divendres, 2 d’octubre de 2009

Cómo y por qué se hundió el comunismo, el mito del Siglo XX



El mito del Siglo XX

Libros Por Sergi Doria.

FUENTE:   ABCD NÚMERO: 916, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2009 - 




A veinte años de la caída del Muro, el escritor cubano Carlos Alberto Montaner analiza «cómo y por qué se hundió el comunismo», el gran mito del siglo XX. Si el sueño de la razón produce monstruos, el frío cálculo de Marx en el Londres decimonónico inspiró un elenco criminal: Lenin, Trotsky, Stalin, Enver Hoxha, Fidel Castro, Che Guevara, Ceaucescu, Mao, Kim Il Sung, Pol Pot, Mengistu Haile Mariam, Honecker? Un mismo molde ideológico aplicado a seres humanos de culturas y religiones diversas con el señuelo de un futuro feliz y sin clases, aunque con parada permanente en la dictadura del proletariado.


Desastre, abuso, pobreza. En una conferencia y medio centenar de artículos complementados con una coda de 2009, Montaner se pregunta retóricamente qué pudo pasar para que el marxismo, hegemónico en el pensamiento «progresista», quedara como una antigualla que algunos intentan resucitar en el fragor de la crisis económica.


No era un problema de idiosincrasia cultural. Encontrábamos el comunismo en las diversas nacionalidades soviéticas, Alemania, Albania, Rumanía, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Checoslovaquia, Cuba, Etiopía, Angola, China, Vietnam, Camboya y Corea? «Lo ensayaron sociedades de origen eslavo, germánico, chino, subsahariano, latino, hispanoamericano, escandinavo y turcomano, y todas concluyeron en el desastre, el abuso, la pobreza y la mediocridad», apunta el autor. Si nada es bueno o malo sino por comparación (Jonathan Swift dixit), en los países partidos en dos por la política -Alemania, Corea- los contrastes eran escandalosos.


Si no era la cultura, ni un contubernio de la CIA?, ¿por qué fracasaba el comunismo? A excepción de la carrera espacial y armamentística, «el bloque comunista no fue capaz de originar una sola de las grandes revoluciones tecnológicas del siglo XX: la televisión, la energía nuclear, los antibióticos, la biotecnología, los vuelos supersónicos, los transistores, la computación».


Nada es de nadie. A su juicio, tal ineficacia se debía a un sistema sostenido por diez elementos inhumanos: 



  1. el colectivismo, que anula al individuo; 
  2. la dictadura del altruismo universal abstracto (clase obrera, humanidad, socialismo); 
  3. la carencia de estímulos materiales al esfuerzo
  4. la falsa solidaridad colectiva, donde todo es de todos y nada es de nadie; 
  5. la ruptura de lazos familiares
  6. el encuadramiento obligatorio en instituciones oficiales típico del totalitarismo; 
  7. la ciudadanía parasitaria
  8. el miedo y la mentira
  9. la desaparición de la tensión competitiva y 
  10. la falta de libertad, que Lenin resumió sarcásticamente en el «¿Libertad?¿Para qué?».

Datados entre 1989 y 1992, los artículos de Montaner recorren la disgregación de la Unión Soviética, desde la perestroika de Gorbachov a la implosión final que preside Yeltsin. La economía estancada y la burocracia incontrolable redujeron a escombros el imperio. Un big bang que dejó islas de tiranía. Sin la ayuda soviética, Cuba entró en «periodo especial» permanente, hasta devenir un comunismo dinástico que sostiene el petróleo de Chávez y un discurso antiamericano que irá a menos con la suavización del bloqueo por Obama. La Albania del Caribe tiene también los días contados: «Medio siglo de fracasos es un periodo demasiado largo para que cualquier persona medianamente inteligente pueda mantener la fe en ese minucioso desastre», concluye Montaner.


Utopía Neoliberal. El escritor cubano rinde homenaje a la militancia poco grata del anticomunismo. «¿Qué hubiera sido de Occidente sin estos pesados y tozudos anticomunistas? Ese Berlín libre que hoy nos emociona, esperanza y amparo para los alemanes cautivos, ¿hubiera sobrevivido sin la terquedad anticomunista de Truman? ¿Qué hubiera sido de Europa Occidental sin esa OTAN condenada por todas las izquierdas y por todos los progresistas?».


Añadiremos una coda al libro de Montaner: si «los regímenes comunistas cayeron bajo el peso de sus propias mentiras» porque todo era ficticio (el valor del dinero, la productividad o los precios), ahora habrá que constatar hasta qué punto las ficciones de otro utopismo, el neoliberal, entregaron el libre mercado al libertinaje de la especulación; al mismo tiempo, habrá que cuidar que el intervencionismo que pretende remediar las estafas de la piratería financiera no supedite la sociedad civil a un Big Brother, digamos, «filantrópico».