dijous, 29 de maig de 2008

Del presente al pasado: un mercado de Guatemala

Los indígenas instalan sus puestos en torno a la iglesia de Santo Tomás

Fuente: La Vanguardia, 28-5-2008

Los indígenas van a Chichicastenango a vender productos y participar en ceremonias religiosas

JOAQUÍN IBARZ


Visitar Chichicaste-nango es una experiencia mágica, llena de colores, algarabía y sincretismo religioso. Los jueves y domingos, los indígenas de las comunidades de la provincia guatemalteca de El Quiche instalan sus puestos de venta en torno a la iglesia de Santo Tomás, un templo colonial de 1540 que queda cercado por un monumental mercado, el más visitado y colorido en todas las América. Los indígenas acuden a Chichi -como todos llaman a esta población- a comercializar sus productos y a participar en ceremonias religiosas, en parte cristianas, en parte dedicadas a antiguas deidades. La población conserva la cultura ancestral de los mayas, que es respetada y transmitida de generación en generación. Aquí se descubrió el Popol vuh (libro sagrado de los mayas). Se practican ritos religiosos que datan del siglo XVI cuyo origen se debe al sincretismo o mezcla de las religiones católica y quiche. La iglesia está llena de velas encendidas y de ofrendas de maíz y flores; los indígenas, arrodillados con la familia, encienden cirios y ofrecen ron y otras bebidas, mientras los dignatarios de las cofradías, con vestimenta maya y bastón de plata, hacen guardia de pie junto al altar.

Dentro de la gran familia maya, se mezclan etnias distintas. Los mam, ixil, qaqchikel, q'eqchi, forman una cacofonía alborotadora de colores, dialectos y atuendos vistosos. Los vendedores caminan descalzos por las altas cimas, transportan las mercancías por caminos en mal estado, muchas veces las cargan en la espalda. Arriban a Chichi la víspera del . mercado. Tras montar sus pequeños puestos van a dormir abajo de los arcos que rodean la plaza. En las primeras horas de la mañana Chichi aparece envuelto en un manto de niebla. Desde bien temprano los indígenas ofrecen sus productos; otros queman incienso y rezan en las escalinatas de piedra de la iglesia a un dios diferente del que es adorado ea el altar. - Chichicastenango es una población llena de colorido. A lo largo de calles empedradas, miles de vendedores ofrecen vestidos, frazadas, bolsas y joyas de sugestivo diseño. Mientras atienden a los compradores, muchas mujeres terminan la confección de huípiles y mantas en pequeños telares manuales.

Cuanto más se acerca uno a la plaza principal, mayor es el gentío que acude a este impresionante mercado indígena que poco ha variado durante siglos: está cubierto de tarimas con techo de lona y los pasillos están repletos de mercancías. Hay gran variedad de productos, que venden los mismos que los producen: textiles y telas típicas, huípiles (blusas) bordados en telar (cada pueblo tiene un diseño propio, que los diferencia de los demás), collares de jade, máscaras de madera talladas a mano y contadas con colores vibrantes (para los bailarines indígenas y ceremonias), artículos tallados en madera (bastones, esculturas, etcétera), monturas de cuero, sombreros, sandalias, botavaras hechas a mano, cerámicas, alfarería, fuegos artificiales...

Hay que regatear, cuanto más mejor. El regateo es esencial a la hora de comprar. Los vendedores son persistentes, pero es parte del juego. Quien tenga paciencia y sepa negociar obtendrá mejores precios, sobre todo al final del día.»