divendres, 7 de maig de 2010

Napoleón III

Carlos Luis Napoleón Bonaparte, Emperador de los franceses, n. el 20 abr. 1808 en París. Tercer hijo de Luis Bonaparte (v. BONAPARTE, FAMILIA), hermano de Napoleón I y de Hortensia de Beauharnais, hija del primer matrimonio de losefina. Después de la batalla de Waterloo (v.), Hortensia, que era sospechosa de haber intervenido en el retorno del primer Napoleón de la isla de Elba, fue condenada al exilio, estableciéndose en 1817 en un castillo que hizo construir en Augsburgo. Allí se ocupó personalmente de la educación del joven príncipe y le envió a estudiar a una escuela de la localidad. En 1823 viajó a Italia, volviendo poco después a Arenenberg para completar su formación militar bajo la dirección de los coroneles Armandi y Dufour, quienes lo instruyeron en artillería e ingeniería militar. Cuando estalló la Revolución de 1830 (v.) en Francia, quiso volver a su país, pero se lo impidió una ley promulgada en 1816, que prohibía pisar suelo francés a cualquier miembro de su familia. No obstante, desde Arenenberg había estado en contacto con los conspiradores carbonarios. Cuando la Revolución alcanzó a Italia, marchó allí junto con su hermano mayor, Napoleón Luis (el primogénito había muerto en la infancia), y juntos tomaron parte en el levantamiento de la Romaña (febrero 1831). La rápida intervención de los austriacos provocó la muerte de Napoleón Luis, y el futuro Napoleón III fue encarcelado. Gracias a la intervención de su madre, pudo salir de la cárcel y establecerse en París con un permiso especial de Luis Felipe. Sin embargo, sus contactos con los republicanos fueron considerados peligrosos por la monarquía orleanista y tuvo que marchar a Londres (mayo 1831) y más tarde de nuevo a Arenenberg.

      Ante la imposibilidad de llevar a cabo por el momento sus ideas políticas, se dedicó a escribir. En 1833 publicóRéveries politiques, suivies d'un projet de constitution y Considérations politiques et militaires sur la Suisse. Más tarde, en 1836 dio a conocer su Manuel d'artillerie, seguramente con el objeto de hacerse conocer en los medios militares franceses. En octubre de 1836 intentó organizar una conspiración en la guarnición de Estrasburgo, pero Luis Felipe la descubrió y envió a N. a América, aunque al año siguiente, con un pasaporte falso, consiguió volver a Suiza. En 1839 publicó Des Idées napoléoniennes, donde, haciendo una extraña mezcla de socialismo y bonapartismo, presentaba una versión idealizada del Primer Imperio. El sentimiento bonapartista iba creciendo en Francia, y a ello contribuía involuntariamente la monarquía burguesa de Luis Felipe. Un nuevo intento de conspiración para levantar a una guarnición, ahora de Boulogne, fracasó (6 ag. 1840). N. fue hecho prisionero y conducido a la prisión de Ham, en donde escribió Extinction du paupérisme (1844). El 25 mayo 1846 consiguió escapar y huyó a Inglaterra, en donde permaneció hasta que estalló en Francia la Revolución de 1848 (v.). Al proclamarse la Segunda República, N. se convirtió en el símbolo al que se unían todas las tendencias de los franceses.

      De la República al Imperio. El 10 dic. 1848, N. fue elegido presidente de la República y desde entonces todos sus pasos se encaminaron a la adquisición de una mayor autoridad y a buscar la popularidad entre todos los sectores de la sociedad francesa. Tuvo la suficiente habilidad como para acrecentar su poder personal y, al mismo tiempo, tomar una apariencia de defensor de la democracia. Cuando, en mayo de 1850, la Asamblea redujo el número de electores, supo zafarse de la responsabilidad de esta medida, mostrando así la incapacidad del sistema y la necesidad de un cambio, que esperaba fuese a su favor. Preparó cuidadosamente un golpe de Estado, y cuando la Asamblea rehusó derogar la ley sobre el sufragio, el 17 nov. 1851, vio la oportunidad para actuar. A pesar de la resistencia de los republicanos, que se habían reorganizado con vistas a las elecciones de 1852, el pueblo en general aprobó este coup d'état, que se llevó a cabo el 2 dic. 1851, y confió a N. la preparación de una nueva Constitución. Ésta se proclamó el 14 en. 1852, y aunque conservaba las formas republicanas, daba extraordinarias atribuciones al presidente, disponiendo además la centralización administrativa, el control del sufragio universal y la subordinación de las asambleas legislativas. El 2 dic. 1852, Luis N. fue declarado Emperador, tomando el nombre de Napoleón III. El Segundo Imperio francés duró 18 años, y, durante este periodo, Francia se convirtió en la primera potencia de Europa. Se restableció la Corte imperial con toda su brillantez y esplendor, y París fue el centro europeo del lujo y de la elegancia. El 29 en. 1853, Napoleón III casó con la española Eugenia de Montijo (v.), condesa de Teba.

      La política exterior. Desde un principio, le interesó una política dirigida a la creación de un Imperio colonial ultramarino para Francia. Renovó y adaptó la administración de los restos del antiguo Imperio: Martinica y Guadalupe en las Antillas; Cayena en la costa de la Guayana, en Sudamérica; el Senegal en el África occidental, y las factorías comerciales en la India; convirtió a Argelia en la posesión más importante de Francia, e intervino en China y México. Napoleón III fue en realidad el auténtico restaurador del Imperio colonial francés. Sin embargo, su política exterior no fue muy afortunada. Durante el Segundo Imperio, Francia se vio envuelta en varias guerras europeas y coloniales (v. FRANCIA V, 13). El lanzarse al exterior era una forma de distraer la atención de los franceses de los problemas del interior y lograr una mayor solidaridad en una empresa de este tipo que aunase todos los intereses. Además, Napoleón III soñaba con emular las hazañas de su tío y poder vengar los tratados de 1815, que habían venido siendo una constante humillación para su país. Pero lejos de buscar una complicación directa en los asuntos europeos, trataba de iniciar una intervención indirecta, siguiendo un método que quizá aprendió en sus anteriores contactos con elementos conspiradores.

      La primera ocasión se le presentó con motivo de las disputas ocurridas en los Santos Lugares entre monjes católicos y ortodoxos. Rusia, cuyo reaccionario zar Nicolás I no se hallaba muy de acuerdo con las tendencias nacionalistas y liberales del Emperador francés, exigió del sultán que le reconociese el derecho a la protección de los cristianos en el Imperio otomano. Napoleón III reclamaba la protección de los católicos y apoyó al sultán contra una posible agresión de Rusia. La guerra entre los Imperios ruso y otomano comenzó en 1853, entrando al lado de Turquía, Francia y Gran Bretaña en 1854, y Cerdeña en 1855. La contienda se limitó casi exclusivamente a un prolongado sitio de la plaza de Sebastopol, en donde ambos bandos sufrieron considerables pérdidas, hasta que Rusia pidió la paz en 1856 (V. CRIMEA, GUERRA DE). Desde esta fecha hasta 1858, Napoleón III prestó su ayuda a los nacionalistas rumanos apoyando al príncipe Alejandro Cuza, y contribuyendo así a la creación del nuevo Estado de Rumania.

      Con motivo de los movimientos nacionalistas en Italia, Napoleón III dudaba entre ayudar o no a los partidarios de la unificación italiana. Por una parte, su intervención podía proporcionarle la adhesión de los liberales franceses, pero, por otra, el Papa y los católicos franceses se oponían. Austria podía resultar un enemigo peligroso y, además, una Italia unida podía ser un importante rival en el Mediterráneo. El atentado que sufrió en 1858, a manos de un loco italiano llamado Orsini, le decidió a intervenir.



 
La guerra entre Francia y Piamonte, de un lado, y Austria, por otro, duró desde abril a junio de 1859. El nacionalismo italiano se exaltó peligrosamente, y aunque los ejércitos aliados obtuvieron dos brillantes victorias sobre los austriacos en Magenta y Solferino, Napoleón III se atemorizó ante las proporciones que podía adquirir el conflicto. El armisticio de Villafranca (11 jul. 1859), confirmado más tarde por el tratado de Zurich, ponía fin a la guerra entre Francia y Austria. Por el tratado de Turín (marzo 1860), firmado entre Napoleón III y Víctor Manuel II, Piamonte cedió a Francia Saboya y Niza, y ésta reconoció la anexión a Piamonte de los ducados de Módena, Parma y Toscana y de la provincia pontificia de la Romaña. Esta discutida intervención en los asuntos italianos le granjeó a Francia, además de la mala voluntad de Austria, el descontento de Piamonte (v. PIAMONTE II), que le acusaba de no haber cumplido su promesa de seguir la guerra hasta el final. En el interior de Francia, los católicos le reprochaban el haber llegado demasiado lejos; y los liberales, el haberse quedado demasiado corto.

      Con el propósito de recuperar el prestigio que había perdido en sus intervenciones en Europa, Napoleón III se embarcó en la aventura mexicana. Con el aparente propósito de proteger a los tenedores franceses, perjudicados por el gobierno de Benito Juárez (v.), que se había negado a satisfacer la deuda pública contraída por sus antecesores, envió un ejército de 30.000 hombres a México, que derrotó a Juárez e instauró como Emperador a Maximiliano (v.), hermano de Francisco José de Austria(1864). Esta situación no podía durar mucho tiempo y, efectivamente, tres años más tarde, los franceses tuvieron que evacuar México y Maximiliano fue fusilado, volviendo Juárez a tomar el poder (v. MAXIMILIANO JOSÉ DE AUSTRIA). La intervención en México fue desastrosa, no sólo porque este país volvió a la situación anterior, sino porque provocó un aumento de las críticas contra Napoleón III. Cuando Bismarck se disponía a llevar a cabo la guerra contra Austria para lograr la unificación alemana bajo la égida de los Hohenzollern, Napoleón III quiso aprovechar la ocasión con la intención de adquirir un poco de gloria para su país y para la dinastía napoleónica y firmó un tratado de alianza con Prusia en abril de 1866. Pero la guerra de las Siete Semanas no produjo a Francia compensación alguna.

      La guerra franco-prusiana (v.). En las elecciones parlamentarias de 1869, el partido de la oposición se acercó peligrosamente al de los monárquicos. Ante el peligro de perder la mayoría, Napoleón III comenzó a hacer concesiones a los liberales; nombró primer ministro a Camille Ollivier, monárquico liberal, y promulgó una nueva Constitución. Pero el Emperador francés seguía pensando que sólo una acción exterior podía unir a todos los franceses en pos del Gobierno, y el problema de la unificación alemana continuaba siendo el mejor motivo para conseguirlo. La falsa interpretación de un telegrama de prensa, facilitado por Bismarck, sobre la entrevista entre el embajador francés y Guillermo I, fue la llama que encendió la mecha. Francia no pudo encontrar aliados y los ejércitos franceses fueron incapaces de contener la avalancha prusiana. Las tropas de Mac-Mahon fueron expulsadas de Alsacia, y las de Bazaine fueron derrotadas en la batalla de Gravelotte (18 ag. 1870). Con la batalla de Sedán (1 y 2 sept. 1870), que acabó con la rendición de los franceses y donde Napoleón III fue cogido prisionero, terminó la primera fase de la guerra franco-prusiana y se puso fin también al Segundo Imperio francés. Napoleón III fue internado en el castillo de Wilhelmshóbe, cerca de Cassel, donde permaneció hasta la terminación de la guerra en 1871. Entretanto, un grupo de republicanos capitaneados por Gambetta proclamó en París la Tercera República francesa y depuso a Napoleón III. Cuando fue puesto en libertad por los alemanes, se reunió con su esposa e hijo en Chislehurst, Inglaterra, en donde murió poco después (9 en. 1873).

      Durante los 20 años del reinado de N., la economía francesa experimentó un auge extraordinario. El aumento del comercio, el resurgir de la industria, el tendido del ferrocarril y la organización bancaria, dan buena prueba de ello. Supo atraerse a un buen sector de la clase obrera, promulgando alguna legislación social; y trató, al mismo tiempo, de no indisponerse con la burguesía liberal. También prestó atención a la población agrícola, muy importante por su número. En el exterior, la cosa fue distinta. Con su protección a los nacionalismos pretendió trasformar el orden europeo establecido, y, al carecer de medios para esta empresa, fracasó en su empeño. Con la muerte de su hijo en 1879, en Sudáfrica, en lucha contralos zulúes, se desvanecieron todas las esperanzas de restablecer la dinastía Bonaparte en Francia.
     
     
R. SÁNCHEZ MANTERO.

    BIBL.: P. DE LA GORCE, Napoléon III et sa politique, París 1934; P. QUERIOT, Napoléon III, París 1934; P. HENRY, Napoléon III et les peuples, Clermont-Ferrand 1943; A. LEFÉYRE, SOUS le Second Empire. Chemins de fer et politique, París 1951; L. M. CASE, French opinion on war and diplomacy during the Second Empire, Filadelfia 1954; P. DE LA GORCE, Histoire du Second Empire, 7 vol. París 1895-98; M. BLANCHARD, Le Second Émpire, París 1950.