dilluns, 13 de setembre de 2010

'Espiritualidad' catalana. Noucentisme

ISIDORO REGUERA EL PAÍS 11/09/2010

La Cataluña de hace un siglo soñó crear un nuevo Renacimiento latino o una Escuela Mediterránea
Acantilado publica, inteligentemente acompasados, dos libros que reviven la conciencia histórica del espíritu catalán, al menos para quien desde fuera de Cataluña la contempla con interés. El primero sobre la obra poética de Josep Maria Junoy (1887-1955), que aparece traducida al castellano: un feliz descubrimiento para quien no la conociera; aunque el mayor interés para temas catalanes lo ofrezca el largo y documentado estudio, que prologa y posloga este libro, de Jaume Vallcorba sobre la figura de Junoy y la Cataluña intelectual de su tiempo; estudio que a pesar de su máximo atractivo desde hace demasiados años sólo existía en catalán. El segundo, una biografía de Stéphane Giocanti de Charles Maurras (1868-1952), es lo mejor que se puede leer hoy como enfoque global, sin descender a mayores detalles, sobre la figura del conservador francés, respecto a quien en 1932 Jean Paulhan dijo, quizá sin exagerar demasiado, que un joven deseoso de orientarse políticamente no tenía otra elección posible que entre Marx y él. La relación de Maurras con España y Cataluña sólo viene perfilada en esta biografía y sin duda merecería un libro aparte, como insinúa el editor, incluso uno sólo su impronta en Cataluña.

Obra poética.

J.-M. Junoy.
Estudio y edición de Jaume Vallcorba.
Traducción de los poemas de Andrés Sánchez Robayna.
Acantilado.
Barcelona, 2010, 486 páginas. 29 euros.

Charles Maurras. El caos y el orden.

Stéphane Giocanti.
Prólogo de Jaume Vallcorba.
Traducción de José Ramón Monreal.
Acantilado.
Barcelona 2010, 725 páginas. 35 euros.

Aunque "afrancesamiento" no es la palabra adecuada, y en tal caso sólo frente a "casticismo", es indudable la inspiración francesa de la intelectualidad "catalana" de entonces

¿De qué Cataluña hablamos? De la Cataluña de hace justamente un siglo (en el horizonte inmediato de la I Guerra Mundial y en el mediato de la Guerra Civil Española), que idealmente encontró en el mediterranismo francés el modo de llegar a su esencia más pura y desde ella a su proyección universal. Parece que la Cataluña finisecular se sentía intelectualmente despistada, desorganizada en general, cosa nada extraña entonces, y necesitada de un guía y maestro que encontró en Francia, la Francia auténtica, genuina, la poseedora del verdadero espíritu mediterráneo, es decir, la de Maurras ("el gran Maurras" de Junoy). El resto de Europa estaba enfermo de romanticismo, más que como defensa de particularismos específicos el nacionalismo aparecía, bien dice Vallcorba, como una "medida profiláctica" frente a la oleada romántico-germana que "se extiende por las cloacas", enfatizaba Junoy. Y las cualidades de "razón, medida constante y disciplina", características para D'Ors del espíritu francés, podían inmunizar frente a esas ratas (sentimentales, desmedidas, subjetivas).

Aunque "afrancesamiento" desde luego no es aquí la palabra adecuada, y en tal caso sólo frente a "casticismo", es indudable la inspiración francesa de lo que Giocanti llama "el epicentro de la intelectualidad catalana" de entonces: D'Ors, Torres-García y Junoy. (En el caso de D'Ors, también germana). La "espiritualidad catalana", a la que se refería Junoy como "reacción latina" al saludar La ben plantada de D'Ors como primera manifestación sólida suya, ese espíritu catalán del "noucentisme" (D'Ors) o del "mediterranisme" (Junoy) son de inspiración francesa en el sentido, fundamentalmente literario, de la Francia occitana (felibrismo, 1854), romanista (École romane, 1891) y maurrasiana (Action Française, 1908). Nacionalismo progresivamente ampliado a una unión espiritual de pueblos latinos bajo el espíritu tradicionalista, neoclásico y mediterranista. Con ese fin esta Cataluña de los años 1910 soñó crear un nuevo Renacimiento latino o una Escuela Mediterránea. Y para ello (con el Correo de las Letras & de las Artes, suplemento literario de La Publicidad inspirado por Junoy, como puente) se quiso consolidar en 1912 el Eje París-Barcelona, en torno a una voluntad y dirección comunes.

¿Cuáles? Resumámoslas en tres aspectos. Primero: inteligencia frente a sentimiento y razón; o sea: dominio de la inteligencia (orden, forma, belleza), propia de la tradición mediterránea, frente al desorden, desmedida y "profundidad" del sentimiento, propio de la tradición germánica, y frente a la tiranía de la razón, característica de la Francia decadente posrevolucionaria (naturalmente hasta Maurras). (Dicho sea ad absurdum: Ortega en aquel mismo tiempo, en Meditaciones del Quijote, 1914, contraponía el carácter de la cultura mediterránea, que ve claro pero no piensa claro, al de la germana, que no ve claro pero piensa claro; y, a todo ello, el Quijote, alucinado, en medio...).

Segundo: realismo organizado por la inteligencia; es decir, desde el tradicionalismo y clasicismo en busca de armonía y serenidad clásicas. Esa organización del realismo era la medida exacta de idealismo oportuno: ni naturalismo (oriental) ni abstracción (septentrional), "los mediterráneos somos, según nuestra más pura tradición, idealistas", no negadores ni despreciadores del mundo material, sino ordenadores de él "segons tipu intelectual i mesura", escribía D'Ors en La Publicidad en enero de 1912. (¡Idealismo y seny!).

En general, pues: mediterranismo. El de Torres-García: "Deberíamos ver con ojos propios este mar..., los olivos y pinos, la viña, los naranjos, este azul del cielo, y sobre todo el hombre de aquí, nuestra religión, nuestras fiestas, ¡nuestro vivir!"; para ello había que acudir "no a la gente del norte sino a los griegos, latinos, italianos del Renacimiento". O el menos costumbrista de D'Ors: "El glosador es mediterráneo, por consiguiente mitologista, y platónico por añadidura". Un mediterranismo en el que el clasicismo y sus mitos asienten una tradición auténtica e incontaminada que consolide a su vez el nacionalismo. No se trata de copiar ni de imitar nada, sólo de recuperar en general aquel "estado de espíritu" o "estado de ánimo" clásico que una vez asumido hace fuerte el nacionalismo. Porque entonces, más allá de todo vanguardismo y exotismo de influencia extranjera, más allá de Francia ya, podíamos decir, superado el guía y maestro, "una vez propuesta y aceptada su determinación clásica, nada podrá ya perjudicar al espíritu catalán. Con esta garantía de fundamentos establecida será cuando podremos balancearnos, con toda delicia e inmunidad, de Oriente a Occidente, del Norte al Sur, de la Antigüedad a la Modernidad extremas", conferenciaba Junoy en el Ateneo de Barcelona el 12 junio 1919. (Nada de afrancesamiento, pues, extremo universalismo).

Junoy acabó en el lirismo y la religión (haciendo bueno lo que Maurras había insinuado a Franco: "La única base común de la latinidad es el catolicismo"). D'Ors, decididamente en el franquismo, el más presentable y mundano. Torres-García, tan homenajeado como desilusionado, en su Montevideo natal.

Obra poética. J.-M. Junoy. Estudio y edición de Jaume Vallcorba. Traducción de los poemas de Andrés Sánchez Robayna. Acantilado. Barcelona, 2010, 486 páginas. 29 euros. Charles Maurras. El caos y el orden. Stéphane Giocanti. Prólogo de Jaume Vallcorba. Traducción de José Ramón Monreal. Acantilado. Barcelona 2010, 725 páginas. 35 euros.