judío. El secreto de familia se convirtió en un importante asunto de Estado. Anna y Alexandr ya habían sufrido el daño psicológico. En algún momento de su infancia habían intuido que pertenecían a un grupo odiado y victimizado y que todo ello era injusto en grado sumo, pero tampoco tenían los recursos para hacer nada. Las memorias de Anna registran episodios traumáticos significativos en la historia del carácter triste y silencioso de Sasha, pero, desde luego, no toda la historia. -Un pequeño grupo de estudiantes de la Universidad de San Petersburgo, autodenominado Facción Terrorista de la Voluntad del Pueblo, planeó asesinar a Alejandro III el 1 de marzo de 1887, en el sexto aniversario de la muerte de su padre, asimismo asesinado por un grupo llamado Voluntad del Pueblo. En consecuencia, esta conspiración aparece en los textos de historia como "segundo complot del 1 de marzo". Todos los estudiosos de la historia revolucionaria rusa conocen el grupo Voluntad del Pueblo y el magnicidio de Alejandro II el 1 de marzo de 1881, un acontecimiento que cambió el curso de la historia rusa, aunque no en la dirección que deseaban los terroristas. En lugar de reforma consiguieron reacción, pero asesinar al zar les proporcionó una aureola de heroísmo.
Sus imitadores, los del segundo complot del 1 de marzo, fracasaron en todos los sentidos. La presa se les escapó. Y sus líderes, entre ellos Alexandr Ulianov, fueron ejecutados en la horca en mayo de 1887. Si el hermano menor de este último no se hubiera convertido en Lenin, Alexandr no habría pasado de ser otra baja más en la larga historia de los mártires revolucionarios rusos. Cabe cuestionarse, incluso, el sacrificio de Alexandr por la causa. Después de todo, ¿cuál fue el resultado de la cadena que llevó a la acción revolucionaria?
(...) Lenin no tenía los mismos objetivos que Sasha [nombre familiar del hermano de Lenin]. Alexandr era un narodnik: creía que, una vez instruida, la gran masa de campesinos llevaría el socialismo a Rusia. Y aunque incorporó algunas ideas marxistas a su programa y a su visión del mundo, éstas no pasaban de ser un elemento más. Sasha no era dogmático, y sin duda su pensamiento habría evolucionado si no hubiera sido ejecutado en la horca a los 21 años. Lenin era muy diferente. Alexandr estaba dispuesto a matar a otros y a dar su propia vida por aquellos ideales de la intelectualidad del siglo XIX, pero su hermano seguía otras consignas. El fracaso de Sasha y el modo en que se había comprometido influyeron en el pensamiento de Lenin. La escasa profesionalidad de la conspiración y el terrible precio que pagaron los jóvenes conjurados influenciaron sin duda a Lenin y su profesionalismo revolucionario. La historia de cómo este se convirtió en un marxista dogmático y en un líder revolucionario de éxito es, sin embargo, demasiado compleja para ser explicada en este libro. La de Sasha y de quienes le acompañaron en la conspiración es otra cosa.
Ante mi sorpresa, me encontré profundamente implicado no sólo en la familia Ulianov, sino también en la psicodinámica de un pequeño grupo de estudiantes universitarios que se convirtieron en terroristas. Los miembros más suicidas del grupo impulsaron hacia delante el proyecto terrorista, y llevaron a Ulianov hasta un punto en que ya no había vuelta atrás. Todos ellos, desde los más temerarios e intelectualmente superficiales hasta el estudioso y ascético Sasha Ulianov, llegaron a la misma conclusión: debían sacrificar su vida por una causa mayor. (...) Con el apoyo de Shevirev, el principal organizador, los terroristas encargados de lanzar las bombas habían rechazado los intentos de Ulianov de retrasar el atentado hasta el otoño. Estaban decididos a asesinar a Alejandro III el 1 de marzo de 1887, durante el trayecto para asistir a una misa de réquiem en memoria de su padre, en el sexto aniversario del magnicidio de Alejandro II, una hazaña de la Voluntad del Pueblo. El 22 de febrero de 1887, los conjurados se reunieron en el café Polonais y decidieron que debían actuar en los días siguientes. El pelotón de combate y Ulianov se citaron a continuación el 25 de febrero y acordaron la hora, el lugar y las posiciones. Ulianov no sólo explicó los aspectos técnicos de sus bombas, sino que, en su calidad de teórico principal, les preparó para (...) el caso de que fueran capturados. Tras reunirse en la Perspectiva Nevski a las once de la mañana, debían dispersarse a fin de patrullar los recorridos más probables que el zar podría tomar en su camino hacia la fortaleza de San Pedro y San Pablo.
(...) Los conspiradores estaban bien informados y supusieron correctamente que el zar saldría del palacio Anichkov a las once de la mañana del 1 de marzo. Era domingo, igual que también había sido domingo el día que su padre fue asesinado seis años antes, y Alejandro III, en efecto, había planeado asistir a una misa de réquiem en memoria de su padre. El zar, la zarina (María Fiodorovna) y sus dos hijos mayores (Nicolás y Alejandro) viajarían en un trineo. El zar ordenó que dispusieran su carruaje y séquito para las 10.45 de la mañana, pero algo totalmente inusual ocurrió a lo largo de la cadena de mandos responsables: el ayuda de cámara del zar le había pasado la orden al cochero, quien olvidó informar al jefe de las caballerizas, el encargado de enjaezar los caballos y engancharlos al carruaje imperial. Alejandro III, con el abrigo puesto y apenas capaz de contener su rabia, esperó sentado en la antesala de su residencia en compañía del ujier de palacio durante casi media hora. En cuanto tuvo la oportunidad, le calentó las orejas al cochero de tal modo que llevó al pobre hombre, un veterano con doce años de servicio, al borde de las lágrimas.
Mientras el zar estaba de plantón, los conspiradores patrullaban las tres calles a lo largo de las cuales tal vez pasara el trineo, y cuando el zar salió del palacio Anichkov, la policía ya había detenido a los conjurados encargados de lanzar las bombas. Si el cochero de Alejandro III hubiera cumplido correctamente con su cometido, los acontecimientos del 1 de marzo de 1887 tal vez se habrían desarrollado de forma diferente, pero sólo si la policía no hubiera logrado actuar a tiempo y los conspiradores hubieran hecho bien su trabajo. Fueron demasiadas las contingencias como para convertir el error del cochero en un acto de la providencia, aunque eso no impidió que muchas de las personas que rodeaban al zar, o incluso el mismo Alejandro III, creyeran en la intervención divina.

La policía capturó a los terroristas con las bombas en la principal avenida de San Petersburgo, la Perspectiva Nevski, al mediodía del domingo 1 de marzo. (...) Tras seis semanas en prisión, los 15 implicados en el contubernio para asesinar a Alejandro III aparecieron el día 15 de abril de 1887 ante un tribunal del Senado dedicado en exclusiva a los crímenes de Estado. El juicio duró cuatro días, a los que siguieron la lectura de la sentencia, las apelaciones y el juicio final, y todos los acusados, salvo cinco de ellos, escaparon a la pena de muerte. (...) Al parecer, la falta de un cadalso permanente y la construcción de uno nuevo retrasaron tres días la ejecución. El traslado y posterior retraso suscitaron falsas esperanzas en los prisioneros que quedaban, al creer que el zar les había conmutado la sentencia.

(...) Los cadáveres fueron arrojados a una fosa común, según se acostumbraba a hacer con los criminales de Estado ejecutados en la prisión de Schlüsselburg. Después de las revoluciones de 1917, y con la ayuda de antiguos guardias de la prisión, Novorusski [otro miembro del grupo implicado] localizó la fosa común. En el año 1919, el régimen soviético erigió un monumento de granito en aquel lugar. En aquel momento, Alexandr Ulianov no recibió ningún reconocimiento especial, pese a que su hermano menor, Vladímir Ilich, encabezaba el nuevo Gobierno soviético bajo su seudónimo revolucionario de Lenin. (Mucho más tarde, después de que los bombardeos de artillería de la Segunda Guerra Mundial dejaran la fortaleza en ruinas, y cuando el culto a los dirigentes se había convertido en algo corriente, el régimen colocó una placa con un bajorrelieve de la cabeza de Alexandr sobre un muro que todavía permanece en pie en el lugar que había ocupado su celda en Schlüsselburg).

En junio de 1918, Lenin vengó a su hermano, y a muchos otros, ordenando la ejecución del hijo de Alejandro III, Nicolás, su esposa y toda su descendencia por un pelotón de fusilamiento. La historia y la Iglesia ortodoxa rusa trataron mejor a Nicolás: el zar y su familia fueron canonizados como mártires en el año 2000.

Si bien es cierto que la historia de las decisiones de Lenin y su comportamiento en calidad de revolucionario y jefe de Gobierno no se pueden simplemente resumir por la palabra "venganza", lo que es indudable es que la ejecución de Alexandr fue el desencadenante. Durante los últimos días de vida de su hermano, en mayo de 1887, el joven Volodia [nombre con el que se conocía en su familia a Vladímir Ulianov, Lenin], de 17 años, se presentaba a los exámenes finales en Simbirsk, en el mismo instituto en el que Alexandr había sido galardonado con una medalla de oro al mejor estudiante al acabar sus estudios secundarios en mayo de 1883. Volodia repitió el éxito académico de su hermano y ganó una medalla de oro en 1887; más tarde la superaría en la profesión de revolucionario. Después de la ejecución de Sasha [nombre familiar del hermano menor de Lenin], pasó mucho tiempo preguntándose por qué su hermano mayor se había unido a un grupo terrorista y asumido un papel dirigente. El silencioso y aplicado Alexandr había pasado casi todas las horas de sus años de juventud en un laboratorio del patio trasero estudiando gusanos e insectos. A la edad de 19 años había ganado otra medalla de oro, en esta ocasión en ciencias naturales, en el primer curso en la Universidad de San Petersburgo. Todo el mundo esperaba que Alexandr se convirtiera en catedrático de zoología. El otro Alexandr había pasado oculto a su familia.

Volodia le explicó a una amiga cercana de la familia, la misma que les había llevado la inesperada noticia de la detención de Alexandr: "Estoy seguro de que tenía que actuar así; de que no podía actuar de ningún otro modo". La firme convicción del joven Lenin sobre la naturaleza del compromiso de su hermano mayor le impelió a intentar comprenderlo, y abordó este misterio con el estado de ánimo de un penitente. Mientras que Alexandr se había sumergido en las ciencias naturales, Volodia, cuatro años más joven que Sasha, las desdeñó y se enfrascó en la literatura, convirtiéndose en un ávido estudioso de los clásicos. Prácticamente aislados el uno del otro en el momento de la detención de Alexandr, los hermanos, desde la muerte de su padre en enero de 1886, se habían enzarzado en una disputa de adolescentes. Ahora, en lugar de intentar demostrar que era diferente de su hermano mayor, Volodia intentó entrar en la mente de éste.

(...) Era difícil que los niños Ulianov, sensibles, idealistas y relativamente protegidos, pudieran librarse de las experiencias escolares traumáticas, y a duras penas pudieron evitar que se crearan relaciones de amor y odio con unos padres admirables y muy cariñosos, pero también severos y exigentes. Tenían un punto vulnerable adicional, secretos de familia. (...) Años más tarde, durante un periodo de antisemitismo creciente en el Partido Comunista, Anna [hermana de Lenin y de Alexandr] decidió escribirle a Stalin y apremiarle a que hiciera públicos los antecedentes judíos de la familia Ulianov. No logró comprender el antisemitismo del propio Stalin, ni tampoco el deseo del Partido Comunista de deshacerse de su posible personaje "judío". (...) Ni que decir tiene que el antisemitismo constituyó uno de los factores tras las purgas de sangre y los juicios de Moscú a finales de la década de 1930. El culto a Lenin creado por Stalin y por otros no podía tolerar un Lenin ni siquiera en parte judío. El secreto de familia se convirtió en un importante asunto de Estado. Anna y Alexandr ya habían sufrido el daño psicológico. En algún momento de su infancia habían intuido que pertenecían a un grupo odiado y victimizado y que todo ello era injusto en grado sumo, pero tampoco tenían los recursos para hacer nada. Las memorias de Anna registran episodios traumáticos significativos en la historia del carácter triste y silencioso de Sasha, pero, desde luego, no toda la historia.

El hermano de Lenin, de Philip Pomper. Editorial Ariel. 26,50 euros.