dijous, 11 de febrer de 2010

Los españoles que conquistaron Egipto


El Ministerio de Cultura inaugura en El Cairo una exposición que reivindica la aportación española a la egiptología tras 120 años de excavaciones en el país africano

El egiptólogo Eduardo Toda, fotografiado en 1885 en el Museo de Boluak (El Cairo). SECC
JESÚS CENTENO - ENVIADO ESPECIAL - PÚBLICO -07/04/2009 02:00

España conoció Egipto en los museos extranjeros y, hasta los años 60 del siglo pasado, la egiptología española, simplemente, no existió. Hoy, España es uno de los países a la vanguardia en el estudio de la civilización egipcia y, en homenaje a los investigadores que lo hicieron posible, el ministro de Cultura, César Antonio Molina, inauguró ayer en el Museo de El Cairo la exposición 120 años de arqueología española en Egipto organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, que recoge la aportación de los científicos españoles, desde los pioneros de finales del siglo XIX a la actualidad.
La muestra, que contiene 130 piezas originales entre sarcófagos, cerámicas y esculturas, reivindica la decisiva aportación española a la investigación del antiguo Egipto. "Esta muestra salda la deuda de agradecimiento que tenemos los españoles con los arqueólogos que han trabajado aquí", explicó Molina durante la inauguración. El ministro anunció también la firma de un acuerdo de cooperación entre la Biblioteca de Alejandría y la Biblioteca Nacional y entregó la medalla de la Orden de las Artes y las Letras de España al secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Zahi Hawass, "quien nos ha dado la posibilidad de llevar a cabo las excavaciones", dijo Molina. Hawass es el primero en recibir la Orden, distinción creada por Cultura en julio.

Eduardo Toda sembró el interés en España por la egiptología

La exposición que podría exhibirse en España en un futuro, según dijo Molina recuerda la figura pionera de Eduardo Toda (1855-1941), fue el primer gran investigador español de la egiptología española, cuando, en el siglo XIX, las investigaciones eran monopolizadas por ingleses, alemanes y franceses. Diplomático y cónsul en varios países de Extremo Oriente entre los años 1876 y 1873, Toda viajó a El Cairo en 1884, como cónsul general de España. Sólo estuvo dos años en Egipto, pero tuvo tiempo de viajar por todo el delta del Nilo e interesarse por el Antiguo Egipto con la ayuda del francés Gastón Masperó, director del Servicio de Antigüedades de Egipto.

Su gran descubrimiento fue, en 1886, el de la tumba de Sennedjem, artesano del Valle de los Reyes, vigilante del sepulcro real y "sirviente en el lugar de la verdad". Encontrarla no fue fácil: la entrada del pozo tenía menos de cuatro metros de profundidad y, una vez dentro, una galería de apenas dos metros conducía a la cámara, tallada en la roca y sin decoración. Las ruinas cubrían el suelo, y los vasos y estatuas yacían en fragmentos, "confundidos por los restos humanos y otros asquerosos residuos de la vida, sirviendo ahora de pasto a las hienas y de festín a los chacales del desierto", según describió el egiptólogo. En la tumba, Toda encontró intactas veinte momias en sarcófagos y el ajuar correspondiente al artesano Sennedjem, que vivió bajo los reinados de Seti I y Ramsés II en el siglo XIII a.C. Fue, de hecho, una de las pocas tumbas que llegó intacta a las manos de los investigadores y la primera excavada y estudiada por un arqueólogo español. La muestra recoge el sarcófago de Sennedjem, sillas que invocan a los dioses y varias cajas de madera que contienen vasos canopos, que se usaban para guardar las vísceras del difunto para mantener a salvo la imagen unitaria del cuerpo.

Toda sembró el interés en España por la egiptología, y dejó legado. En 1908, el profesor Vicente de Galarza, profesor de Universidad de El Cairo, encontró una tumba en la que asomaba una estatua de mujer sentada en una silla de dos metros de altura. Es Khamerernebty, la única estatua de dimensiones colosales del Reino Antiguo, y la descubrió un arqueólogo español.

Es difícil saltarse la burocracia y cerrar subvenciones, dice Galán

La muestra también exhibe fragmentos de la Heracleópolis Magna, que fue el primer yacimiento egipcio otorgado a España, en 1966. Desde 1984, han tenido lugar 25 campañas de excavación continuadas, y se sigue excavando en la actualidad bajo la dirección de María del Carmen Pérez Díez. También se recogen misiones más recientes, como la investigación del yacimiento de Oxirrinco (El-Bahnasa, Mina), célebre por la ingente cantidad de papiros encontrados y que apenas habían sido estudiados hasta la década de 1990. Josep Padró encontró allí un Osireion (monumento funerario) subterráneo, único en Egipto por la importancia de sus textos y los ajuares funerarios hallados, que documentan el ritual anual consagrado a Osiris.

La muestra concluye con las excavaciones de Josep Cervelló en la pequeña necrópolis de Kom El-Khamasin y las de José Manual Galán en las tumbas de Djehuty (un alto dignatario al servicio de la reina Hatshepsut) y de Hery en Dra Abu El-Naga, una colina que se eleva en la orilla occidental de Luxor. Allí se enterraron los reyes de la dinastía XVII (1600 a.C.). Hace unas semanas, el equipo descubrió la capilla sixtina de Djehuty, que aprovechó las ventajas de su cargo para decorar su cámara sepulcral de suelo a techo con jeroglíficos y versículos del Libro de los Muertos. Galán, responsable del yacimiento, se lamentó de no haber podido incluir en la muestra estas piezas, que acaban de ser halladas y que aún deben ser restauradas. Para él, lo más difícil es encontrar subvención, pero también es importante, dice, "solventar la burocracia y mantener al equipo". Pero lo fundamental, asegura, es que la egiptología siga entusiasmando en España como hasta ahora: "Es la cuna de nuestra historia. Los griegos bebieron de su cultura, de su religión, de su arte. Por eso nos llama tanto la atención", remata.

Misión española

En 1959, la baja Nubia, situada entre Egipto y Sudán, corría el riesgo de ser inundada por la presa de Asuán, con la consiguiente pérdida de yacimientos y monumentos. La Unesco pidió ayuda y acudió el Comité Español para el Salvamiento de los Tesoros Nubios. Entre 1961 y 1964, un grupo de arqueólogos trabajó en la excavación de estos yacimientos. En compensación, Egipto regaló el Templo de Debod, instalado en Madrid, y concedió a España la investigación del yacimiento de Heraclépolis Magna, sede de los soberanos de las dinastías IX y X (2160-2040 a.C).