dilluns, 8 de febrer de 2010

EL PASADO EN EL PRESENTE: La proverbial discreción de la nobleza catalana

J. ANTÓN - EL PAÍS - 07/02/2010

Cuando uno piensa en un noble lo último que le viene a la cabeza es un censo enfitéutico. Una armadura, un castillo, un derecho de pernada incluso, pero no un censo enfitéutico. Y sin embargo, para algunos catalanes su primer y seguramente muy desmitificador contacto con sus nobles habrá sido ese extravagante canon a pagar en una compra-venta de propiedad. Unos siglos antes en vez de con euros probablemente tendrían que haber pagado con conejos. Que la nobleza catalana sea noticia resulta excepcional, pues su discreción es proverbial y barones y marqueses, por poner dos dignidades involucradas en el asunto de los censos, son hoy cosa tan rara en la vida cotidiana de Cataluña como un urogallo. Es verdad que los nobles son menos que en otras partes de España (habrá unos 400 con título) pero es que además desde hace mucho tiempo tienden a fundirse con el paisaje. "Pocos, sí, siempre ha habido aquí menos nobleza que en Castilla", observa el historiador y heraldista Armand de Fluvià, que, entre otros estudios, se ha consagrado a trazar en el Nobiliario general de Cataluña la genealogía de unas dos mil familias de la nobleza catalana, de los siglos IX al XXI. "Es una nobleza a la que nunca le ha gustado hacer ostentación, parece incluso que en Cataluña los que tienen título se avergüencen, les gusta pasar desapercibidos, aunque se conocen entre ellos". Y eso que en el censo de la nobleza catalana hay familias de Nobleza Inmemorial -"que ya eran nobles antes de 1311, fecha de la primera concesión de un privilegio nobiliario por parte de un soberano catalán"-, como los Despujol, los Montcada o los Vilallonga, condes de Estaràs. Una categoría simpática de la nobleza catalana es la de los Ciudadanos Honrados. Fluvià recuerda que los últimos títulos nobiliarios otorgados en Cataluña -por el Rey- son los de los marqueses de Oró, Samaranch, Tarradellas y Dali (extinguido con su muerte). Tradicionalmente, dice Fluvià, la nobleza ha sido más progresista en Cataluña que en el resto de España, y más abierta. Se ha dedicado a los negocios, a la industria y a la empresa. Ha habido incluso nobles de talante anarquista, aunque seguramente ninguno tan exótico, explica el historiador Xavier Hernández, como aquel que tras la guerra de Sucesión española acabó luchando en la frontera de México contra los apaches. La nobleza catalana sufrió mucho, dice Hernández, en la Edad Media durante la conquista catalanoaragonesa de Cerdeña. "Allí mueren como en Vietnam", apunta muy gráficamente. En la guerra de Sucesión los nobles catalanes, de fidelidad austracista y talante ilustrado, se mostraron muy competentes militarmente y formaron junto a la burguesía. Muchos pagaron con el exilio. En la actualidad, opina el historiador, son "un grupo irrelevante". Para Josep Maria Sans Travé, historiador y director del Archivo Nacional de Cataluña, donde están depositados los archivos de varias casas nobles catalanas y centro en el que se radica el Instituto de Estudios Nobiliarios Catalanes (IENC) -cuyo presidente es Carlos de Montoliu, barón de Albi, seguramente el noble catalán más conspicuo, adalid de la música en los castillos-, "desde el siglo XIX los nobles son aquí un grupo profundamente discreto, que van a lo suyo". Sans Travé señala: "Conocemos bien lo que han representado la monarquía, la burguesía y las clases trabajadoras en la historia de Cataluña, pero historiográficamente se sabe poco del papel de la nobleza, aunque en su cuenta positiva se contabiliza el haber estado en general a la altura en los momentos difíciles de Cataluña: los que suelen ir delante de los ejércitos catalanes son de procedencia noble, y se juegan la vida". La Guerra Civil es caso aparte: "Ahí no, ahí lo que hace la nobleza es escaparse". El estudioso valora que se haya convencido a muchos nobles para que abran sus archivos, tradicionalmente muy poco accesibles. Esa documentación es muy importante porque muchas veces es la única que existe sobre algunas poblaciones". El historiador apunta "el escaso reflejo que ha quedado de la nobleza en el territorio catalán, apenas unos castillos y en general maltrechos".